Crítica de ‘El tubo (Méandre)’: Las entrañas del duelo

Las críticas de Daniel Farriol:
El tubo (Méandre)

El tubo (Méandre) es un filme francés que combina terror de superviviencia y ciencia-ficción que está escrito y dirigido por Mathieu Turi (Hostile). La historia nos muestra a una mujer que se despierta dentro de un lugar con extraños conductos y con un brazalete que le va marcando el tiempo para realizar distintas pruebas que tiene que superar para salvar su vida. Está protagonizada por Gaia Weiss (Hércules. El origen de la leyenda, Blanca como la nieve, roja como la sangre), Peter Franzén (The Mine, Homecoming), Romane Libert, Frédéric Franchitti, Corneliu Dragomirescu y Eva Niewdanski. La película estuvo a competición en el Festival de Sitges 2020. Se ha estrenado en España comercialmente de la mano de A Contracorriente Films el día 3 de Septiembre de 2021.

La lucha por la supervivencia

El director francés Mathieu Turi pertenece a la nueva hornada de cineastas galos que busca revitalizar el género en su país con un enfoque que utiliza el terror para en realidad hablar de las emociones humanas. Habiéndose curtido en rodajes como asistente de dirección de cineastas de la importancia de Woody Allen, Luc Besson, Quentin Tarantino, Stephen Sommers o Clint Eastwood, sus dos obras como director realizadas hasta la fecha se complementan formando un curioso díptico futurista sobre el amor y la pérdida.

En Hostile (2017) nos situaba en un mundo apocalíptico donde la superviviente a una pandemia tenía un accidente de coche y debía luchar por su vida al ser acosada por una criatura monstruosa que la mantenía encerrada en el automóvil durante toda la película. En El tubo (Méandre) vuelve a una situación similar con una mujer encerrada siendo acosada por extrañas criaturas, pero propone una modificación importante y decisiva para darle un dinamismo nuevo a la película. Aquí la chica no debe mantenerse quieta para estar segura si no todo lo contrario, debe permanecer en constante movimiento para conseguirlo. La historia es inicialmente sencilla. Tras una breve introducción en la que la chica tiene un encuentro hostil con un presunto psicópata, despierta posteriormente en el interior de un extraño lugar formado por un intrincado laberinto de conductos. Le han puesto un brazalete que le va marcando el tiempo de las distintas pruebas a que es sometida para mantenerse con vida y tendrá que hacer sus propias deducciones para entender la lógica de ese lugar. 

Influencias cinematográficas y del mundo de los videojuegos

La inspiración para ese punto de partida recoge ideas ya vistas en Cube (Vincenzo Natali, 1997), Escape Room (Adam Robitel, 2019) o Saw (James Wan, 2004), pero pronto descubriremos que no se trata de nada parecido a uno de los espeluznantes juegos inventados para satisfacer a Jigsaw si no que todo forma parte de algo más grande e inesperado. Aún asumiendo sin complejos todas esas evidentes influencias cinematográficas entre las que también cabría incluir la escena en que el androide Bishop debe introducirse en un estrecho conducto de ventilación en Aliens: El regreso (James Cameron, 1986), es evidente que la película funciona bajo la mecánica y reglas que poseen los videojuegos de survival horror. De hecho, el propio director ha confirmado que su trabajo le debe mucho al diseñador japonés Hideo Kojima, creador de Metal Gear Solid, Snatcher, Death Stranding o PT, con el que incluso mantuvo un intercambio de ideas durante la gestación de su película. 

Tanto en Hostile como en El tubo (Méandre) el director Mathieu Turi, como buen admirador también de M. Night Shyamalan, utiliza el terror como vehículo para explorar lo humano y alegórico. Por eso en el tercer acto de ambas propone un brusco giro melodramático que puede sorprender o causar rechazo en el espectador. Creo que aquí le funciona mejor que en su ópera prima, convirtiendo la película en una metáfora en sí misma donde los tubos llenos de trampas pueden entenderse como las distintas etapas de la vida y los monstruos son el dolor que nos atormenta durante ese tortuoso camino de superación.  

Un organismo con vida propia

El tubo (Méandre) es claustrofóbica y emocionante. Mucho más cuando se vuelve más salvaje y loca. Tras una primera media hora bastante impersonal que no logra el clima taquicárdico de otras películas con personajes encerrados al estilo de Buried (Enterrado) (Rodrigo Cortés, 2010) o de la más reciente Oxígeno (Alexandre Aja, 2021), encuentra al igual que ésta última una deriva súbita y laminera que le lleva del simple survival a la ciencia-ficción existencialista y tarkovskiana sin ningún miedo a caer en el ridículo o en las incoherencias argumentales. Que sí, las hay bastantes. 

Para entonces poco importa porque la película ya te tiene atrapado y con el corazón acelerado. Que la película no se detenga nunca e imite a su protagonista en ese constante mirar hacia adelante la convierte en una experiencia mucho más satisfactoria y disfrutable para mi paladar. Mathieu Turi se mueve bien en los espacios reducidos y la puesta en escena no se vuelve repetitiva, creando momentos de verdadero ahogo y desesperación que se reflejan en toda su intensidad en el rostro de Gaia Weiss. El tubo (Méandre) es un organismo con vida propia compuesto por intestinos, membranas y hasta alma. El viaje por el luto de una mujer que ha perdido a su hija se vuelve aquí un divertido ejercicio de estilo que se regodea en el suspense, lo salpica con alguna escena gore y nos proporciona un buen pasatiempo palomitero que pone en el mapa del género a su director. Disfrútala.


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El tubo

7

Puntuación

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