SITGES 2017. Crítica de ‘Big Fish and Begonia’: Preciosa película que (casi) te toca el corazón

Las críticas de Agustín Olivares en Sitges 2017: Big Fish and Begonia

Big Fish and Begonia es una película de animación china que ha tardado la friolera de 12 años en acabarse. Su producción empezó en 2005, y tras muchas idas y venidas de financiación, sus directores y guionistas, Liang Xuan y Zhang Xun, publicaron un clip en Weibo (el Facebook chino) donde pedían difusión a los fans. Éstos quedaron maravillados, y la reacción fue tan eufórica que llamaron la atención de Enlight Media, quienes pusieron el dinero restante para terminarla.

En el universo de Big Fish and Begonia existe un mundo de seres fantásticos bajo los mares y la tierra terrestre. Estos seres manejan el tiempo atmosférico en la tierra, y cada miembro debe subir al mundo humano al cumplir los 16 años para ver el trabajo que deberán realizar en el futuro. Chun es una de esas adolescentes, que transformándose en un delfín rojo visita la tierra. En una de sus aventuras se enreda en una red, y un joven amante de los animales la salva, ahogándose en el intento. Chun tratará de subsanar su error devolviendo a la vida al joven, enfrentándose a su comunidad y sacrificando lo que más quiere.

Big Fish and Begonia estéticamente es espectacular. La deliciosa animación, pese a ser generada por ordenador, te atrapa y te transporta a un mundo mágico y fantástico, donde la naturaleza y los seres dominantes (no los llamaré humanos porque no lo son) viven en perfecta armonía. La saturación de los rojos, azules y verdes es hipnótica, y los gráciles movimientos de las criaturas sencillamente sensacionales.

La caracterización de cada una de las criaturas es única, dotándolas de carácter propio aun sin tener peso narrativo. Por supuesto los personajes principales tienen su mundo interno muy trabajado, por lo que conectas enseguida con Chun, el joven animalista y el mejor amigo de Chun, Qiu. No obstante, personajes como el Guardian de las Almas tienen cambios en su forma de actuar que parecen muy poco justificados.

La música realza las emociones y te sumerge todavía más en la acción, haciendo que en los primeros 30 minutos de la historia se te encoja el corazón. La lástima es que a partir de este momento empiezan a ocurrir muchísimas cosas para las que no te han preparado, expulsándote de la película continuamente y obligándote a adaptarte al “nuevo” status quo de la situación. Es un error de planteamiento del universo, que debería estar claro para el espectador antes de que alguna de las normas de dicho universo cambie el curso de la historia. Por ejemplo, si para acceder al mundo de los humanos necesitas un objeto humano es algo que tienes que contar mucho antes de que alguien intente acceder a dicho mundo sin un objeto.

También creo que los guionistas/directores perdieron el rumbo con respecto a lo que querían contar y conseguir. Creo estar en lo cierto si doy por sentado que querían hacer una película emotiva, que tocara el corazón del espectador y le hiciera reconciliarse con el mundo en el que vive. Sin embargo, cuando ya tienen enganchado al espectador, se van por otros derroteros más cercanos a la aventura adrenalínica en la que no hay tiempo para la reflexión, solo para la acción. Al final queda un pastiche de cosas que ocurren porque sí, subtramas que no se cierran y con un desenlace poco satisfactorio. Y es una lástima, porque podría haber sido una gran película con un mensaje muy positivo.

En definitiva, Big Fish and Begonia seguro que gusta a los fanáticos de la animación nipona estilo Ghibli, y seguro que los más pequeños la disfrutan con alegría. Pero desgraciadamente el guion se desinfla progresivamente, dando lugar a un final insatisfactorio y poco emotivo.

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