Crítica de ‘Una familia de Tokio’: Homenaje al clásico ‘Cuentos de Tokio’ de Ozu

Crítica de ‘Una familia de Tokio’: Homenaje al clásico ‘Cuentos de Tokio’ de Ozu
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Las críticas de David P.”Davicine”Una familia de Tokio

Realizar un remake del clásico de Yasujiro Ozu Cuentos de Tokio, una de las mejores películas de la historia desde su estreno en 1953, puede parecer tan mala idea como realizar una versión moderna de Ciudadano Kane, por ejemplo. El veterano director Yoji Yamada ha asumido este reto con Una familia de Tokio, que no deja de ser una imitación del original, pero que estimula lo suficiente como para servir de homenaje a la vez que puede deleitar a los desconocedores de la obra de Ozu, sin llegar a la brillantez de Cuentos de Tokio.

Yamada tiene como objetivo rendir homenaje a su maestro, mientras que actualiza la historia para tener en cuenta la expansión y modernidad del Tokio metropolitano y el mundo en general, mucho más confuso hoy en día. Lo malo es que ambos objetivos son incompatibles. La madre sigue siendo una anciana generosa y dulce (Kazuko Yoshiyuki) y el padre (Isao Hashizume) un cascarrabias que se siente decepcionado con lo que sus hijos han logrado en la vida. El hijo mayor, Koichi (Masahiko Nishimura) es un médico con despacho en el centro, su hija Shigeko (Tomoko Nakajima) sigue siendo maliciosa, gestionando un salón de belleza de barrio. Destaca la reducción de la descendencia, pues Yamada elimina el hijo que ha muerto en la guerra y convierte a su viuda Noriko en la novia (Yu Aoi) del hijo más joven (Satoshi Tsumabuki), quien refleja la vida de un chico moderno con un futuro laboral incierto. Al presentar a Shoji como un holgazán de buen corazón, la película abre el camino para la reconciliación. Tsumabuki hace un gran trabajo para mostrarse como un chico bueno, aunque le falta la suficiente fuerza a su personaje para ser convincente. Aoi logra compensar lo que le falta a su pareja en la película, siendo una chica bien intencionada sin llegar a ser empalagosa, resultando muy natural y con grandes y emotivas secuencias.

En Una familia de Tokio, algunas de las interpretaciones rozan la caricatura y sólo unos pocos parecen estar muy inspirados, como Kazuko Yoshiyuki y Yu Aoi, que ofrecen unos personajes cálidos  sinceros. Pero una vez más – por injusto que pueda parecer -, es difícil olvidar las cualidades únicas del actor favorito de Ozu, Chishu Ryu, en el papel del padre o la presencia luminosa de Setsuko Hara, probablemente el único personaje santo en la película de Ozu.

Obviamente, los acontecimientos actuales hacen acto de presencia, con mención del fatídico terremoto y posterior tsunami de Fukushima, así como los móviles, Shinkansen (trenes bala) y similares, usando el humor para reflejar estos cambios, con una fantástica secuencia en la que un taxista dice que no necesita que le den indicaciones a la pareja de ancianos para llegar al destino pues lleva GPS.  También hace referencias a la visión pesimista del futuro, en contraste con el estado de ánimo optimista de los cincuenta, lo que sumado a lo anterior implica que el mundo ha cambiado, pero la naturaleza humana no.

Más allá de estos cambios, la película prefiere quedarse en lo que no ha cambiado en los últimos 60 años, como los niños demasiado ocupados con sus cosas y los mayores con sus puestos de trabajo como para entretenerse con la visita de los abuelos.

La banda sonora cadencioso de Joe Hisaishi hace que la producción se note emocionalmente más alterada, pero no eclipsa en ningún momento las escenas, pasando en muchos casos desapercibida.

Si la imitación es la forma más sincera de adulación, Yamada no escatima esfuerzos en Una familia de Tokio para inclinarse ante su maestro. Es sorprendente cómo parece que veamos sets de rodaje de la primera película, así como algunos movimientos de cámara o planos, lo que provoca que toda la película tenga un aspecto anticuado, que para algunos será negativo, y para otros un gran homenaje.

Nota: Crítica recuperada y retocada de su primera publicación con motivo de su proyección en V.O.S en la 58 SEMINCI.

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David Pérez

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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