domingo, mayo 19, 2024

Teatro | Crítica de ‘Los piragüistas’: Una mirada lúcida sobre el vacío existencial

Las críticas teatrales de Laura Zurita:
Los piragüistas

Dos aparentes amigos se pierden durante una carrera de piraguas en el mar. Uno elucubra sobre el suicidio, al otro le está desapareciendo la cara paulatinamente. Deciden optar por la deshidratación como forma de despedida, lo que será el inicio de su viaje por un universo mítico en decadencia. Esta inquietante y humorística pieza coquetea con el concepto del suicidio como vía de escape a una identidad sólida y forjada, sin posibilidad de transformación.

Los piragüistas es una producida por la compañía Delinfame bajo la dirección del creador santanderino Jorge Prieto, con dirección de movimiento y espacio sonoro de Oliver Marcos, escenografía de María Melero y un reparto compuesto de Iñaki de Eguía, Jaime Cano, Paúl Moré, Varo Mogrovyan y Jorge Prieto. La obra se representa los viernes viernes del 19 de abril al 17 de mayo a las 19:30h en Nave73.

Teatro | Crítica de ‘Los piragüistas’: Una mirada lúcida sobre el vacío existencial

Dos hombres a la deriva

Los piragüistas nos embarca en la travesía de dos amigos, Manuel y Fernando, quienes, tras perderse durante una competición de kayak, se encuentran a la deriva en un mar en calma. La soledad y la incertidumbre se convierten en sus únicos compañeros mientras navegan por un océano de desesperanza.

Manuel, interpretado por Iñaki de Eguia, se hunde en las profundidades de la desesperación, sintiendo que su vida se ha perdido en el horizonte. Sus pensamientos se tornan sombríos y coquetea con la idea del suicidio, central en Los piragüistas, buscando una salida a la angustia que lo consume. Por su parte, Fernando, encarnado por Jaime Cano, lucha contra una dolencia peculiar: sus rasgos faciales se encogen de forma inexplicable, como si su identidad se desvaneciera ante sus propios ojos. El miedo a lo desconocido se apodera de él, intensificando la desolación que los envuelve a ambos.

A medida que se adentran en la inmensidad del mar, Los piragüistas parecen rendirse ante su destino, aceptando la muerte como única salida a su tormento. Se dejan llevar por la corriente, resignados a sucumbir ante la inmensidad del océano.

En este punto crucial, un torpe barquero, interpretado por Paul Moré, irrumpe en escena. Este personaje, que recuerda al mítico Caronte, es novato en su oficio y está ansioso por cumplir su función de transportar a los hombres al más allá. Sin embargo, su entusiasmo lo lleva a ignorar un detalle crucial: Manuel y Fernando aún no han muerto. La figura del barquero, con su ineptitud, aporta a Los piragüistas un toque de humor negro a la tragedia que se desarrolla ante nuestros ojos. Su presencia sirve como contrapunto a la desolación de los protagonistas, creando un efecto tragicómico que nos invita a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte.

Teatro | Crítica de ‘Los piragüistas’: Una mirada lúcida sobre el vacío existencial

Imagen desoladora de la condición humana

Los piragüistas, obra del dramaturgo Jorge Prieto, nos presenta una imagen desoladora de la condición humana a través de dos personajes perdidos en un mar de incertidumbre y desolación. La obra se configura como una crítica mordaz a la vacuidad existencial y la fragilidad de la identidad.

Prieto encuentra la génesis de Los piragüistas en una escena cotidiana: dos hombres remando en canoas por la Bahía de Santander. Esta imagen, aparentemente simple, enciende en el autor una reflexión profunda sobre la soledad, la incomunicación y la búsqueda de sentido en la vida.

Los dos protagonistas, Manuel y Fernando, se convierten en emblemas del vacío existencial. Manuel, sumido en una profunda infelicidad, siente que su vida ha sido arrebatada, mientras que Fernando experimenta una alarmante pérdida de identidad, simbolizada en la paulatina desaparición de su rostro.

La obra se impregna de un tono pesimista y fatídico, acentuado por la ineptitud del remero y la apatía de los trabajadores del inframundo. La presencia del humor, si bien presente, se diluye en la atmósfera de hastío y desolación que envuelve a los personajes.

La escenografía minimalista, un espacio vacío y negro con escasos objetos, contribuye a crear una atmósfera abstracta y desoladora. Este minimalismo intensifica la carga simbólica de Los piragüistas y pone el foco en la actuación de los actores. La boya humana, elemento viviente de la escenografía, es un hallazgo divertido, con un uso original de la expresión corporal para crear efectos y evocar sensaciones.

La simplicidad de la escenografía realza la interpretación física y precisa de los actores, que resulta fundamental para transmitir la complejidad emocional de los personajes.

Los piragüistas nos sumerge en un viaje introspectivo hacia las profundidades del ser humano, explorando temas como la amistad, la soledad, la muerte y la búsqueda de sentido en la vida. La obra, impregnada de un tono pesimista y un humor sutil, se vale de una escenografía minimalista y una actuación física para crear una experiencia teatral conmovedora y reflexiva.


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