sábado, febrero 21, 2026

Crítica de ‘El agente secreto’: El fantasma de la dictadura

Las críticas de Daniel Farriol:
El agente secreto

El agente secreto (O Agente Secreto / The Secret Agent) es un thriller dramático coproducido por Brasil, Francia, Alemania y Países Bajos que está escrita y dirigida por el brasiñelo Kleber Mendonça Filho (Bacurau, Doña Clara). La acción transcurre en 1977, durante la dictadura militar brasileña. Marcelo, un profesor que huye de un pasado turbulento, regresa huyendo a la ciudad de Recife, donde espera construir una nueva vida y reencontrarse con su hijo. Pero pronto se da cuenta de que la ciudad está lejos de ser el refugio que busca, que las fuerzas gubernamentales le persiguen y las amenazas de muerte se ciernen sobre él.

Está protagonizada por Wagner Moura, Alice Carvalho, Gabriel Leone, Udo Kier, Isabél Zuaa y Maria Fernanda Cândido. La película tuvo su presentación en España en la sección Perlak del Festival de San Sebastián 2025, tras su exitoso paso por Cannes, y se ha estrenado comercialmente en salas el 20 de febrero de 2026 de la mano de Elástica Films y La Aventura Cine.

Una película más compleja de lo que aparenta

El agente secreto es es un thriller político que derrocha imaginación y brillantez escénica por los cuatro costados aunque también puede resultar un visionado exigente para los espectadores con dificultades para concentrarse. En su parte central, la complejidad de la historia, junto a sus múltiples capas argumentales y alegóricas que se van superponiendo, puede llegar a ser demasiado farragosa si no se está dispuesto a sumergirse por completo. De todas formas, la película también puede contemplarse y disfrutarse de una manera más superficial, centrándose en la acción y en la trama de espías que propone.

Y es que el director brasileño Kleber Mendonça Filho se ha convertido por derecho propio en un cronista de la historia de su país. A menudo sus películas son tildadas como «realismo social» por focalizar sus historias en colectivos desfavorecidos que sufren la gentrificación, la miseria o el acoso político, pero su forma de narrar lleva todo eso a un plano mucho más complejo y rico en matices, donde se entremezclan los géneros cinematográficos y se retuerce la trama principal con subtramas aparentemente desconectadas entre sí.

En ese sentido, la película es mucho más compleja de lo que aparenta, el humor costumbrista o las secuencias de intriga policíaca, conviven con una mirada escrupulosa a la memoria histórica o con la radiografía de una degradación moral que aún nos acompaña en el presente.

El cine de género como alegoría política

En anteriores películas como Doña Clara (2016), Bacurau (2019) o el documental Retratos fantasmas (2023), Mendonça Filho ya demostró observar el mundo desde una óptica muy particular que le sirve para analizar desde una perspectiva puramente cinematográfica el paso del tiempo o la construcción sociopolítica de Brasil (en muchos aspectos extensible a otros países principalmente de Latinoamérica).

Su pasión por el cine fantástico y el humor negro a menudo sazonan las tramas principales con elementos inesperados dentro de una narrativa de presunto corte realista, por ejemplo, en El agente secreto sucede con el segmento que alude a «La leyenda de la Pierna Peluda (Perna Cabeluda)», inspirada en una leyenda real de Recife en los 70. La grotesca fábula alude a una gigantesca pierna cercenada y cubierta de pelo que deambulaba por las noches pateando a borrachos y otra gente de mal vivir. Bajo esa aparente estupidez se oculta, en realidad, una poderosa forma de representar el miedo e inseguridad que existía en las calles ante la dictadura política de la época.

Un juego cinéfilo

Mendonça Filho es algo que hace siempre en todas sus películas: integrar el cine de género y el poder de sugestión colectiva que posee el cine en general. Del realismo mágico al wéstern o del terror de serie B al cine de espías, como sucede en El agente secreto. La cinefilia del director es tal que sus referencias al cine de los años 70 y 80 es constante, a veces las verbaliza y a veces simplemente deja pistas visuales sobre esas películas que le marcaron de joven.

Los homenajes encubiertos quedan diseminados a lo largo de la trama a modo de juego, el propio título parece hacer referencia a una película de Hitchcock, El agente secreto (Secret Agent) (1936), la cuál adaptaba una historia del escritor William Somerset Maugham que, a su vez, trabajó en la vida real como agente secreto para el servicio de inteligencia británico durante la Primera Guerra Mundial. Ese juego de cajas chinas que para nada es casualidad lo utiliza igualmente el director dentro de su propia narrativa con historias dentro de otras historias.

La recreación que hace de los años 70 es rica en atrezzo y texturas. La fotografía arenosa de Evgenia Alexandrova es maravillosa, y en la planificación de los encuadres existen elementos estéticos que se repiten en el cine del director para reforzar ese viaje al pasado, por ejemplo, el empleo anacrónico del zoom, el uso narrativo de la profundidad de campo con dos acciones en paralelo, etc. Otro aspecto reseñable es la utilización del sonido y la música como generadores de atmósfera, el director construye la sensación de acoso y persecución constante a base de impulsos sensoriales que muchas veces coloca en segundo término y no tienen porqué estar conectados con lo que sucede en la escena.

Una película de espías impredecible

El agente secreto ofrece, al mismo tiempo, un retrato certero sobre el fin de la dictadura y una contextualización social del deterioro económico del país, aglutinando sus reflexiones dentro de un relato de espías setentero en el que hay cabida incluso para el surrealismo más casposo. La combinación es fascinante y, a veces, desconcertante. El suspense dramático a menudo es atravesado por situaciones cotidianas hilarantes que reflejan el amor del director por su país y sus gentes (el perfilado de algunos secundarios es antológico). La ciudad de Recife vuelve a ser un personaje más que transforma en un microcosmos del país entero para reflejar los miedos, anhelos y desigualdades sociales. Es una muestra de resiliencia social donde la gente de la calle confronta la tiranía del poder. La mirada al pasado que lanza Mendonça Filho es también una advertencia para lo que está sucediendo en el presente.

El prólogo y la parte final de la película son tan brillantes que nos harán olvidar esos pequeños baches narrativos que hay entre ambos. Sin duda, El agente secreto se trata de una película tan expedita en sus formas y con un escenario sociopolítico de fondo tan complejo que merece un revisión tranquila para captar todos los matices que indefectiblemente se perderán durante un primer visionado, pero vale la pena sumergirse en esta película de espías tan especial.


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El agente secreto

7.5

Puntuación

7.5/10

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