Crítica de ‘Petra’: Tragedia griega en el Empordà

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Petra
 
Jaime Rosales es incuestionablemente uno de los cineastas españoles a los que más inequívocamente se les puede llamar autor, ninguna de sus películas desde la ya lejana Las horas del día (2003) cede ante convencionalismos narrativos, puestas en escena costumbristas, concepciones clásicas de los planos y secuencias o búsquedas fáciles de las emociones con intérpretes expansivos o bandas sonoras enfáticas. Esto, indefectiblemente genera un cine difícil para el espectador acostumbrado a otro tipo de fórmulas o incluso de autorías más asequibles. Ver una película de Jaime Rosales no es ni fácil ni cómodo ni complaciente.
 
Sin embargo, así como en algunos directores esa obsesión por ser alternativos me resulta irritante, en Jaime Rosales me interesa por la sencilla razón de que me creo sus postulados. No detecto en él ninguna pose, ninguna premeditación para buscar resultar diferente porque sí, creo que en sus películas hace lo que quiere hacer porque cree en ello y por pura investigación sobre las posibilidades del lenguaje cinematográfico para contar una historia. No todas sus películas me gustan, recuerdo con espanto Tiro en la cabeza (2008) que me pareció un latazo insoportable, sin embargo, sus dos primeros largometrajes, Las horas del día y, especialmente, La Soledad (2007) me hicieron albergar la esperanza del nacimiento de un cineasta con mayúsculas que se confirma con Petra, su obra más profunda, madura, compleja, inquietante y perturbadora hasta la fecha.
 
Filmada en localizaciones urbanas de Madrid y mayoritariamente en muy fotogénicas localizaciones del Ampurdán (Empordà) catalán, Petra se erige como una auténtica tragedia griega en siete actos a los que Rosales, en esa búsqueda de modos de vulnerar la narrativa clásica, desordena traviesamente para romper la línea temporal y al mismo tiempo jugar con la información que gradualmente va dando al espectador. El caso es que, a pesar de que podría parecer confuso, el recurso funciona.
 
Petra (Bárbara Lennie) es una mujer joven, con vocación artística y a la que no le interesa demasiado el dinero, que visita a Jaume (Joan Botey), un reputado escultor con el que quiere pasar una temporada con la declarada intención de aprender de su talento artístico y de sus técnicas de trabajo. Para ello se aloja en el casoplón de la familia donde Jaume vive con su esposa Marisa (Marisa Paredes) y con su hijo Lucas (Álex Brendemühl) amén de la familia que tienen a su servicio. Una vez allí, se va desvelando que hay otra intención no declarada en la presencia de Petra en la casa, al tiempo que se van tejiendo vínculos de diversa índole entre los diferentes personajes.
 
La ruptura de la línea temporal por la ya dicha alteración del orden de los capítulos permite a Rosales jugar con el presente y el pasado y hace que a pesar de que cuesta un poco entrar en la película, el espectador (que no tenga la mala costumbre de leerse las sinopsis) irá descubriendo lo que ocurre al tiempo que avanza el metraje y una vez dentro ya no querrá salir. La construcción de los personajes está apenas hilvanada en el guion pues, como ya hizo en Sueño y silencio (2012), Rosales somete a sus actores a secuencias completas con diálogos improvisados huyendo de la actuación que, si bien juegan a favor de la naturalidad y la frescura del film, contrastan con el tono de trascendencia con el que Rosales subraya algunos momentos.
 
Bárbara Lennie vuelve a dar un auténtico recital aunque curiosamente, quizá llevada de esa improvisación a la que la somete Rosales, se mueva más cerca de los registros interpretativos que emplea habitualmente en el teatro (no olvidemos que es una Kamikaze) que de los del cine. En cualquier caso, su trabajo es otro hito que añadir a la larga lista de sobresalientes personajes creados durante los últimos años. A su lado, la gran Marisa Paredes exprime al máximo un papel con poca presencia en pantalla pero intenso poso en el espectador. Sin embargo, la gran sorpresa de elenco viene de un actor no profesional, Joan Botey, que construye a uno de los personajes más (perdónenme el exabrupto) hijos de puta que recuerdo haber visto en el cine en mucho tiempo. Un tipo tóxico carente de escrúpulos, ética, moral o respeto alguno por los más mínimos principios de humanidad. La naturalidad con la que Botey dice las barbaridades que dice a bocajarro es de las que o hace hervir la sangre o soltar una carcajada de incredulidad.
 
Petra tiene cinco nominaciones a los premios Feroz incluyendo mejor película dramática, mejor guion, mejor actriz (Bárbara Lennie), mejor actriz de reparto (Marisa Paredes) y mejor actor de reparto (Joan Botey). También estuvo su protagonista, Bárbara Lennie, nominada a mejor actriz en los Premios del Cine Europeo en los que la presencia del cine español suele ser más bien escueta, sin embargo, ha sido inexplicablemente ignorada en las nominaciones a los Goya cuya ausencia debería ser motivo de sonrojo para la Academia de Cine.

¿Qué te ha parecido la película?

Crítica de ‘Petra’: Tragedia griega en el Empordà
4 (80%) 1 vote

8

Puntuación

8.0/10

También te puede interesar

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.