Crítica de ‘Tusk’: Locura, colmillos y Guy Lapointe

Las críticas de Fernando Quintero: Tusk
  

Aún estoy en shock por el final de Tusk, y no por la conclusión de la película, sino por toda ella en general. Soy un gran seguidor de Kevin Smith desde Clerks, lo cual ha sido un gran condicionante para ver esta película, aunque había otros: como volver a ver a un desaparecido Justin Long y a un todavía más ausente Haley Joel Osment en el cine actual. Básicamente estos tres factores son los que empujan a ver una película con una temática tan extraña.

Amante de lo gore, he de decir que me esperaba algo más bestia, pero en cuanto reflexiono sobre ello, recuerdo que estoy ante una película de Kevin Smith y no de Eli Roth, sabiendo que él no muestra en sus películas algo tan específico (sin contar la médium de tres pezones que sale en Mallrats). Da gusto escribir inmediatamente sobre este tipo de películas, pues si tardase un tiempo seguro que no saldría nada bueno, pero contar una historia tan retorcida, merece incluso ciertas alabanzas. 

Para aquellos que esperan otra película de Smith y de sus obras tipo Clerks, Dogma y demás trabajos que incluía a unos “desconocidos” Ben Affleck o Jason Lee, que tengan por seguro que no está ni cerca de parecerse a estas. Se trata de algo nuevo que el director ha querido mostrar al público… y él tendrá sus razones.

No quiero morir en Canadá”. Esta es la frase de desesperación que más caracteriza al personaje de un Justin Long que no hace ni por asomo es papel de su vida, aunque con su elección para interpretar a este personaje, tampoco iba a conseguirlo. Tal vez si no estuviese ataviado con ese traje de morsa y se pudieran ver mejor sus expresiones faciales y corporales, quizá podría haber hecho algo más, pero su interpretación es tan pobre como su diálogo.

Sin embargo, su compañero de reparto (a pesar de no haberse visto involucrado en una producción de este “tamaño” desde hacía años) parece no verse afectado y Haley Joel Osment cumple con lo especificado. Más que para ver a Justin Long vestido con un traje de morsa (que más de morsa parece el muñón de su pierna), la atracción principal para ver Tusk es sin duda la reaparición del niño de El sexto sentido (aunque parezca un hombre que se ha comido a ese niño).

No hay que desprestigiar a la otra gran figura que protagoniza la película: Michael Parks (más conocido por interpretar hasta la saciedad a Earl McGraw en las películas de Quentin Tarantino y Robert Rodríguez), que hace un papel sublime, recordando en algún momento (salvando las distancias) al Dr. Hannibal Lecter. Hay hasta tres cambios de registro que se pueden contar en la interpretación de este actor y quizá el más destacable sea la escena que comparte con el personaje de Guy Lapointe.  

Sí, hay que mencionar al señor Guy Lapointe. Quizá sea evidente para muchos quien es el actor que está detrás de este nombre, aunque debo confesar que me ha costado mucho tiempo (más del que me gustaría admitir) que, tras ese bigote y debajo de esa boina francesa, se escondía Johnny Depp. Por una parte me avergüenza no haber sabido quien era el actor que interpretaba al personaje que eclipsaba al resto de protagonistas, aunque por otra parte me ha gustado no haberlo descubierto, algo que ha significado que por fin he visto a un loco, no a Johnny Depp haciendo de loco.

Pueden provocar confusión algunos efectos y, sobretodo, el maquillaje de la película y es algo negativo que puede afectar a quien esté delante de la pantalla, pues la falsedad de esto puede provocar las carcajadas de los presentes, aunque sí que hay que defender que, a pesar de no ser un maquillaje brillante, sí es eficiente y consigue trasladar el mensaje.

En resumidas cuentas, Tusk se trata de una maravillosa y extraña locura de Kevin Smith que seguro no dejará indiferente a nadie. El director ya lo mencionó hace tiempo en la promoción de la película: “Se trata de una versión apeluchada de El ciempiés humano”. El único punto que tiene en común con esta película es la modificación de un cuerpo humano, ya que la crudeza de las imágenes o la perversión mental no aparecen en la película, algo que se ha echado en falta, aunque se disfruta igual, pues recuerda mucho a las películas de terror de los 70 y 80, donde los efectos especiales eran secundarios. 

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Un comentario sobre “Crítica de ‘Tusk’: Locura, colmillos y Guy Lapointe

  • el 29 abril, 2017 a las 4:01 pm
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    a ver… que mas expresiones queres que haga vestido de morsa.. los gritos de desesperación y esos movimientos torpes expresando salir de ese cuerpo emparchado son mas que suficientes

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