‘Los mercenarios’: Diversión y acción en estado puro

Las críticas de David P. “Davicine”: Los mercenarios

 Los mercenarios es la película por excelencia para los fans del cine de acción de los 80. cuando parecía que todos aquellos actores que nos deleitaron con sesiones maratonianas de tiroteos, persecuciones, y acción desefrenada, estaban de capa caída, y poco a poco iban siendo reemplazados por nuevos héroes de acción menos musculados pero igual de rudos, llega Sylvester Stallone para demostrar que todos ellos siguen teniendo un hueco en el cine actual de este género, que no deben preocuparse por hacer películas que van directas al videoclub, y que tampoco tienen por qué ser meros secundarios o protagonistas en películas rodadas en Rumania.
El director, aquella persona que nos sorprendió a todos hace años con dos sagas míticas de superación y de acción, a partes iguales, llamadas Rocky y Rambo, regresa para confirmar que todavía puede correr a su edad y, lo que es mejor, puede reunir a todas las estrellas de los 80 junto a las actuales y provocarnos una delirante sensación de plenitud en el cine, en un claro homenaje, con toque de parodia hacia sus propias películas, que no creíamos que veríamos a estas alturas del siglo XXI.
Nadie espera de esta película un buen guión, y en ese punto no saldrá con otra idea del cine, pues no lo tiene, pero reuniendo un increíble reparto con cameos estelares y dándose el lujo de unir en una misma escena a los míticos Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger y a sí mismo, ¿qué más queremos?

En lo que respecta al guión, Stallone ha buscado una historia sencilla, donde pueda recrearse en infinidad de escenas de acción, todas ellas aderezadas con grandes dosis de esteroides, adrenalina, sangre y casquería, de buen gusto, pero casquería al fin y al cabo. Ahora bien, esta receta nos dejaría un sabor a sangre si no fuera por tener un toque de diversión, un toque de humor necesario para que la película sea, en definitiva, la búsqueda de 104 minutos de entretenimiento en estado puro, pues Stallone sabe muy bien lo que sus fans quieren, y eso está claro que incluye sangre, tiros y explosiones… por doquier.
Pero si tenemos que seguir hablando de esta película, para no quedarnos solamente en la sensación que nos ofrece, tenemos que analizar el apartado técnico, que es quizás donde falla. Las grandes películas de acción de los 80 no necesitaban de trabajo de postproducción por ordenador, y si algo tenía que explotar, se grababa como explotaba de verdad, y los tiros rezumaban humo de verdad, y la sangre eran grandes bolsas de líquido rojo que llenaban la pantalla al reventar… pero aquí Stallone ha creído más apropiado realizar una película como las de ahora, en las que los ordenadores han reemplazado el trabajo de los grandes maestros de los efectos especiales de antaño, notándose demasiado que lo que explota no es un edificio, sino una réplica por ordenador del mismo, al igual que la sangre, más integrada con ordenadores que en la realidad, llegando a recordar a la mítica Zatoichi, donde la sangre salpicaba toda la escena, como si los cuerpos humanos sólo contuvieran ese líquido rojo y no organos y vísceras, que es lo que menos se ve en la película, pues los cuerpos explotan, pero muy limpiamente, y no es que haya visto muchos cuerpos reales explotar en mi vida, pero sí que he estudiado anatomía (y no de Grey) y se que ahí dentro tenemos muchas cosas. Incluso el fuego presente en la película parece más el que podemos ver en cualquier videojuego actual de consola que el de una gran producción de Hollywood, lo que espero corrijan si hacen la secuela, pues si se trata de hacer un homenaje al mejor cine de acción de los 80, no puede faltar la sangre falsa salpicando a los extras.
Pero si por algo destaca la película es, como hemos dicho, por el reparto, un reparto encabezado por Sylvester Stallone, y al que acompañan estrellas de ayer y de hoy del cine de acción, como Willis, Schwarzenegger y Dolph Lundgren, aunque los primeros en un mero cameo, y el tercero en un papel más profundo y complicado que el que haya realizado en sus últimas 20 películas. Pero también tenemos a Jet Li y Jason Statham, como representantes del cine de acción actual y estrellas de moda, así como “actores” que buscan confirmarse en este tipo de cine, como Terry Crews, Randy Couture y Steve Austin, todos ellos preparados para tomar el relevo, y viendo como Crews ha sabido adaptarse a cualquier género, pues todavía tenemos la imagen de él en películas de humor del estilo de Dos rubias de pelo en pecho, aunque aquí nos ofrece su cara más violenta, pero con una sonrisa. Y no menos relevante es la presencia de Mickey Rourke, que nos deleita con un “emotivo” monólogo para dejar claro que es mejor actor que sus compañeros, así como otro actor que no podía faltar, Eric Roberts, quien no destaca por sus grandes papeles, pero da consistencia a los malos que acostumbra a interpretar, sin olvidarnos de la agradable sorpresa de ver en una gran producción a Gary Daniels, un secundario que en su día fue protagonista de películas de artes marciales de serie B, como El Puño de la Estrella del Norte o más recientemente Tekken, entre las más conocidas.
En conclusión, cine para hombres muy hombres, para esos machos que se han criado disfrutando con el cine de acción de los 80, pero que, gracias al saber hacer de Stallone, quien conoce sus limitaciones, ha preferido reirse de sus carencias, mostrarse como un personaje maduro, que ya tiene que ir cediendo su puesto a los jovenes que vienen pegando fuerte, al igual que le pasa en el cine, pero que todavía puede dar mucha guerra, delante y detrás de las cámaras.

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