Crítica de ‘Mula’: Entretenido regreso de Eastwood a la interpretación

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Mula 
 

Imagino que como a una gran mayoría de aficionados al cine me entristeció la noticia de hace algunos años en la que Clint Eastwood anunciaba que no volvería a aparecer en sus películas porque consideraba que dirigir e interpretar era demasiado trabajo a su edad. Siempre he admirado más al Eastwood director que al actor pero algunas de sus obras maestras (Sin perdón, Los puentes de Madison, Un mundo perfecto, Million Dollar Baby, Gran Torino) no serían lo mismo sin la presencia de un tipo tan magnético como sorprendentemente dotado para combinar la rudeza de un matón con la sensibilidad de un hombre capaz de poner el amor como motor de sus decisiones.

No resulta difícil de creer que la historia real del octogenario Leo Sharp, dada a conocer al parecer por un artículo aparecido en 2011 en el New York Times, debió ser una tentación demasiado difícil de resistir para Eastwood antes de volverse a poner en la piel del protagonista de su nueva película, Mula, y no se me ocurre un solo actor de esa edad que pudiera encarnar a un tipo tan contradictorio, enigmático, soberbio, seductor, sarcástico y sensible como el propio Clint. Su creación de este anciano, veterano de la Segunda Guerra Mundial y horticultor profesional durante prácticamente toda su vida, supone un espejo en el que Eastwood se mira (y se muestra) con tanta complacencia como socarronería, es indudable que en algunos momentos se ríe de si mismo con la misma sorna con la que se ríe de todos los demás (sí, de nosotros también) encarnados en una sociedad consumista, dependiente de internet y esclava de la corrección política.

Leo Sharp, o Earl Stone que es como se llama el personaje en la película, se dedicó durante el final de su vida, cumplidos los ochenta, a trabajar de mula, es decir, a transportar droga para el cártel de Sinaloa batiendo varios records de cantidades y trayendo de cabeza a los agentes federales de la DEA que poco podían sospechar que su mula era ese anciano que conducía (al principio) un coche destartalado, al que nunca habían puesto una multa de tráfico y que hasta hace poco se había dedicado a cultivar flores y recorrer el país ganando certámenes florales con sus lirios.

Pero el guion de Nick Schenk (guionista también de Gran Torino) nos cuenta dos historias por el precio de una, por una parte tenemos la peli de aventuras (no veo ajustado llamarla thriller aunque en algunos momentos lo parezca) en la que el anciano realiza sus trayectos adentrándose en algunas profundidades de los estados centrales de Estados Unidos (de Illinois a Nuevo México), conviviendo con tipos muy poco recomendables y, por otra parte, el drama familiar que tantas veces nos han contado acerca de un hombre que al final de su vida se da cuenta del poco tiempo que ha dedicado a su familia y se permite dar lecciones a los demás para que no caigan en sus mismos errores.

Me entretengo, me divierto incluso por momentos, con la primera historia. Eastwood conduce la película con el mismo buen tino que su coche y me interesa lo que ocurra con ese hombre que se pasa por el arco de triunfo sus principios éticos a cambio de la sustanciosa pasta con la que pagar la boda de su nieta, cancelar la hipoteca de su casa o restaurar el club de baile de sus amigos del pueblo. La investigación de los agentes de la DEA con Laurence Fishburne como jefazo y Bradley Cooper y Michael Peña como agentes está también contada con un adecuado sentido del ritmo y con la suficiente brevedad como para no comerse el núcleo central del relato.

El problema viene cada vez que Eastwood aparta la cámara de su papel de mula para ocuparse de su papel de hombre enfrentado a su pasado familiar, las secuencias con su mujer (Dianne Wiest), su hija (Allison Eastwood, hija también en la vida real) o nieta (Taissa Farmiga) transitan por todos los lugares comunes que el cine ha trillado centenares de veces, todo resulta hueco y previsible de puro “ya visto” y “ya escuchado”. La típica boda americana, la típica fiesta de graduación, la típica enfermedad terminal, el típico funeral y el típico ajuste de cuentas con reproches, reconciliación, buenas intenciones y futuro incierto.

Creo, sin embargo, que esta sensación obedece más a un déficit de guion que de dirección; a Nick Schenk le falta la sutileza escribiendo que derrochó en el excelente guion de Gran Torino. No es que me moleste el discurso bienintencionado aunque habrá a quien le suene rancio o reaccionario, soy un convencido de que mi vida familiar (y personal) es mucho más importante que mi trabajo (por muy en serio que me lo tomo) y no me ha hecho falta llegar a viejo para no escatimar minutos a lo primero en beneficio de lo segundo, pero esto ya me lo han contado (mejor) muchas veces.

Mula es una película entretenida en la que por momentos se respira la sensación de gran cine que desprendían las obras mayores de Eastwood pero que lamentablemente se diluye en las insustanciales derivas de un guion perezoso. Aun así, las aventuras y desventuras del anciano Earl con algunos impagables toques de humor, la posibilidad de ver a Eastwood de nuevo interpretando y la excelente realización de un maestro del cine son ingredientes suficientes para que el resultado final sea superior a la media de lo exhibido habitualmente en la cartelera.


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