Las críticas de Laura Zurita:
Como cabras
Will es una pequeña cabra con grandes sueños que recibe una oportunidad única en la vida para unirse a los profesionales y jugar al rugebol, un deporte de alta intensidad, mixto y de contacto total dominado por los animales más rápidos y feroces del mundo. A los nuevos compañeros de equipo de Will no les entusiasma tener a una cabrita en su plantilla, pero Will está decidido a revolucionar el deporte y demostrar de una vez por todas que «¡los pequeños saben jugar!».
Como cabras está dirigida por Tyree Dillihay (en su debut en la dirección en cine), codirigida por Adam Rosette (Robot Salvaje) y escrita por Aaron Buchsbaum y Teddy Riley. La película tiene las voces en español de Álex González (Mane), Ana Jara (Olivia) y Leo Harlem (Dennis); el internacional español y campeón del mundo de baloncesto Juancho Hernangómez (Archie); y los destacados creadores de contenido Misho (Modo), Laura Pastor (Hannah) y Hermoti (Rusty). La película se estrena el 13 de febrero de 2026 de la mano de Sony Pictures.

La magia del rugebol
No puede entenderse Como cabras sin reconocer la sombra de Zootrópolis y su extraordinario éxito. La idea de un universo animal organizado en ciudades con climas diferenciados, especies de distintos tamaños conviviendo bajo normas propias y la atención a los contrastes físicos como motor narrativo son elementos heredados de aquella producción. Sin embargo, aquí la inspiración se transforma en reinterpretación: la naturaleza invade las calles y las casas; la vida salvaje no se limita al escenario, sino que se integra en el relato, condicionando la acción y el drama de los personajes.
Algunos personajes de Como cabras recuerdan inevitablemente a figuras ya vistas, pero los autores les otorgan un mundo propio. Las elecciones de especies, normas de convivencia y conflictos subrayan la diversidad funcional y emocional del grupo, convirtiendo el paralelismo en una fuente de inspiración más que en una copia.
Como cabras parte de una premisa sencilla y la convierte en algo vibrante. La historia de Will, una pequeña cabra que sueña con jugar profesionalmente al rugebol —un deporte de contacto total dominado por los animales más grandes y feroces— empieza a cambiar cuando recibe la oportunidad de integrarse en Los Pinchos, el equipo de su ciudad, que arrastra años de derrotas pese a contar con una estrella veterana, una pantera admirada cuya mejor época quizá ya ha pasado. Desde el primer momento, la tensión es evidente: nadie espera que una cabrita pueda sobrevivir en un deporte tan físico.
Como cabras encuentra su personalidad al apostar decididamente por el drama deportivo. El mundo no es un escenario amable: la naturaleza invade las calles, los paisajes condicionan las jugadas y el clima influye en el desarrollo de cada partido. La lluvia, la arena o la pendiente del terreno transforman los partidos y el juego, y eso es emocionante.

Animación maravillosamente expresiva
En Como cabras la animación en tres dimensiones prioriza el primer plano y la expresividad. No hay una obsesión por mostrar los detalles en los fondos; la fuerza está en el gesto, en la tensión muscular, en la mirada antes de una jugada decisiva. Esta elección tiene mucho sentido durante las escenas deportivas, que están coreografiadas con dinamismo y precisión. Los partidos son brillantes, ya que el montaje y las elecciones de puntos de vista nos permiten vivir la tensión al tiempo que nos dejan ver con claridad cómo las distintas estrategias funcionan. Y todo esto está iluminado maravillosamente por colores brillantes y vívidos, desde los rojos intensos de la lava hasta el blanco inmaculado del hielo, pasando por los ricos verdes de las selvas. Como cabras es un gozo visual y estético. El montaje mantiene el equilibrio entre intensidad y legibilidad, algo fundamental en un relato de competición.
Otro acierto es la construcción del equipo (por cierto, que los equipos son mixtos, lo que es un detalle agradable y pedagógico). Su inicio es difícil, debido a la desconfianza inicial, hasta que entienden que la cooperación no nace de la uniformidad, sino de la diferencia. La diversidad de tamaños, géneros y temperamentos parecía un problema, hasta que se revela como una fuerza. El mánager, una cerda salvaje (atención a la elección de la especie), con carácter firme y liderazgo incuestionable, rompe expectativas sin necesidad de proclamas. La banda sonora de Como cabras acompaña con energía cada secuencia, contemporánea, pero lo suficientemente moderada para que siga viva pasados unos años.
Como cabras es una película deportiva, una historia de superación y trabajo en equipo, y muestra que la animación es un medio excelente para dejar volar la imaginación y ofrecer relatos sólidos, emocionantes y visualmente estimulantes. Es una película que brilla tanto en su accesibilidad para el espectador joven, al tiempo que ofrece humor y tensión competitiva al público adulto, con un mensaje sobre inclusión con la suficiente inteligencia como para no resultar condescendiente.
Al final, más allá de la espectacularidad del rugebol, lo que permanece es la idea de que el talento no depende del aspecto físico y que el verdadero triunfo no es individual, sino colectivo. Como cabras tiene emoción, tensión y nos alegra la vida ¿Qué más podemos desear?.
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