Crítica de ‘El informe Auschwitz’: Para que no se nos olvide

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El informe Auschwitz
 

Aunque se cuentan por centenares las películas sobre el genocidio judío a manos de los nazis durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, no todas las historias están contadas. La película eslovaca El informe Auschwitz, basada en una historia real, comienza con una auténtica declaración de intenciones a través de la célebre frase del filósofo español George Santayana “Those who cannot remember the past are condemned to repeat it” cuya traducción, un tanto libre, por “Aquellos que no conocen su historia están condenados a repetirla” figura, grabada en una placa, a la entrada del bloque número 4 del campo de concentración de Auschwitz para recibir a los millones de visitantes que siguen yendo, hoy en día, a conocer aquel santuario del horror y la ignominia. Precisamente para eso, para que no se nos olvide. Para que no vuelva a ocurrir.  

La segunda declaración de intenciones, claramente entroncada con la primera, llegará al final de la película acompañando a los títulos de crédito. Son grabaciones de audio con discursos que niegan el genocidio judío y la existencia de las cámaras de gas o que alertan del peligro que representan para las sociedades modernas los inmigrantes (llámense judíos, gitanos, marroquíes o mexicanos según la latitud que corresponda) o los homosexuales. Lo escalofriante es que esos discursos no pertenecen al pasado, son fragmentos de discursos pronunciados en pleno siglo XXI por políticos que siguen enardeciendo a las masas con estas arengas preñadas de odio. Casi cien años después corremos el riesgo de repetir los mismos errores.

Entre una y otra declaración de intenciones, lo que hay son 94 minutos de cine implacable en los que Peter Bebjak no tiene la más mínima piedad por los espectadores sensibles. No hay filtros en una mirada dirigida de frente al horror. La brutalidad del día a día en Auschwitz es mostrado de forma descarnada sin proveer al público de anestesia o, siquiera, analgésicos con los que protegerse del dolor que provocan unas imágenes que, de una u otra forma, ya se nos han mostrado en muchas películas anteriores.  

Y es precisamente en su afán por no repetir de forma rutinaria lo que tantas veces nos ha contado el cine, que Peter Bebjak renuncia a la pulcritud narrativa (el montaje está lleno de trampas empezando por su secuencia inicial) en pos de una decidida apuesta estética. Cada plano (o al menos la mayoría de ellos) está meticulosamente encuadrado, iluminado y planificado para convertirse en una pieza de exposición fotográfica a cargo del director de fotografía Martin Zieran que impregna la pantalla de blancos, naranjas y grises. El problema es que este exceso de alardes visuales hace caer el film en cierto ensimismamiento estético que, en algunos momentos, hace avanzar la película de un modo un tanto irregular.

El último tercio del film abandona el campo de Auschwitz para terminar de contarnos la historia de los dos protagonistas, las dos personas reales que justifican la realización de la película y su explícito título: el informe Auschwitz elaborado por Alfred Wetzler (1918-1988) y Rudolf Vrba (1924-2006) que consiguieron sacar a la luz de los medios de información estadounidenses las atrocidades que se estaban cometiendo en Auschwitz-Birkenau cuando todavía estaban teniendo lugar. Bebjak se entrega, ahora sí, a sostener con firmeza el relato y compone un tramo final menos bello pero con un pulso narrativo mucho más firme.

La originalidad de El informe Auschwitz radica en que resulta un film singularmente bello desde su devastador relato. Protagonizada por Noël Czuczor y Peter Ondrejica y con la participación del británico John Hannah en el único papel anglófono del film, El informe Auschwitz ha sido la película seleccionada por Eslovaquia para competir por el Óscar a la Mejor Película Internacional, categoría en la que finalmente no ha sido nominada.


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El informe Auschwitz

7

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