Crítica de ‘Los perros’: Los ladridos del pasado

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: Los perros 

De la emergente cinematografía chilena abanderada por Pablo Larraín y ganadora este año del Óscar a la mejor película extranjera con Una mujer fantástica (Sebastián Lelio) nos llega la película Los Perros, segundo largometraje de ficción de la directora Marcela Said.

Una mujer que a sus cuarenta y dos años encuentra su mayor diversión en cantar las canciones de Camilo Sesto junto a su doncella es, indudablemente, una mujer aburrida. Mariana (Antonia Zegers), que así se llama, vive a la sombra de un padre autoritario (Alejandro Sieveking) que trata de no parecerlo y un marido mediocre (Rafael Spregelburd) que no puede evitar serlo. La búsqueda de distracción aprendiendo a montar a caballo le lleva a conocer a Juan (Alfredo Castro), un ex militar durante la dictadura chilena reconvertido en profesor de equitación que no puede, a su pesar, huir de un inquietante y turbio pasado.

Con este punto de partida y estos cuatro personajes básicos, la directora chilena Marcela Said construye un film premioso en exceso y extenuantemente contemplativo de los que ponen a prueba la paciencia del espectador necesitado de que le cuenten algo con un poquito más de ritmo. El argumento de Los perros no es lo suficientemente interesante como para soportar el tempo al que Said somete a la narración. Como espectador tengo permanentemente la sensación de que el trasfondo de la historia es mucho más importante que lo que está ocurriendo en pantalla, y ese trasfondo desenfocado y dado siempre por sabido se difumina en favor de la historia de unos personajes que no tienen, ni de lejos, el atractivo necesario para sostener un metraje que a pesar de no ser demasiado largo (94 minutos) se hace eterno.

Y es que el nudo gordiano de Los perros ya nos lo han contado más veces. Lo que Marcela Said viene a recordarnos es que las dictaduras y sus secuelas siempre sobreviven a los dictadores; y las personas, tanto las que sufren los crímenes o la persecución como las que miran para otro lado no queriendo ver las atrocidades cometidas, necesitan de varias generaciones para restañar las heridas del miedo, del odio y del rencor. No hay nada de novedad en el planteamiento de Said que también firma un guion que parece querer jugar demasiadas cartas y no terminar de encontrar ninguna baza ganadora. Los perros no consigue ser un film denuncia de la dictadura militar chilena, ni ejercer un revisionismo de lo sucedido, ni plantear una vía de entendimiento sobre la que construir un modelo de convivencia. Tal vez no pretendía ninguno de estos hitos y el único planteamiento era contar una historia, si es así, al guion le sobran tiempos muertos y le falta definir unos personajes con los que resulta muy difícil empatizar.

El personaje de Mariana se mueve a golpe de capricho a pesar de no saber bien lo que quiere, sus decisiones, tanto las emocionales como las presuntamente racionales parecen siempre arbitrarias, no sabemos que busca en sus relaciones o que piensa de su padre, de su marido o dónde radica la inquietante atracción que siente por su profesor de equitación. Antonia Zegers se mueve en registros poco expresivos e impregna su personaje de una especie de atonía melancólica muy a tono con el film. Peor aún está el veterano Alejandro Sieveking que se limita a decir sus líneas con bastante imprecisión. El único que está francamente bien es el siempre solvente Alfredo Castro que compone con acierto un personaje deliberadamente ambiguo con el que generar suficiente incomodidad en el espectador. Algo es algo. 


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