Crítica de ‘Grandes esperanzas’: La sombra de Dickens es alargada

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Grandes Esperanzas
Existe un obstáculo difícil de salvar cuando uno se enfrenta a la adaptación de una gran novela. Grandes esperanzas ha sido adaptada al cine una decena de veces, siendo las más memorables las versiones de 1946 de David Lean, en España titulada Cadenas Rotas, y la versión libre que Alfonso Cuarón hizo en 1998. A parte de esas dos, la novela de Charles Dickens ha tenido versiones televisivas, e incluso una adaptación de dibujos animados. 
En esta ocasión es Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral, Harry Potter y el cáliz de fuego) quien, con guión de David Nicholls (One Day, Tess of the D’Urbervilles), se pone en la dirección de este drama sobre el amor, la venganza, la bondad y el arrepentimiento. 

La historia ya nos la sabemos: El joven Pip ayuda a liberarse de los grilletes a un preso fugado. Semanas después es solicitado por una excéntrica millonaria para que vaya a su casa a entretener a su sobrina/hija/protegida Estella. El destino del pequeño Pip estará marcado por esas dos circunstancias de su infancia. 
El elenco de actores no podría ser mejor. Ralph Fiennes (El fin del romance, La lista de Schindler) interpreta a Magwitch, el preso fugado. Mientras que Helena Bonham Carter debe haberse sentido realmente cómoda en el papel Miss Havisham, en mi opinión el personaje más gótico de la novela británica. Ambos otorgan a sus personajes la dignidad con la que Charles Dickens les describió. Miss Havinsham, lejos de ser una pantomima, una vieja loca, como en otras versiones han intentado vendérnosla, es un personaje del que compadecemos, la verdadera víctima de la historia. 
Los jóvenes protagonistas, Pip y Estella, están interpretados por Jeremy Irving (War Horse) y Holliday Grainger (La Lucrecia de la serie Los Borgia). Ambos correctos en unos papeles que no favorecen precisamente el lucimiento del actor. 
Entre los secundarios vemos caras como la de Robbie Coltrane, que ya tenía yo ganas de volver a verle sin las greñas de Hagrid, el guardabosques de Harry Potter, que está excepcional en el papel de Jagger, la araña que urde toda la historia. La siempre segundona, pero que difícilmente pasa inadvertida, Sally Hawkins (Jane Eyre, An Education). Y un casi desconocido Olly Alexander, que con total seguridad se hará un nombre en Hollywood, porque aquí clava el papel de Herbert Pocket, el fiel amigo del protagonista, y que no desmerece en absoluto la interpretación que Alec ‘Ayudanos Obi-Wan’ Guinness, de la versión de 1946.   
El vestuario magnífico, corre cargo de la diseñadora húgara Beatrix Aruna Pasztor, que ya se había atrevido con el vestuario de época en La feria de las vanidades. Aquí hay mucha levita, mucho miriñaque, pero he de decir que peca de excesiva decadencia en la creación del vestido de Helena Bonham Carter, que junto al trabajo de peluquería de Sally Rose Davidson, que ya le había peinado en Sombras Tenebrosas, recargan demasiado un personaje cuya locura ha de reflejarse más en sus ojos y sus movimientos que en las dos toneladas de polvos de arroz sobre su cara. 
Nada tiene de destacable la fotografía de John Mathieson (Gladiator, El fantasma de la ópera) ni la banda sonora de Richard Hartley (El león en invierno, Llámame Peter), que sirve de acompañamiento y poco más, sin ayudar en ningún momento a la emoción de la escena, como a menudo ocurre en las películas de época. 

Sí debemos remarcar el trabajo del equipo artístico, supervisado por Dominic Masters (Titanic, Harry Potter y la piedra filosofal), y que viene a subrayar lo que ya todos sabemos, que cuando la BBC ambienta una historia, nadie lo hace como ellos. 
¿En que falla la película? En mi humilde opinión en nada. Es una película correcta, pero eso no es suficiente. Las comparaciones son odiosa y el trabajo de David Lean en Cadenas Rotas es demasiado bueno para ser superado. En cuanto a las series de televisión, juegan con la baza de no tener que concentrar un novelón victoriano en el corsé de los 120 minutos. 

Es una película para disfrutar de una historia magnífica de la que saldrás tan pronto como enciendan las luces de la sala. Aun así, aseguro un buen rato para aquellos que, como yo, enloquecen con el Londres gris y humeante de la Revolución Industrial, con los amores complicados y las imprevistas bondades ocultas en cada corazón. 
Besos de cine…

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