Las críticas de Laura Zurita:
Las líneas discontinuas
Bea es una mujer de 50 años en proceso de divorcio y Denís es un chico trans de 28 años que lucha contra la precariedad laboral. Un suceso inesperado los lleva a conocerse y este encuentro transformará la realidad de ambos para siempre.
Las líneas discontinuas está dirigida por Anxos Fazáns sobre un guion coescrito con Ian de la Rosa. En su reparto encontramos a Mara Sánchez, Adam Prieto, Ana Fornéas, Mónica García Cadahía, Lidia Veiga, Alberto Rolán y Machi Salgado. La película se estrenó el 20 de febrero de 2026 de la mano de Sideral Cinema.

Un breve encuentro
Las líneas discontinuas, de Anxos Fazáns, es una historia mínima, casi desnuda, entrañable y sincera por las personas a las que retrata, en la que en apariencia no pasa gran cosa.
El punto de partida de la película es sencillo. Empezamos con una breve presentación de personajes, de dos vidas separadas que atraviesan un momento de tránsito. A Denís lo conocemos mientras entra en una vivienda con un grupo de jóvenes que se divierte robando y destruyendo casas al azar, una juventud deprimente y vacía. Denís es distinto, un joven que ha estudiado y tiene recursos, pero sin oportunidades a la vista. En la casa habita Bea, una mujer recién divorciada, una profesional competente que, sin embargo, se siente desorientada porque la vida que creía asegurada ya no existe. No hay grandes tragedias en la vida de ninguno de los dos, solo un dolor indiferenciado y un vago desconcierto.
Denís y Bea son personas con pasado, con bagaje y cicatrices. Los vamos conociendo por sus hechos y sus actitudes, a través de conversaciones aparentemente triviales que, sin embargo, están llenas de vida. Sus diálogos suenan naturales y relajados, y la simpatía ente dos personas tan distintas se va creando. Su relación es tierna y poco convencional, una que no estaba destinada a ocurrir. En Las líneas discontinuas la verdadera magia se debe a que Bea y Denís se escuchan y establecen una comunicación sana y abierta. La química entre ellos es evidente y hace creíble sus interacciones. Para comprenderlos hay que prescindir de buena parte de las convenciones sobre las que se basan otras historias, un ejercicio inteligente que también es un verdadero reto.
Puesta en escena naturalista
Ese naturalismo se extiende a todas las facetas de Las líneas discontinuas. La puesta en escena es austera, casi todo sucede en la casa o sus inmediaciones y la fotografía de Sandra Roca ofrece una impresión natural, casi improvisada. Todo eso contribuye a la sensación de que asistimos a sucesos de una vida real, un lugar donde nos sentimos cómodos y nos convierte en cómplices de los personajes. La banda sonora compuesta por Xavier Bértolo presenta a la música como un lenguaje común, una corriente subterránea de fuerza que atraviesa todo el relato.
Al final, el desenlace de Las líneas discontinuas resulta coherente con el tono del relato. En él hay vida, continuidad, incertidumbre, y un futuro tan desconocido como lo era al principio, solo que teñido por la belleza de un breve encuentro.
Las líneas discontinuas es, en definitiva, una película pequeña y llena de sentido. Su fuerza reside en la humanidad de sus personajes a los que les sucede algo tan importante como la vida misma, sin estridencias ni grandes acontecimientos, porque las líneas discontinuas son las que nos terminan llevando hacia adelante.
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