62 SEMINCI. Sección oficial. Crítica de ‘Hacia la luz (Hikari)’: Delicada historia sobre el poder de la vista

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 62 SEMINCI:
Hacia la luz (Hikari)

Naomi Kawase escribe y dirige esta emotiva y delicada historia de búsqueda de esa luz que nos oriente hacia el camino correcto, literal y metafóricamente, y lo hace con su sello de identidad.

En Hacia la luz, Misako es una apasionada guionista de películas para invidentes. En una proyección cinematográfica conoce a Masaya, un fotógrafo mayor que ella que está perdiendo su vista lentamente. Misako pronto descubrirá las fotografías de Masaya, que la transportarán a algunos recuerdos de su pasado. Juntos aprenderán a ver de manera resplandeciente el mundo que antes era invisible a sus ojos.

Ayame Misaki interpreta a Misako, alguien llena de vida e ilusión, y refrescantemente irritable, quien pone voz a las audiodescripciones de películas para mejorar la experiencia de las personas con discapacidad visual, y así es como conoce al malhumorado y atractivo maduro Masaya Nakamori (Masatoshi Nagase), quien está perdiendo la vista tras años siendo un reconocido fotógrafo. Entre ambos parece que hay más separación que la mera visión, pero ambos buscan una luz, y ella se obsesiona con una imagen particular de un atardecer capturada por el fotógrafo.

La historia se desarrolla lentamente, bajo la caída de las hojas en el otoño de Nara, que sirve de metáfora para el fotógrafo, pues se trata de una ciudad muy respetada pero pasada de moda, al igual que le sucede a él, y va dejando atrás el soleado verano para adentrarse en las sombras otoñales. Se echa en falta un mayor desarrollo de los personajes, sobre todo en lo que respecta a Misako, de quien conocemos poco más que su trabajo y su pequeño entorno familiar, mientras que sí que nos desarrollan algo más el pasado y presente de Nakamori, a través de recuerdos y de sus compañeros.

Tal y como sucede a las personas que han perdido la vista, el sonido juega un papel fundamental, y el editor de sonido francés Roman Dymny hace un trabajo encomiable, que va más allá de la propia ambientación y deja influencias de la Nouvelle Vague en las imágenes. El trompetista Ibrahim Maalouf se pone a las ordenes de la cineasta japonesa para ofrecernos, entre otros, un tema principal de piano y trompeta en la línea de su reconocible estilo, capturando el golpeteo del mundo alrededor de Nakamori.

Frecuentemente bañada en la luz melosa de las últimas horas del día, con una agradable y vaporosa imagen, la película es todo un canto a la belleza de la naturaleza y a lo que la vida nos deja ver o, en su caso, percibir con descripciones. Kawase, con ayuda de director de fotografía Arata Dodo (su padre, Shunji Dodo, era el maestro de Kawase) capta cada emoción de los personajes en primer plano, a menudo con una cámara en mano siguiendo todos sus movimientos. Este enfoque directo incluso de la perdida de la visión de Masaya refuerza el melodrama, permite que se encienda la ira del fotógrafo, pero no sólo expresa su mundo visual, sino que se vuelve cada vez más tenue, reforzándose en contraposición la luz exterior, desde el sol brillando a través de los árboles hasta la foto de Masaya de un maravilloso atardecer.

Al igual que en películas anteriores, Kawase utiliza este tipo de contraste entre el sufrimiento humano y la belleza natural para presentar composiciones poéticas breves que expresan un solo pensamiento principal, en este caso la idea de superación del resentimiento y el aislamiento.

La sensación que transmite Hacia la luz es ambigua a nivel temporal, pues en ningún momento nos dicen la fecha exacta, pero no es la actualidad, pues tenemos máquinas de fax, tarjetas telefónicas y monedas de 500¥ con el antiguo diseño, aunque sí que nos da un toque contemporáneo la presencia de móviles actuales.

Los fans de los dramas personales de Kawase agradecerán el tono melancólico de Hacia la luz, dejando un brillo especial en nuestras retinas tan delicada historia de amor.

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