Las críticas de Laura Zurita:
«Cumbres borrascosas»
En la Inglaterra rural del siglo XVIII, la llegada de un niño huérfano a la familia Earnshaw altera para siempre el equilibrio de los páramos. Heathcliff crece junto a Catherine, y entre ambos nace un vínculo absoluto, feroz, excluyente. Pero cuando ella elige casarse con Edgar Linton para ascender socialmente, el amor se transforma en herida, y la herida en resentimiento. Años después, el regreso de Heathcliff desatará una cadena de venganzas que arrasará con todos.
«Cumbres borrascosas» está escrita y dirigida por Emerald Fennell, basada en la novela de Emily Brontë. Está interpretada por Margot Robbie, Jacob Elordi, Hong Chau, Shazad Latif y Alison Oliver. La película se estrena el 13 de febrero de 2026 de la mano de Warner Bros. Pictures España.
Reinterpretación libre
Para escribir esta crítica, me he tenido que recordar a mí misma que una buena película no tiene por qué ser una buena adaptación o ni siquiera fiel. Por ejemplo, Blade Runner (Ridley Scott, 1982) es una adaptación libérrima de su material original, por no hablar de Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956), y, sin embargo, ambas películas son obras maestras.
Y es que adaptar los clásicos es una ardua hazaña. El texto de «Cumbres borrascosas» ha sido llevado al cine en numerosas ocasiones, casi siempre con pérdidas inevitables. La novela de Emily Brontë posee una estructura narrativa intrincada, con distintos narradores cuya fiabilidad está constantemente en entredicho. Esa arquitectura literaria, ese juego de voces y distancias, se pierde casi inevitablemente en la pantalla.
No es extraño que, ante esta nueva versión, surjan voces que la tilden de “mala adaptación” por no retratar la novela en su totalidad ni ser fiel al original. Y más aún, siendo la obra de una directora con una mirada enérgica y característica, como la de Emerald Fennell, autora de dos películas tan personales como Una joven prometedora (2020) y Saltburn (2023). Lo sorprendente es que muchos de esos juicios procedan de quienes no han leído el libro y, en ocasiones, ni siquiera habían visto la película al hablar de ella. La tormenta en redes ha sido tan virulenta como prematura.

Una relectura
Movida por la curiosidad, releí una vez más la novela antes de sentarme en la sala a ver esta nueva adaptación. Y lo que propone Emerald Fennell es, sin duda, una reinterpretación libre. La directora no pretende copiar el texto ni ilustrarlo con reverencia sino apropiárselo. La directora se concentra en determinados aspectos de la historia y añade su propia mirada sobre la relación entre los personajes de Catherine y Heathcliff.
Muchas críticas hacia «Cumbres borrascosas» han preferido detenerse en lo accesorio: la edad de la protagonista, Margot Robbie —curiosamente, solo la de ella—, el corte de sus vestidos, o el color de su piel. Pero Fennell no busca una reconstrucción rigurosa de época. Su película se sitúa vagamente en una Inglaterra victoriana reconocible, aunque el vestuario, el maquillaje y la decoración no responden a un periodo preciso. Esa indefinición es deliberada: crea un espacio simbólico, más emocional que histórico.
Entorno cruel
Para entrar en el mundo de «Cumbres borrascosas», la infancia de los protagonistas está narrada con detalle y sensibilidad. Permanecemos largo tiempo junto a esos niños para comprender su desamparo. Los pequeños actores (Owen Cooper, de la serie Adolescencia, y Charlotte Mellington) transmiten con eficacia la sensación de una infancia sin seguridad ni reconocimiento: dos criaturas que solo se tienen la una a la otra. El amor nace ya teñido de soledad, de dolor, y esa semilla queda en ellos para siempre.
A su alrededor, el mundo es cruel. Un ahorcamiento se convierte en celebración pública, con la muchedumbre divirtiéndose con el sufrimiento de los indefensos. En esta sociedad despiadada, además, el clasismo es estructural, y los señores apenas ven a los criados como personas. Careciendo de familia, dinero o clase, Heathcliff es maltratado sin ambigüedades. Esa violencia moldea su identidad futura, y su visión del mundo.
La violencia está embebida en el paisaje y el clima mismo. Cumbres Borrascosas encierra tormentas en los páramos, largas, frías, implacables, pero también hay tormentas dentro de los personajes. Las relaciones entre ellos no son románticas en el sentido complaciente del término: son violentas, obsesivas, crueles. Amor y rencor se confunden hasta volverse indistinguibles.
Sensualidad y sugerencia
Uno de los aciertos más sugerentes de esta nueva versión es la lectura del personaje Nelly. Si en la novela su carácter manipulador apenas asoma entre líneas, aquí se explora con mayor claridad esa dimensión controladora, llevada a cabo a través de manipulaciones sutiles, que la convierte en una figura decisiva dentro de la tragedia. Es una intuición inteligente, coherente con el material original.
Visualmente, «Cumbres borrascosas» es deslumbrante. Hay encuadres que nos retrotraen a los grandes clásicos, mostrando un mundo expresivo y bello hasta el extremo. La dirección de fotografía de Linus Sandgren introduce una dimensión mágica en las escenas, sin palabras. Los páramos desmesurados, los interiores sombríos, las texturas densas, los cielos que parecen a punto de desplomarse, incluso de color rojo si es lo que pide la escena. Hay algo barroco e hipnótico en su puesta en escena, una desesperación embebida en la mirada.
«Cumbres borrascosas» es decididamente sensual, algo que el material original no era, pero que conviene a una película de amor y pasión como esta. El sexo no es explícito, pero sobrevuela en un juego de sugerencias y reverberaciones. Hasta los páramos son fecundos y tentadores y los tonos pardos y naturales del paisaje contrastan con el rojo —ese rojo tan particular que define el personaje de Cathy—, convirtiéndola casi en una herida que camina. Es fascinante. Es inteligente. Es cine. Y es extremadamente revelador que el rojo no aparece en las interacciones de Cathy con su esposo.

