Centenario Fernando Fernán Gómez: Crítica de ‘Lázaro de Tormes‘ (2000)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Lázaro de Tormes

Tras la escasa repercusión entre la crítica y los malos resultados de taquilla de Siete mil días juntos y Pesadilla para un rico, Fernando Fernán Gómez vivió la frustrante experiencia de ver como se suspendía, pocos días antes de su inicio, el rodaje de la que iba a ser su siguiente película: la adaptación cinematográfica de su novela «La Puerta del Sol». Lejos de amilanarse, a sus 80 años volvió a uno de sus géneros más queridos: la picaresca que ya había abordado en la serie de Televisión Española El Pícaro, para emprender la que finalmente sería su última película como director cinematográfico, Lázaro de Tormes, cuyo rodaje tuvo que abandonar por enfermedad a las pocas semanas de iniciarse dejándolo en manos de José Luis García Sánchez.

Por tanto, aunque ambos directores firman la película, no puede hablarse de una codirección pues no fue tal sino, más bien, dos direcciones concatenadas, una primera de Fernán Gómez que consistió en la preproducción con la elección del reparto, las localizaciones y el equipo técnico además de la filmación de las primeras secuencias; y una segunda dirección, de García Sánchez, que incluyó la finalización del rodaje y la supervisión del montaje y la postproducción. En honor a la verdad, en el resultado final de la película no se nota fisura alguna y, para el espectador no informado, es imposible discernir qué secuencias son obra de uno u otro director.

Pero no son ambos directores los únicos padres de la criatura. En un artículo firmado por el propio Fernando Fernán Gómez para el diario El Mundo a pocos días del estreno, éste insistía en señalar a Rafael Álvarez “El Brujo” como auténtico artífice de la película tras más de diez años apostando por una versión cinematográfica del monólogo teatral basado en el Lazarillo de Tormes que, con gran éxito, ha representado durante décadas por los escenarios de más de veinte países.

Este protagonismo de Rafael Álvarez hace que la concepción de la película no se atenga fielmente a una adaptación del clásico anónimo de las letras hispanas sino que sea, más bien, una reconstrucción de la vida del pícaro desde su madurez, relatando los célebres pasajes de su infancia con el fraile (Emilio Laguna), el ciego (Paco Rabal) y el clérigo (José Lifante) en divertidas secuencias en las que el Lazarillo es interpretado por Manuel Lozano, el niño que dos años antes había conquistado al público en La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999).

El guion escrito por Fernando Fernán Gómez basándose en su propio monólogo teatral para El Brujo, captura la esencia de la novela y deviene en un largometraje ameno, con pasajes muy divertidos y con un elenco de altura que se completa con Karra Elejalde, Francisco Algora, Álvaro de Luna, Juan Luis Galiardo, Tina Sainz y los imprescindibles y omnipresentes en la filmografía de Fernán Gómez: Manuel Alexandre y Agustín González. El papel protagonista femenino recayó en una Beatriz Rico que, a diferencia de lo que decíamos en Pesadilla para un rico, encontró aquí un papel que le iba como anillo al dedo y del que sacó un más que notable partido.

Pero como decía unas líneas más arriba, la película solo cobra sentido desde la figura de su personaje protagonista para el que resulta difícil imaginar otro intérprete que no sea Rafael Álvarez. Su identificación con el personaje al que tantas veces ha dado vida en los escenarios es tan brutal que Lázaro de Tormes vive en las particulares inflexiones de su voz, en su amplísimo abanico de matices y en su inusitada facilidad para pasar del chiste soez al sentimiento más enternecedor.

Lázaro de Tormes está filmada con gracia, con sentido del ritmo, con agradecible concisión (poco más de hora y media) y con una lustrosa dirección de producción a la que ahora estamos acostumbrados pero que no era tan habitual en el cine español de hace veinte años, la película se apoyó en la excelente dirección artística de Luis Ramirez, la fotografía de Javier Salmones, la música de Roque Baños y los figurines de Javier Artiñano que le valieron el premio Goya al mejor diseño de vestuario. Goya que también obtuvo Fernán Gómez al mejor guion adaptado ampliando su colección de Goyas en categorías diferentes (a lo largo de su carrera lo ganó como director, como actor principal, como actor de reparto, como guionista original y como guionista adaptador).

Fernando Fernán Gómez no volvió a ponerse detrás de la cámara tras Lázaro de Tormes, todavía intervendría en siete u ocho películas más como actor, amén de su aparición en la televisiva serie Cuéntame y varias intervenciones en documentales. Su última película de ficción como actor fue Mia Sarah (Gustavo Ron, 2006). Después de ella, apareció en el impagable documental La silla de Fernando dirigido por David Trueba y su buen amigo Luis Alegre.

Su filmografía como director de cine, que hemos repasado durante estos últimos meses en este ciclo que iniciamos el día que se conmemoró su centenario, ha dejado algunas películas olvidables, cierto es, pero también una nutrida serie de títulos notables y un ramillete de obras maestras que son títulos imprescindibles en la historia del cine español como El mundo sigue, El extraño viaje o El viaje a ninguna parte.


Lázaro de Tormes está disponible para sus suscriptores en la plataforma FlixOlé. Existe una edición en DVD de Manga Films descatalogada en el momento actual pero disponible en páginas de coleccionismo y venta de segunda mano. Como curiosidad, existe una edición italiana del DVD con el título Le Avventure e gli amori di Lazaro de Tormes con la versión original española que puede comprarse con facilidad por internet a un precio muy económico.

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