Crítica de ‘Tokyo Shaking’: El compromiso ético con los demás

Las críticas de Daniel Farriol:
Tokyo Shaking

Tokyo Shaking es un drama francés dirigido por Olivier Peyon (Les petites vacances, Une vie ailleurs) que también coescribe el guion junto a Cyril Brody. La historia nos sitúa en el 11 de marzo de 2011, cuando el mayor terremoto que ha experimentado Tokio desencadena el desastre nuclear de Fukushima, desde el punto de vista a de Alexandra, una ciudadana francesa madre de familia y que trabaja en el departamento de riesgos de un banco. Está protagonizada por Karin Viard (Las apariencias, La familia Bélier), Stéphane Bak (Mali Twist, Roads), Yumi Narita (My Little China Girl, De repente, el paraíso), Philippe Uchan, Jean François Cayrey, Charlie Dupont, Emilie Gavois-Kahn y Nola Blossom. La película se ha estrenado en España en Filmin el día 4 de Febrero de 2022.

La crisis ética derivada del movimiento sísmico

Tokyo Shaking es un interesante filme que utiliza de partida hechos verídicos (algunos inspirados en las vivencias de una amiga del propio director) para reflexionar con cierta distancia de miras sobre las diferencias culturales y el compromiso ético personal ante las adversidades. La historia nos sitúa en marzo de 2011 cuando un terremoto de magnitud 9,0 provocó un tsunami posterior con olas de 14 metros que alcanzaron a la central nuclear de Fukushima, liberando radioactividad en el océano y una nube tóxica en el aire que en aquellos momentos no se sabía si alcanzaría a Tokio.

La película está planteada desde el punto de vista de Alexandra, alta ejecutiva de una filial bancaria francesa en Japón. No es tanto un drama sobre la catástrofe sino una radiografía sobre la condición humana en los momentos de crisis que es cuando hay que decidir ser solidario o individualista, empático o cruel, honesto o indigno. Ante el caos organizativo de las empresas y la falta de información verídica de las autoridades sobre el accidente en la planta nuclear, los foráneos que vivían y trabajaban en Japón se tuvieron que debatir entre salir con el rabo entre las piernas lo antes posible o quedarse junto a los trabajadores locales para afrontar la crisis juntos. El director francés Olivier Peyon se muestra severamente crítico con sus conciudadanos y con la actitud discriminatoria de las grandes corporativas europeas que abandonaron a su suerte a muchos de sus empleados por considerarlos extranjeros.

El choque cultural entre oriente y occidente

Tokyo Shaking tiene dificultades para hallar el tono adecuado a la hora de trasladar esta historia al público. Se debate entre entre el drama social y la comedia costumbrista con algunas escenas y diálogos humorísticos que despistan la atención de lo que de verdad importa, restándole impacto emocional a los momentos más intensos. Sin embargo, la película sí aborda con inteligencia el choque cultural, sin caer en la obviedad ni el manierismo. La mirada juiciosa del personaje de Alexandra, excelente Karin Viard, se convierte en la propia mirada del espectador, sin entender el idioma local y aprendiendo en cada momento a comprender mejor a un país rico y específico en lo cultural, pero que en muchos aspectos se aleja bastante de nuestras costumbres.

Ahí, en los pequeños detalles, encontramos los grandes hallazgos del filme. Mientras que a los directivos de las grandes empresas extranjeras les importan más las fluctuaciones de las acciones en bolsa que el bienestar de sus propios empleados y se convierten en las ratas que abandonan el barco en plena tempestad, la sociedad nipona se convierte en la orquesta que sigue tocando la música durante el hundimiento para ofrecer una esperanza de salvación y superación de la crisis. Es el comportamiento ético del bushidō, el camino del guerrero samurái, donde la lealtad, el honor, la dignidad y la profesionalidad están por encima de los intereses personales o económicos. Aquí las acciones heroicas no requieren de valentía sino de compromiso ético con los demás. El seppuku (suicidio ritual) es una forma mitológica y extrema de escenificar el sentido de la responsabilidad y solidaridad que poseen.

Tokyo Shaking es una película irregular de la que muchas de sus reflexiones caen en saco roto por su absurda tendencia a la ligereza. Encontraremos personajes secundarios perfilados con trazo grueso o tópicas escenas familiares, pero los instantes que Alexandra comparte en pantalla con Amani (Stéphane Bak) o Kimiko (Yumi Narita) concentran algunos debates íntimos y morales interesantes que invitan a la meditación interna más sincera, a formularse preguntas incómodas a uno mismo y a hacer el esfuerzo de entender al otro (eso que tan poco se hace en la actualidad). Son éstos los momentos más acertados del filme, muy por encima del reflejo caótico de lo que supuso el accidente nuclear y sus repercusiones sociales.


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Tokyo Shaking

6.3

Puntuación

6.3/10

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