Crítica de ‘Venus’: Aquelarre sangriento a ritmo de música techno

Las críticas de Daniel Farriol:
Venus

Venus es un filme de terror español que está dirigido por Jaume Balagueró (Musa, Mientras duermes) que también co escribe el guion junto a Fernando Navarro (Verónica, Orígenes secretos), inspirándose muy libremente en el relato corto «Los sueños de la casa de la bruja» de H.P. Lovecraft. La historia sigue a una gogó de discoteca que comete un atraco y en su huida se verá envuelta en un horror inesperado que invade los pasillos de cemento de un complejo de apartamentos malditos en las afueras de Madrid.

Está protagonizada por Ester Expósito (Élite, Cuando los ángeles duermen), Ángela Cremonte (Feria: La luz más oscura, Mentiras), Magüi Mira (Un mundo normal, En las estrellas), Fernando Valdivieso (Fanático, No matarás), Federico Aguado, Alejandra Meco e Inés Fernández. La película se presentó internacionalmente en el Festival de Toronto 2022 y fue la inauguración del Festival de Sitges 2022. Se ha estrenado en salas comerciales de la mano de Sony Pictures España el día 2 de Diciembre de 2022.

El sello ‘The Fear Collection’ apuesta por el cine de explotación como ámbito de desarrollo 

Venus de Jaume Balagueró fue la película inaugural de Sitges 2022 siendo recibida entre público/crítica con división de opiniones. Se trata de la segunda producción realizada a través del sello The Fear Collection en su decidida apuesta por potenciar el cine de género que se hace en nuestro país y que nos llega tras el estreno este mismo año del slasher Veneciafrenia (Álex de la Iglesia, 2022). La propuesta que nos ocupa es una combinación de muchas cosas e influencias genéricas que no debe tomarse completamente en serio, ya que se convierte en un disfrute palomitero orientado hacia el cine exploitation de los años 70, pero utilizando mimbres estéticos mucho más apegados a la actualidad.

En ese sentido, hay que dejarse arrastrar por una trama repleta de recovecos absurdos que comienza como un trepidante thriller criminal al ritmo techno del «Overdrive» de The Killer Dolls para desarrollar algunos lugares comunes que incluyen atracos, drogas y matones de mala baba persiguiendo a una protagonista que se nos presenta como una anti-heroína en sí misma, una persona egoísta y malcarada que sufrirá a lo largo de la película una transformación redentora aparejada a lo sobrenatural. Algo a tener en cuenta es que los estereotipos se utilizan aquí como una parte más del juego genérico que propone la película.

Dos hermanas en un edificio maldito

El argumento nos presenta a Lucía (Ester Expósito), una atractiva joven que trabaja como bailarina en una discoteca y decide robar a los propietarios una maleta llena de pastillas que una vez vendidas en el mercado negro pueden hacerle rica. Es una situación de ruptura para el personaje parecida a la acometida por Marion Crane en Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), aquella secretaria que se fugaba con el dinero de la empresa donde trabajaba con tan mala fortuna de acabar en el Motel Bates para pasar una noche de tormenta.

Lucía, la que trae la luz del día, no irá a ningún hotel, pero al ser herida durante su huida tendrá que buscar refugio en el apartamento de su hermana Rocío (Ángela Cremonte) que vive con su hija Alba (Inés Fernández) en el distrito Villaverde de Madrid. Lo que no sabe es que el edificio está maldito al igual que lo estaba el de Satan’s Slaves: Communion (Joko Anwar, 2022), película con la que Balagueró entabla una extraña conexión en su manera de acercarse a una presencia arquitectónica de cemento que adquiere la notoriedad de personaje en sí mismo.

La centinela venusiana

De esa manera Venus va mudando la piel del thriller criminal a un terror sobrenatural emparentado con el subgénero de casas encantadas que va mucho más allá de la simple presencia fantasmal que provoca ruidos nocturnos. Hay que recordar que, en un origen lejano y casi imperceptible en el guion final, la idea del filme estaba inspirada en el relato corto «Los sueños de la casa de la bruja» de H.P. Lovecraft, un cuento de brujería y horror cósmico que también sirvió de inspiración para el episodio dirigido por Catherine Hardwicke en la magnífica serie El Gabinete de Curiosidades de Guillermo del Toro (2022).

Poco queda de eso en el libreto de Jaume Balagueró Fernando Navarro, más allá de la explosión final en el loco y sangriento tercer acto que incluye aires lovecraftianos en su relación del terror con el cosmicismo que poseen algunas presencias monstruosas que parecen directamente extraídas del imaginario de los «Mitos de Cthulhu». Y es que en el «Edificio Venus» todo cabe y, entre los pocos vecinos que lo habitan, nos encontraremos con algunas amables señoras que te invitan a fiestas de cumpleaños y podrían aparecer tanto en un capítulo de «La que se avecina» como adoptar la apariencia nigromántica de las brujas de Suspiria (Dario Argento, 1977).

Esa asombrosa dualidad costumbrista-terrorífica con espacio en pleno clímax dramático para canciones populares de Mari Trini, Mina o la copla «Ay pena, penita, pena» interpretada por María Rodés, es un característica que está siendo muy bien utilizada por el terror hispano reciente y que también han manejado con soltura otros directores como Álex de la Iglesia o Paco Plaza. Aunque la referencia cinematográfica más evidente de Venus no es una película española si no la cult movie La centinela (Michael Winner, 1977) con la que tiene muchos detalles en común.

El génesis de una Diosa 

Así pues, Venus es una reconfortante coctelera de atmósferas visuales, ambientes sonoros y subgéneros del terror, en constante ebullición y mutando sin solución de continuidad, mediante una cámara voyeur que siempre está pendiente del prominente escote de su protagonista, la actriz e influencer Ester Expósito, absolutamente entregada a su personaje. Se trata de una sexualización hiperbólica de las curvas de esta scream queen con ganas de marcha, algo habitual en el terror que podría entenderse como políticamente incorrecto, pero que aquí cobra todo el sentido del mundo si entendemos que la actriz encarna el summun de esa mirada cosificadora tanto haciendo de gogó en lo alto de una plataforma como en su vida real a través de las redes sociales o los eventos a los que acude.

Eso permite a Jaume Balagueró el deconstruir a una reina de la belleza para desprenderla de toda su superficialidad e individualismo. Es un empoderamiento catártico de alcance cósmico que la redime de sus pecados a través del dolor corporal, renaciendo luego como una ensangrentada diosa con grapas incluidas que algunos podrían emparentar sin miedo a equivocarse a la visceralidad que poseía la novia de [•REC]³: Génesis (Paco Plaza, 2012), pero alcanzando aquí un nivel místico-religioso (esa escena final…) que, sin embargo, humaniza de forma paradójica al personaje (salvar a la niña antes que a sí misma) y que, rizando el rizo, tiene una lectura de metacine donde queda escenificada la victoria del fantástico sobre el realismo en la propia película.

Venus no es una película perfecta ni falta que le hace. Es cierto que en el tramo central hay bajones de ritmo y puede llegar a desconcertar el uso de estereotipos o los constantes saltos de género, pero es un filme que gana en la memoria (más con un segundo visionado), logrando remontar durante ese cachondo tramo final que está tan repleto de violencia de viñeta salpicando a la pantalla como de una monstruosidad lovecraftiana y tenticular desfilando en el fondo. Una gozada para los amantes del género menos puristas y más disfrutones. ¡Prepárate a bailar!


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Venus

7.5

Puntuación

7.5/10

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