viernes, febrero 20, 2026

Crítica de ‘La boda’: Una historia pequeña y honesta

Las críticas de Laura Zurita:
La boda

Felisa vive en casa de su madre y depende, en gran medida, de la pensión de ésta. Desde hace algún tiempo, Adelaida, una de las clientas a quien Felisa peina todas las semanas, viene proponiéndole que acepte casarse con su hijo. Sebastián no está de acuerdo, pero termina aceptando. Felisa y Sebastián emprenden viaje rumbo a Motril, donde pasarán una semana de luna de miel que les cambiará la vida.

La boda está dirigida por Pedro Cenjor sobre un guion coescrito con Corina Salerno. En su reparto encontramos a Elena Furiase, Daniel Chamorro, Margarita Lascoiti, María Jesús Hoyos, Verónica Ortiz, Felipe García Vélez, Antonio Dechent, Silvia Vacas, Bárbara Cuesta, y Sylvia González. La película se estrena en España el 20 de febrero de 2026, de la mano de Con un Pack.

La boda

Una novia de negro y un novio cohibido

Desde el  primer plano de La boda se insinúa que asistiremos a un ritual social que, más que celebrar un vínculo, va a revelar las fisuras que lo sostienen. La historia comienza, como su nombre indica, con un enlace matrimonial. Ella aparece atractiva, decidida, con una seguridad que contrasta con el gesto retraído del novio, torpe y tímido. Pero desde el primer momento emergen señales de extrañeza: la novia viste de negro, los recién casados parecen tristes y la anunciada luna de miel tiene algo de huida más que de celebración. Son detalles mínimos, casi silenciosos, que anticipan el tono íntimo y contenido del relato.

Pronto comprendemos que el pueblo como escenario de La boda es determinante. Algunos pueblos funcionan como microcosmos en el que los rumores circulan con rapidez y las historias personales quedan inevitablemente expuestas al juicio colectivo. En ese entorno cerrado, la película construye un retrato humano más basado en gestos y presencias que en palabras. Los protagonistas se revelan poco a poco, y terminamos conociéndolos más por sus silencios, miradas y actitudes que por sus diálogos. Pronto se nos revelará el porqué la novia va de negro (color que solo vestirá por un tiempo) y porqué todo el mundo parece algo cohibido.

Sobre los novios y La boda flota la madre (Aitana Sánchez‑Gijón), personaje que introduce una dimensión de poder y deseo de control. Ella aspira a definir su relato, a imponer su propia versión de la historia y a que todo se trate de ella. En contraste, la figura del padre aparece apenas esbozada, con una historia apenas insinuada de la que nos gustaría saber mucho más.

Excesivamente concisa

Desde el punto de vista formal, La boda apuesta por una estética naturalista, desnuda de artificios. La película es deliberadamente austera: pocos intérpretes, localizaciones limitadas, interiores modestos que hablan con fuerza de las personas que viven allí. Esa economía de medios, posiblemente impuesta, se convierte, sin embargo, en una virtud, porque permite que toda la fuerza recaiga en las actuaciones y en la construcción emocional de los personajes. Todo contribuye a la impresión de estar observando una historia que podría existir en cualquier entorno cercano, en esos lugares donde las tradiciones siguen marcando el ritmo de la vida.

La boda es un relato pequeño en escala y honesto en su mirada. Es una historia dulce, melancólica, sin grandes sorpresas ni giros de guion, sino una historia realista de personas reales. Su duración es ajustada y facilita la empatía con los protagonistas.

Su concisión, sin embargo, se siente excesiva. No nos quedan claras las circunstancias que llevaron a la boda, a no ser que el espectador haya leído la detallada sinopsis. Líneas narrativas con potencial y que están relacionadas con el pasado familiar, se asoman tímidamente, apenas sugeridas, sin el desarrollo que permitiría dotarlas de mayor profundidad. Y, más importante, tras un inicio prometedor con grandes avances en la relación de la pareja protagonista, a base de comunicación y fuerte química entre ellos, a partir de un cierto punto los conflictos se gestionan de manera expeditiva y desangelada.

Felisa (Elena Furiase) transmite una energía contenida, convincente en su mezcla de fortaleza e introspección, mientras Sebastián (Daniel Chamorro) encarna con sensibilidad un papel difícil: oscilar entre la timidez y la ternura sin caer en el cliché. Entre ambos se construye una relación marcada por la incomodidad y el afecto silencioso, por una cercanía que nunca termina de expresarse abiertamente.

Aun así, la película deja una sensación amable y persistente: la de haber asistido a un retrato humano sencillo, imperfecto y profundamente reconocible, donde lo importante no es la boda en sí, sino la historia que empieza cuando termina la ceremonia.


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La boda

6.5

Puntuación

6.5/10

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