viernes, febrero 13, 2026

Crítica de ‘No hay otra opción’: Violenta, sobria y hermosa

Las críticas de Laura Zurita:
No hay otra opción

Man‑su lleva una vida tranquila y ordenada, trabajando desde hace décadas en una fábrica de papel en Corea del Sur. Su rutina y estabilidad se desmoronan de golpe cuando la empresa, presionada por intereses extranjeros, reduce su plantilla. La búsqueda de un nuevo empleo se convierte en un laberinto de entrevistas, rechazos y humillaciones. Lo que debería ser un trámite administrativo se transforma en una competencia despiadada contra otros candidatos, obligando a Man‑su a enfrentarse no solo al sistema, sino también a sus propios límites morales. La desesperación comienza a empujar al hombre a soluciones extremas, y la línea entre supervivencia y violencia se vuelve peligrosamente difusa.

No hay otra opción (No Other Choice / Eojjeolsuga eobsda) está dirigida por Park Chan-wook, que también escribe el guion junto con Don McKellar, Lee Kyoung-mi y Jahye Lee, basado en la novela «The Ax» de Donald E. Westlake. En su reparto encontramos a Lee Byung-hun, Son Ye-jin, Woo Seung Kim, So Yul Choi, Park Hee-soon, Lee Sung-min, Yeom Hye-ran, Cha Seung-won, Im Tae-poong y Kim Hyung-mook. La película se estrena en España el 13 de febrero de 2026 de la mano de MUBI.

Los perdedores en el centro

No hay otra opción se basa en la novela «The Ax» (1997), del escritor estadounidense Donald E. Westlake, maestro de la ironía criminal y del retrato ácido de la clase media norteamericana. Bajo la apariencia de un thriller con tintes de humor negro, la novela es en realidad una sátira feroz sobre el capitalismo tardío, la competitividad salvaje y la fragilidad de la identidad cuando esta depende exclusivamente del éxito profesional. La novela ya se había adaptado con anterioridad en Arcadia (Costa-Gavras, 2005), con una trama que se traslada al contexto europeo, enfatizando el tono de sátira social y el comentario político explícito. Esta nueva adaptación coreana recontextualiza la trama en un mercado laboral igualmente implacable bajo el hechizo de la IA, demostrando que la angustia de la precariedad no entiende de fronteras culturales ni temporales.

La película de Park Chan-wook hereda el feroz comentario social, pero no lo hace de manera explícita, sino que se acerca más al punto de vista del día a día de los perdedores. No hay necesidad de explicar al espectador lo que está sucediendo: desde el primer momento se percibe cómo el sistema laboral deshumaniza, tanto que al final vemos como enemigos a los que son tan víctimas como nosotros.

Precariedad y desilusiones

No hay otra opción es un retrato de la precariedad moderna, del sueño americano trasladado a Corea y de cómo el trabajo, que debería ser un derecho, se convierte en un terreno de guerra silenciosa y constante. Man-su es el protagonista, pero la película no se centra únicamente en él, sino que también muestra cómo su familia se ve arrastrada por la situación. Este retrato es intenso y complejo: los lazos familiares se muestran con ternura, pero también con una cierta perfidia, un efecto del estrés y la injusticia que atraviesan. La lucha por un puesto de trabajo convierte lo cotidiano en conflicto y la vida en una lucha extenuante por la supervivencia. La violencia psicológica es tan dañina como la física, pero ni de lejos tan fotogénica.

La historia se desarrolla con muchos detalles y una buena dosis de desilusiones, pero sin perder ritmo. La narrativa de la nueva libertad y las nuevas posibilidades contrasta con la realidad y cada gesto de los que tienen la sartén por el mango, estrechándose el lazo de mentiras e impotencia. Nada sobra: las escenas están medidas para intensificar la sensación de un mundo que no perdona errores y que exige adaptación constante. Si se trata de adaptarse o morir, la respuesta de la víctima puede ser sorprendente.

Dramática, sobria e hipnótica

No hay otra opción es al tiempo dramática y sobria, cruel y excesiva, pero también hipnótica. Park Chan‑wook -recordemos sus estupendas Decision to Leave (2022) y Old Boy (2003), entre otras- logra que la narrativa fluya de manera natural a pesar de su duración para que el espectador permanezca absorbido por la historia en todo momento. La tensión se construye de manera gradual y precisa, con una retorcida lógica en cada paso, tan inevitable y mecánica como el sistema que va empujando a las personas fuera de su vida.

La combinación de drama, comedia negra y thriller psicológico crea un relato intenso y compacto, que mantiene al espectador inmerso en la desesperación de Man‑su sin perder claridad ni fuerza narrativa. Incluso cuando la desesperación se destila en acciones inmorales, nos solidarizamos con el protagonista porque vemos el mundo a través de sus ojos. Y es que uno de los mayores logros de la película es su uso del punto de vista subjetivo. La cámara nos permite experimentar el mundo de Man‑su: no solo vemos lo que él ve, sino que percibimos los sonidos, las texturas y la tensión de los espacios que atraviesa. La fábrica, la sala de entrevistas, las calles por las que camina se vuelven extensiones de su ansiedad y frustración. Esto transforma la narrativa en algo sensorial: sentimos la desesperación, la impotencia y la presión de cada momento como si fueran propias.

El drama de lo cotidiano

Un montaje milimétrico y bien cuidado, junto a una fotografía que rodea las tomas nocturnas de una especie de atmósfera ominosa, convierten un drama personal en la sugerencia de un relato de terror. En la película, los héroes y los villanos pasan a ser figuras difusas en un mundo de moralidad subjetiva.

No hay otra opción es una película intensa, precisa y desesperante. Su fuerza no reside solo en su vilenta belleza formal ni en la espectacularidad, sino en la capacidad de hacer sentir al espectador la presión, la injusticia y la fragilidad de aquellos que se ven empujados a los márgenes.

En resumen, No hay otra opción construye una narración poderosa sin adornos con una estética impecable que desmonta los artificios, y al hacerlo, convierte lo ordinario en algo extraordinario. Lo cotidiano se transforma en drama, y lo familiar en arena de batalla. Es un cine que incomoda, conmueve y deja una huella persistente, porque nos recuerda que, a veces, al ser únicas, las opciones que quedan son aterradoras.


¿Qué te ha parecido la película No hay otra opción?

No hay otra opción

7.5

Puntuación

7.5/10

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