Centenario Fernando Fernán Gómez: Crítica de ‘El viaje a ninguna parte‘ (1986)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
El viaje a ninguna parte

En 1986, tras siete años al margen de la dirección cinematográfica, Fernando Fernán Gómez volvió por partida doble con dos películas estrenadas con cinco meses de diferencia: Mambrú se fue a la guerra el 16 de mayo y El viaje a ninguna parte el 15 de octubre. Unos meses antes de ese mismo año, el 8 de enero, se había constituido la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España que, al año siguiente, otorgaría, por primera vez en su historia, unos Premios Goya que distinguirían a El viaje a ninguna parte como el primer largometraje en ganar el Goya a la mejor película del año y a Fernando Fernán Gómez con los correspondientes al mejor director por esta misma película y a mejor actor principal por Mambrú se fue a la guerra. No recogió personalmente ninguno de ellos al no acudir a la gala debido a su conocida aversión a los premios. Fernán Gómez trató de reparar lo que por algunos fue entendido como un desplante a la Academia con su presencia en la gala de la segunda edición de los Goya donde pronunció un ocurrente discurso acerca de qué pocos son los premiados y cuántos los nominados sin premio.

De una duración insólita en la carrera cinematográfica de Fernando Fernán Gómez como director, el extenso metraje de El viaje a ninguna parte (134 minutos) parece obedecer al rocambolesco trayecto de un material argumental que surgió como serial radiofónico antes de ser reconvertido en novela por el propio autor y, posteriormente, ver la luz como película. Más tarde se convirtió también en disco (un audiolibro narrado por el propio Fernán Gómez) y en una versión teatral que ha conocido numerosas adaptaciones tanto en el ámbito profesional como en el aficionado.

La película es, en esencia, un homenaje a los cómicos ambulantes que recorrían los caminos de pueblo en pueblo poniendo en escena sus espectáculos, sainetes y otros juguetes cómicos, para entretenimiento de unos habitantes que no conocían otra forma de entretenimiento. La compañía familiar Iniesta-Galván está encabezada por su director Arturo Galván (Fernando Fernán Gómez), la primera actriz Doña Julia (María Luisa Ponte), Carlos Galván (José Sacristán), Maldonado (Juan Diego), Juanita (Laura del Sol) y Rosa (Nuria Gallardo). A ellos se les une, casi accidentalmente, Carlitos Galván (Gabino Diego) cuando es enviado por su madre a vivir con un padre (Sacristán) que hasta la fecha no ha querido saber nada de él.

Las andanzas de estos cómicos ocupan el núcleo central de la película estructurada en largos flashbacks a partir de los recuerdos de un anciano Carlos Galván que, desde el asilo donde vive en el presente, cuenta sus memorias a un psicólogo (Miguel Rellán) sin que pueda discernirse donde termina la realidad de lo ocurrido y donde empiezan los delirios o ensoñaciones del viejo comediante que ha elaborado una versión de su vida mucho más confortable a la memoria que la dura realidad.

Aparte del evidente homenaje al teatro en una de sus vertientes más pobres, “este teatro nuestro de los caminos, que está dando sus últimas boqueadas”, Fernán Gómez se ocupa de algunas de sus principales preocupaciones temáticas (al menos en aquellas películas que no respondían a encargos): la cruda realidad de los desfavorecidos en los años del hambre, la avaricia como cualidad humana que se manifiesta en cuanto el dinero asoma por la puerta, el incuestionable poder del sexo para mover las voluntades o la ya citada fantasía como medio para huir de una realidad desagradable.

El tono del film, entre divertido y melancólico, se apoya en un guion en el que se equilibran las fuerzas cómicas y dramáticas como en ninguna otra de las películas del director (comedias, algunas de altura y otras chuscas o dramas más o menos conseguidos). La contraposición de la decadencia del teatro con otros espectáculos emergentes como el cine (con exhibidores incipientes que recorrían los pueblos con una furgoneta cargada de bobinas) o el fútbol, provoca situaciones tan divertidas como entrañables.

Aquí, como en quizá ninguna otra de sus películas, Fernán Gómez se empeña en que la puesta en escena vaya siempre al servicio de la narración y del adecuado fluir de planos y secuencias apoyándose en el gran montador Pablo G. del Amo y en la fotografía de José Luis Alcaine.

Unamos a esto un reparto en estado de gracia liderado por una magistral (y poco reconocida en su momento) interpretación de José Sacristán y un inconmensurable Juan Diego que, hacia el final del film, tiene una inolvidable secuencia de redención. No vamos a descubrir aquí al propio Fernán Gómez que, con su particular talento, incorpora un Arturo Galván lleno de fuerza y sabiduría, dotándole de una personalidad arrolladora. Gabino Diego, que daba sus primeros pasos en la interpretación (había debutado dos años antes en Las bicicletas son para el verano de Jaime Chávarri, sobre una obra teatral del propio Fernán Gómez) comenzaba a labrarse una reputación para hacer papeles de atolondrado de la que le costaría desprenderse. Sin grandes momentos de lucimiento personal, María Luisa Ponte aporta su gran presencia en pantalla. Más brillo tienen una jovencísima Nuria Gallardo que pronto se alejaría del cine para dedicarse casi por entero al teatro y Laura del Sol, hoy desaparecida de la interpretación, que había despuntado con sus excelentes trabajos en Carmen (1983) y El amor brujo (1986), ambas a las órdenes de Carlos Saura.

El reparto se completa con los personajes de Agustín González como un sátiro aspirante a empresario teatral, José María Caffarel como un director de cine que se caga en el padre de los hermanos Lumiere, Óscar Ladoire como director de casting o un, por aquel entonces desconocido, Carmelo Gómez haciendo de gañán en la primera aparición en pantalla grande de su carrera.

A pesar de la pátina de prestigio que el paso del tiempo ha otorgado a El mundo sigue y, especialmente, a El extraño viaje, películas que fueron malditas en su momento, El viaje a ninguna parte es probablemente la obra maestra de Fernando Fernán Gómez como director e, incuestionablemente, su película de más éxito. Desde el principio gozó del favor del público, de la crítica y, como se dijo anteriormente, de los incipientes premios de la Academia de Cine de España.


El viaje a ninguna parte está disponible para sus suscriptores en la plataforma FlixOlé. En cuanto al formato físico, ha sido editada en DVD por Suevia Films con el sello de TVE. Existe una edición con dos discos en uno de los cuales se incorporan casi tres horas de contenido extra: el coloquio del programa ¡Qué grande es el cine!, una entrevista de quince minutos, el programa Queridos Cómicos de TVE dedicado a Fernando Fernán Gómez y otro coloquio, del programa Versión Española. Lamentablemente no existe ninguna edición en Bluray.

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2 comentarios en «Centenario Fernando Fernán Gómez: Crítica de ‘El viaje a ninguna parte‘ (1986)»

  • el 23 febrero, 2022 a las 09:05
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    Hace una semana vi la obra de teatro, dirigida por Ramón Barea, me gustó, como la película un poco larga, pero un bonito homenaje a los cómicos. Por cierto me escandalizó que en la gala de los Goya no se mencionara el centenario de Fernán Gómez

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    • el 5 marzo, 2022 a las 11:27
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      El centenario realmente fue en 2021 que es cuando comenzamos este ciclo que aun se prolonga. No sé si se mencionaría en la gala de 2021, aquella que fue virtual y que presentó Antonio Banderas. No lo sé porque no la vi entera. Tampoco he visto completa la de este año, porque hablando de cosas largas (innecesariamente, en este caso) la gala de los Goya se lleva la palma.

      Respuesta

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