Crítica de ‘4 días’: Rodrigo García filma un sensible viaje de la autocompasión a la autoestima

Las críticas de José F. Pérez Pertejo : 
4 días

 

Hubo un tiempo en el que la gente que escribíamos (o hablábamos) sobre cine utilizábamos el término “telefilm” de manera despectiva para menospreciar una película que nos parecía indigna de ser exhibida en las salas de cine y parecía más propia de ser emitida en alguna cadena de televisión en horario de sobremesa, ya saben a qué tipo de películas me refiero, de esas que empiezan con la alarmante advertencia de “basada en una historia real” y terminan con una moraleja ejemplarizante tras dos horas de sufrimiento.

También saben que los que escribimos sobre cine a veces somos un poco gafapasta (por no decir gilipollas) y soy el primero en entonar el mea culpa aunque les juro, palabrita del niño Jesús, que intento opinar sobre las películas con la mayor naturalidad de la que en cada momento soy capaz. El problema es que ahora, en estos nuevos tiempos en los que lo audiovisual, y el cine por extensión, está gobernado por las plataformas televisivas, el término telefilm es delicado de utilizar. ¿Las películas producidas y exhibidas por Netflix, Amazon o HBO son telefilms? ¿Roma, El Irlandés, Historia de un matrimonio o Mank son telefilms? Habrá que ir dejándose de utilizar el termino telefilm con significado despectivo o, mejor aún, habrá que ir dejando de utilizar términos despectivos con las películas que no nos parecen buenas.  

Y viene esta reflexión autoinculpatoria a que la primera palabra que se me ha venido a la cabeza tras ver 4 días es precisamente esa, telefilm. Y voy a decir más, si esta misma película, igualita, igualita, en lugar de estar dirigida por un tipo con la sensibilidad (y el prestigio) de Rodrigo García la hubiera dirigido un desconocido y en vez de estar protagonizada por dos actrices de la talla de Glenn Close y Mila Kunis la hubieran interpretado dos actrices sin carisma ni relumbrón, nos la calzarían el día menos pensado en la sobremesa de cualquier cadena televisiva mientras todavía no habíamos encontrado postura en el sofá.

Tengo, mientras veo 4 días, la permanente sensación de que esta historia ya me la han contado, no consigo recordar ningún título como referencia, pero ya he visto esto. Una chica que echa su vida a perder por culpa de las malditas drogas y una madre coraje que hace convivir su permanente desconfianza con su amor incondicional y su absoluto desvelo para ayudar a salir a su hija del cenagal en el que está metida. Este es el meollo argumental de estos 4 días que la joven Molly (Mila Kunis) ha de permanecer limpia para poder recibir un tratamiento que la saque de su adicción. Cuatro días durante los que su madre (Glenn Close) hará todo lo posible para ayudarla a pesar de sus recelos y su desencanto.

Pero es cierto que con este argumento, ya manido, Rodrigo García hace una nueva tesis sobre su tema favorito: los seres humanos y los vínculos afectivos que se establecen entre ellos, algo sobre lo que ha edificado su filmografía. El guion escarba en el pasado de ambas mujeres para tratar de esclarecer dónde se echó a perder todo y sentenciar con un salomónico reparto de culpas que las lleve de ese dificilísimo tránsito de la autocompasión a la autoestima. El duelo interpretativo entre las dos actrices es, sin duda alguna, lo más reseñable de un largometraje digno, filmado con sensibilidad y lo suficientemente entretenido. Mila Kunis hace uno de los mejores trabajos de su carrera y Glenn Close uno más de los muchos que nos ha brindado en su filmografía.

Aburrimiento, ansiedad, vergüenza, soledad. Son las explicaciones que Molly encuentra cuando le preguntan a bocajarro por qué es adicta a todas las porquerías que se mete. Por un momento me pregunto si no son las mismas razones que explican las pequeñas miserias (o adicciones) con las que, en mayor o menor medida, todos convivimos. Adictos al tabaco, al alcohol, al café, al trabajo, al deporte, al chocolate, a la coca cola, a la evasión, a la reclusión, a la comida basura o a la comida sana. Sí, también conozco adictos a la comida sana, se lo aseguro. Lo que ocurre es que no todas las adicciones (llámenlas obsesiones si se sienten más cómodos) nos convierten en parias de la sociedad ni nos hunden en un pozo de autodestrucción como el que ha llevado a Molly a perderlo (casi) todo. Una bajada a los infiernos de la que tal vez solo nos pueda hacer subir una madre. Una madre coraje.


¿Qué te ha parecido la película?

4 días

6

Puntuación

6.0/10

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