Centenario Alain Resnais: Crítica de ‘Mélo‘ (1986)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Mélo

Entre Alain Resnais y los cuatro intérpretes protagonistas de sus dos anteriores films surgió una complicidad que traspasó lo meramente profesional. Tras plantearse realizar un montaje teatral, finalmente sería de nuevo el cine el medio para trabajar juntos. Fue así como Sabine Azéma, Pierre Arditi, Fanny Ardant y André Dussolier se pusieron por tercera vez consecutiva (cuarta en el caso de Arditi) bajo la dirección del director bretón.

Mélo marca un claro punto de inflexión en la filmografía de Alain Resnais; tras diez largometrajes consecutivos basados en guiones originales de escritores de reconocido prestigio o un guionista no menos prestigioso como Jean Gruault, Resnais filma por primera vez un guion escrito por él mismo adaptando una de las obras de teatro más populares del parisino Henry Bernstein (1987-1953), un dramaturgo al que admiraba mucho y que, a pesar de haber gozado de gran éxito en los años veinte y treinta, empezaba a ser olvidado por el público francés que lo consideraba trasnochado y fuera de los códigos sociales de la modernidad. La película, a pesar de su modesto presupuesto y falta de pretensiones fue un éxito y devolvió a Resnais el favor del público y de la Academia Francesa, Mélo recibió ocho nominaciones a los premios César incluyendo los relativos a mejor película y director. Finalmente ganó dos de ellos, el correspondiente a la mejor actriz que supuso el segundo César de Sabine Azéma y el de mejor actor de reparto para Pierre Arditi.

Pero además, el punto de inflexión viene dado por un segundo motivo aun más trascendente, el director revolucionario que había experimentado con la fragmentación del relato, con la narración en varias líneas temporales, con los límites entre lo real y lo recordado y con el montaje como herramienta (des)articuladora del guion filmado, se ciñe por primera vez a una linealidad argumental que sigue una secuencia temporal convencional, a una filmación apoyada fundamentalmente en planos secuencia y en la que no hay juegos de artificio con el montaje más allá de los telones que separan claramente los tres actos de la función/película y los fundidos a negro que delimitan cada una de las once escenas.

La naturaleza teatral del film queda de manifiesto desde el mismo inicio en el que los títulos de crédito aparecen sobre lo que podría ser un programa de mano de los que se entregan a los espectadores a la entrada de una representación. Tras los mismos, oímos unos golpes secos que hacen cesar los murmullos del público y el plano nos muestra un telón que dará lugar a la primera escena/secuencia que transmite un más que evidente aspecto de escenografía teatral. En este sentido conviene apuntar desde el principio que Mélo fue rodada (casi) íntegramente en estudio.

La acción se inicia una noche de junio de 1926 en Montrouge, una localidad a las afueras de París donde asistimos a una cena entre tres personajes, el matrimonio compuesto por Romaine (Sabine Azéma) y Pierre (Pierre Arditi), anfitriones de la casa que tienen como invitado a su amigo Marcel (André Dussolier) un prestigioso violinista de aire melancólico que, a pesar de su fama de tener éxito con las mujeres, se encuentra en una etapa de abatimiento debido a un reciente fracaso sentimental. En esta primera escena, que se prolonga durante media hora, asistimos a la presentación de unos personajes definidos a través de los matices de una conversación aparentemente banal pero que sienta las bases temáticas y argumentales del film. La evidente atracción de Romaine por Marcel dará lugar a una segunda escena en casa de este último donde tocan una sonata de Brahms y se establece el inicio de una relación entre ambos.

A partir de aquí Resnais recrea con medios cinematográficos una puesta en escena dramática que saca lo mejor de sus intérpretes. La aparición de Fanny Ardant que interpreta a una prima de Romaine enamorada de Pierre, complica una trama de infidelidades, celos, miedos a la soledad e ideas suicidas. De nuevo el amor y la muerte, dos de los temas favoritos de Resnais, vuelven a estar presentes como sustrato narrativo de una de sus películas. El amor en su vertiente de amor incontrolado, pasional y motor vital y la muerte como causa y consecuencia simultáneas del fin del amor. Una muerte en forma de suicidio (algo presente en el cine de Resnais desde Te amo, te amo y recurrente en varias de sus películas hasta El amor ha muerto, precedente inmediato de Mélo, con la que mantiene similitudes que van más allá del cuarteto protagonista).

Por primera vez (Mélo parece ser el film de las “primeras veces” en la filmografía de su director), Resnais prescinde de banda sonora como acompañamiento de las imágenes o subrayado de las emociones, algo que resulta paradójico en alguien que a estas alturas (diez largometrajes amén de sus cortos) había trabajado con compositores de la talla de Georges Delerue, Giovanni Fusco, Hans Werner Henze, Krzysztof Penderecki, Stephen Sondheim, Miklós Rózsa o Philippe Gérard.

Esto no significa que no haya presencia musical en Mélo (no podía faltar música en un film en el que los protagonistas son melómanos e intérpretes de violín y piano), pero ésta se reduce a las dos sonatas de Johannes Brahms y Johann Sebastian Bach que los personajes interpretan en los dos momentos culminantes del film, aquel en el que Romaine y Marcel se convierten en amantes tras interpretar juntos la sonata de Brahms y, próximo al final del film, la interpretación conjunta de Pierre y Marcel con la que se sella una reconciliación entre dos amigos basada en una mentira (piadosa) con la que Marcel niega la infidelidad de Romaine para salvar a Pierre de la desesperación. Una mentira como acto redentor del personaje de Dussolier que se apunta como la única salida posible para que los supervivientes puedan seguir siéndolo.

Mediante esta última escena (en la que Pierre Arditi y André Dussolier exhiben todo su talento actoral) Resnais vuelve sutilmente al tema nuclear de su filmografía que no es otro que el paso del tiempo, la nebulosa que distorsiona lo que ocurrió de cómo lo recordamos y el papel que los objetos como vestigios del paso del tiempo (en este caso un pétalo de rosa seco encontrado entre las páginas de una agenda) tienen en la memoria, tan frágil (por el olvido) y quebrantable (por una mentira) como capaz de determinar la desdicha o la felicidad con las que seguir viviendo.


Mélo no está actualmente disponible en ninguna plataforma en nuestro país. Existe una edición en DVD por el sello VELLAVISION que incluye como extras una entrevista de veinte minutos con Pierre Arditi y otra con el productor de la película Marin Karmitz. La calidad de imagen y sonido son aceptables. Eso sí, está descatalogada y no es fácil de encontrar ni siquiera en páginas de segunda mano.

Mélo

7.5

Puntuación

7.5/10

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