‘Megamind’: Dreamworks sigue por detrás de Pixar

Las críticas de David P. “Davicine”: Megamind
Estamos ante un nuevo intento de Dreamworks de alcanzar a su directa competidora, Pixar, pero de nuevo queda patente que la empresa de Spielberg sigue un pasito por detrás de la compañía de Disney (ahora mismo)… aunque eso no quita que estemos ante una película animada en letras mayúsculas, como su propio título.
Megamind arranca con el Apocalipsis, pero no de nuestro planeta, sino de varios planetas desde los que lanzan a dos pequeños para salvarlos, tal y como hicieron con Superman sus padres. Cada uno sigue la suerte que el destino le ha deparado, de tal forma que uno de ellos acaba siendo famoso, atrevido, adorado y aclamado, lo que un superhéroe a la antigua usanza suele ser, y adopta el nombre de Metro Man. 

Por otro lado, el otro niño es un pequeño ser azulado, con más semejanzas a los alienígenas de Mars Attack! que Avatar, apartado de la sociedad desde su más tierna infancia, criado por presidiarios y que, al fin, se da cuenta que todo le sale mal, y acaba siendo el villano de turno, haciéndose llamar Megamind. De esta curiosa forma, nos muestran lo que nos hace buenos o malos, y como nuestras decisiones y nuestro entorno son los que nos llevan en una dirección u otra, esas circunstancias que nos llevan a ser héroes o villanos. Y como cualquier pareja de enemigos, pasan los días enfrentándose mutuamente,… hasta que un día el mal puede con el bien, y Megamind vence a Metro Man, el protector de MetroCity. Sin nadie a quien plantar cara el villano se aburre, hasta que decide crear un superhéroe al que enfrentarse, Titán, pero las cosas, como es habitual, no le salen tan bien como espera, y acaba creando un villano, por lo que deberá cambiarse de bando para enfrentarse a él y deshacer el entuerto.
Ese es el punto de arranque de esta comedia animada, que promete mucho, pero quizás Megamind lleva el lastre de llegar con retraso, pues nadie puede verla sin rememorar los buenos momentos que nos hizo pasar la producción de Pixar Los Increíbles, donde los superhéroes animados repletos de músculos también eran los auténticos protagonistas, mostrándonos el tedio al que se veían sometidos en su día a día.
Y si la animación está por detrás de Pixar, y el diseño de los superhéroes también, tampoco el guión es excesivamente original, pues de nuevo se nos plantea una teoría que lleva años rondando por el mundo de los cómics y el cine, donde ya han dejado claro que no puede existir un superhéroe sin un villano, formando ambos una simbiosis perfecta, como se pudo ver en El Protegido de Shyamalan, aunque en esta ocasión visto desde el punto de vista paródico, lo cual es de agradecer, y aporta a la película un ritmo trepidante, tanto en la acción como en los diálogos. De hecho, el toque romántico, que bien podría recordarnos a la célebre historia de Cyrano de Bergérac, tampoco está plasmada de una forma que nos sintamos cautivados por el corazón de los “amantes”, y pierde fuelle como consecuencia de los toques de acción y humor de la película.
Como es habitual en este tipo de producciones, tenemos como mayor reclamo el doblaje internacional que se puede disfrutar en su versión original, con Wil Ferrell, Tina Fey y Brad Pitt, quienes forman el trío protagonista de la película, aportando su carisma a los personajes.
Y si las voces son importantes, no nos alejamos del acompañamiento musical, pues merece especial atención el repertorio de música rock y heavy que adereza el ritmo de la película, que va desde Guns’n’Roses hasta AC/DC, permitiéndose el lujo de incorporar un tema de Michael Jackson, todo una novedad para una producción de este tipo, ya que no acostumbran a realizar este tipo de bandas sonoras para películas más orientadas a un público infantil / juvenil, pero que encaja perfectamente con la idea con la que Dreamworks ha querido realizar esta película, donde el malvado está asociado al cuero, a lo siniestro y al rock, mientras que la bondad y el héroe se asocia a los colores claros, llamativos y la música pop,… aunque no siempre es todo como lo pintan.
En sí, una película digna de animación por ordenador, que hace uso del 3D para dotar a sus imágenes de mayor cercanía hacia el espectador, pero que no es necesario verla  con gafas 3D para disfrutarla, pues han conseguido un equilibrio perfecto para poder ser visualizada tanto en 3D como en 2D.  Diversión y aventuras en una película en la que  lo único que falta es que nos llegue al corazón, algo que parece reservado para Pixar.

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