Inteligencia y brillantez
Un par de detalles brillantes bastan para entender la inteligencia y brillantez de las imágenes de «Cumbres borrascosas». En el día de su boda, Cathy lleva un velo blanco; en un encuentro señalado con Heathcliff, el velo es el mismo, pero negro; y hacia el final Cathy aparece velada de un tono carne que borra casi su identidad. Tres velos, tres estados, un círculo vital que se cierra. Y su habitación, un regalo de su marido es un reflejo de su piel, lo que convierte su espacio en una forma sutil y cariñosa de aprisionamiento.
Cierto es que Fenell es mejor directora que guionista, y la película tiene más imágenes que historia. El ritmo de esta película es pausado, incluso contemplativo. «Cumbres borrascosas» se ocupa más de las pulsiones internas que del relato exterior, que podría contarse en pocas palabras. Incluso hay un tramo en el que la ausencia de Heathcliff hace que la historia se pierda un poco en sí misma. Pero sus dos horas y cuarto están, en general, bien empleadas con la condición de que nos zambullamos en este mundo tan especial.
La banda sonora es tan atípica y ucrónica como el resto de la película. En ella se unen temas muy contemporáneos con otros creados expresamente, e inspira una mezcla de ternura, intensidad y oscuridad que sigue de cerca las tormentas exteriores y las interiores de los personajes.
Una apropiación apasionada del texto
Los personajes protagonistas de «Cumbres borrascosas» son arrebatadores, aunque no sean buenas personas. Cathy (Margot Robbie, espléndida en cualquier cosa que hace) es egoísta y caprichosa, pero algo en ella nos hace comprender que existe algo doloroso en su interior. Pero el trabajo más notable es del de Elordi, un actor que madura y se desarrolla con cada papel, y en este desarrolla una llamativa interpretación física. Heathcliff es un personaje que Fennell hace humano, a pesar de todos sus fallos: es cruel y generoso, amenazante y atormentado, fuertemente marcado por los golpes que le han dado su amo y la vida. Se nos presenta como un personaje oscuro e imperfecto que nos hace preguntarnos qué hubiera sido de él si no lo hubieran maltratado tanto.
Entre los secundarios destacamos las interpretaciones de Nelly (Hong Chau), controladora y manipuladora, quizás la verdadera villana de la historia; e Isabella (Alison Oliver), quien es divertida de una manera paradójica, porque su personaje podría parecer triste, y sin duda lo es, pero también tiene un brillo que nos hace sonreír, con algo de vergüenza ajena.
En resumen, «Cumbres borrascosas» no es una adaptación reverente, sino una apropiación apasionada. Puede que no satisfaga a quienes buscan fidelidad literal, pero posee algo más difícil de conseguir: la mirada de una creadora que crea su propio mundo. Emerald Fennell no reproduce la novela de Emily Brontë, sino que recrea su universo. Y en ese gesto discutible y arriesgado, hay autenticidad porque, al final, lo que permanece no es la exactitud histórica ni la literalidad del texto, sino la sensación de haber asistido a una tormenta poderosa, hermosa y triste.

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