SITGES 2017. Crítica de ‘Caniba’: A veces te mataría, y otras en cambio te quiero comer

Las críticas de Agustín Olivares en Sitges 2017: Caniba

Un documental que nos introduce en la intimidad de Issei Sagawa, un japonés que fue pillado en 1981 tratando de deshacerse de la chica que se había comido parcialmente la noche anterior. Hoy en día, dicho personaje vive en Japón, libre de condena, junto a su hermano.

Caniba es incómoda de ver en todos los aspectos. Verena Paravel y Lucien Castaing-Taylor, los directores, han optado por una propuesta estética arriesgada, utilizando únicamente primeros primerísimos planos (más o menos, abarca desde el principio de la frente hasta el mentón). Estar tan cerca de los hermanos protagonistas es realmente inquietante. Tan poco espacio me despertó agobio, ganas de largarme. El biorritmo pausadísimo de Issei Sagawa, sumado a la aparente reticencia a editar sus intervenciones para acelerar el montaje, acusan la necesidad de irse de la sala. De hecho mucha gente se iba antes de los 30 minutos de película, cuando ha habido mucha palabrería y mucho plano fijo pero poco contenido. En este aspecto Caniba requiere de paciencia, puesto que lo bueno llega pasada la primera media hora.

Volviendo a la propuesta estética, tengo que reconocer que no me gustó demasiado. Me gusta ver el contexto, la gestualidad de las manos, cómo se mueve el personaje… En este caso el contexto me parece muy importante, pero nos lo perdemos absolutamente. No obstante, ese eterno primer primerísimo plano nos permite estudiar la gestualidad de Issei, sus tics y dejes. Le cogí un ascazo terrible cuando come. Tiene una forma de mover la mandíbula nauseabunda.

Esta falta de contexto y de edición no solo tiene que ver con el momento presente grabado, sino con el conjunto global del documental. Va hacia delante y hacia atrás, confundiendo un poco. Al final del documental aparece de repente una japonesa vestida de sirvienta que no sabes que pinta ahí, ni nunca llegas a saberlo. Seguro que hay una historia interesantísima detrás de esta aparición, pero Paravel y Castaing se la reservan para ellos.

Las entrevistas grabadas en el presente se entremezclan con material privado de los hermanos: fotos familiares, videos en Súper 8… y un inquietante vídeo pornográfico de Issei con una prostituta. Todo naturalidad, con un clímax digno de Sitges. Resulta curioso, pero este material es el que te permite respirar, pese a ver a semejante sujeto bombeando a su marcha. Aunque, en mi opinión, ésta no es la parte más inquietante, sino cuando Issei muestra a cámara y lee el manga que escribió relatando su experiencia caníbal. Dibujos detallados, interpretación vocal y los comentarios de fondo de su hermano, el cual desconocía por completo esta obra, que por lo visto fue editada en Japón.

En realidad el hermano está presente desde el principio del documental, participando más y más a medida que avanza el metraje. No entiendes muy bien que pinta este tipo ahí, el que te interesa es el caníbal. Pero de repente, después de ver el manga de Issei, dice a los documentalistas que quiere enseñarles algo. Y, amigos, esta parte es chunga de veras. En ese momento te preguntas cuál de los dos está peor de la cabeza. Aquí mucha más gente abandonó la sala.

Para finalizar el documental meten una canción en francés, con letras tipo Karaoke incluidas, que habla de la locura. Como gag final está bien, pero en vez de cortar en el primer estribillo se les va la olla y te colocan toda la canción. Si ya tenías ganas de levantarte esto fue el remate.

En definitiva, Caniba es un documental muy lento, inquietante y difícil de ver. Hay imágenes explícitas que, aunque son mucho menos extremas de lo que puedes encontrar en cualquier película, tienen el añadido de que son totalmente reales. Issei es un personaje inquietante pero cautivador. Quieres saber más de él, y a partir del momento hardcore del hermano también te interesas por éste. Si os gustan las películas diferentes dadle una oportunidad, probablemente os marque para bien o para mal.

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