‘Salvajes’: Acción con tintes cursis

Las críticas de Óscar M.: Salvajes
El cine pasa por una época un tanto difícil, es muy extraño encontrar una película realmente nueva y sorprendente que no esté influida por algo que ya se haya hecho, pero tampoco se libra el mundo de la literatura y Salvajes, que se basa en el libro del mismo título de Don Winslow, podría reducirse a una mezcla de la serie Weeds y la película Amor a quemarropa (incluso Demián Bichir cuasi repite papel).
Pensará el lector que es muy fácil llegar a esta conclusión porque las tres hablan sobre el tráfico de drogas y los problemas que acarrea a gente corriente que no son expertos en tratar con delincuentes y asesinos, pero volver a poner a la chica como protagonista y centro de la historia no ayuda a Salvajes a diferenciarse de sus predecesoras en el tema.

De hecho, que la chica narre toda la historia con voz en off le da un toque artificial, descafeinado, onírico y ñoño poco deseable y que contrasta con las escenas de acción salvaje que salpican la película conforme avanza hasta su previsible (o no) final.

Salvajes se toma su tiempo, es lenta a la hora de presentar a los personajes y se recrea en las escenas sexuales, aunque introduce al espectador rápido en la trama del tráfico de drogas. Se extiende explícitamente durante más de dos horas en todo lo que muestra, es salvajemente sexual, sangrienta hasta el detalle y violenta rozando el exceso.

Podría ser una buena película de acción, pero habría que eliminar los planos fijos en blanco y negro (porque parecen de un documental dramático de bajo presupuesto para televisión) y las escenas de Blake Lively retozando por la playa y mirando a la cámara (se asemeja a los anuncios de colonia o de artículos de higiene íntima femenina cuando enfocan las olas del mar).
Aunque es algo lógico que haya tantos contrastes en la edición, teniendo en cuenta que la película ha tenido tres montadores (Joe Hutshing, Stuart Levy y Alex Marquez), y parece que la ha editado hasta el apuntador (dejando cierta sensación de incoherencia narrativa); y no parece que el problema sea el guión, porque la historia es bastante sólida, aunque le cuesta desprenderse del aire “hippie con ipod” que arrastra (sobre todo el personaje de Blake Lively, con un estilo semejante a la cantante Shakira, pero despeinada, aunque viniendo de una serie para niñas pijas malcriadas como Gossip girl no se le puede exigir mucho a la actriz).
El guión consigue desarrollar por igual bastante bien a todos los personajes (a pesar de que la mayoría de estrellas tienen papeles secundarios) y, curiosamente, presenta a los personajes principales follando y desnudos (sólo a los personajes masculinos, de nuevo, parece hecho con la intención de atraer al público femenino a las salas).
Además, incluye guiños divertidos (como que el personaje de John Travolta coma sin parar cada vez que aparece, probablemente para justificar su excesivo peso), la mayoría centrados en el personaje de Salma Hayek o la caracterización de Aaron Taylor-Johnson (un clon de Eric Balfour, que está atrapado en series de televisión).
Se podría decir que Oliver Stone se ha ablandado con el tiempo y (aunque no ha olvidado atrocidades fílmicas como Asesinos natos, respecto a ser explicito en la violencia y la sangre) da muestras de que la edad ha hecho estragos y prefiere que historias tranquilas solapen a la acción, aunque dichas historias terminen siendo cursis.

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