El bebé jefazo

De unos años a esta parte, desde que tengo hijas en edad de ser llevadas al cine, veo un alto porcentaje de las películas de animación que se estrenan en nuestra cartelera. No podría decir que las veo todas, primero porque no tengo tiempo para todo, segundo porque no toda la animación es para público infantil y tercero porque hay determinadas, vamos a llamarlas cosas, que me niego a ver tras cierta experiencia acumulada.

Dejando a un lado las maravillas que suele hacer el estudio Ghibli en Japón o Cartoon Saloon en Irlanda y las más que estimables películas francesas de Sylvain Chomet o estadounidenses del estudio Laika, la mayor parte de las películas que alcanzan distribución internacional y por tanto estrenos a bombo y platillo con gran aparato publicitario e inundación de merchandising al canto proceden, como no, de Hollywood. Y a pesar de que detesto los prejuicios, de todo cuanto llega de Hollywood, tan solo la etiqueta Pixar y, en similar medida Disney, me ofrecen las suficientes garantías como para ir al cine sin el semblante de un cordero llevado al matadero.

Crítica completa aquí.

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