Crítica de ‘Jason Bourne’: Damon devuelve a la franquicia a lo más alto

Las críticas de David Pérez “Davicine”: Jason Bourne

Matt Damon regresa a su papel más icónico en Jason Bourne. Paul Greengrass, el director de El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne, vuelve a colaborar con Damon en este nuevo capítulo de la franquicia Bourne en el que obvian por completo El legado de Bourne y recuperan al agente más letal de la CIA que en esta ocasión se ve obligado a salir de entre las sombras. Todo el que disfrutase con las primeras películas de la franquicia (y no necesariamente con la protagonizada por Jeremy Renner) no saldrá defraudado del cine.


Como si de la película de South Park se tratase, estamos ante una nueva aventura de Bourne más grande, más larga y sin cortes. Con el repertorio de explosiones, acción sin límites y una trama enrevesada en la que el agente debe pensar un gran plan para sobrevivir, es la película más grande de la franquicia. Sin tener en cuenta la película en la que Damon no aparecía, Jason Bourne es la más larga de todas las que componen la franquicia. Y sin cortes, pues hay persecuciones espectaculares en las que los vehículos no se encuentran con ninguna calle cortada ni ningún impedimento que pueda hacernos bajar la adrenalina. Greengrass sabe cómo rodar una persecución de coches, y su cámara en mano es capaz de encontrar la  calma dentro del caos.

Si alguien dudaba que una franquicia debe ponerse un techo para dejar de hacer entregas, por el momento Universal Pictures no lo ha encontrado, y la espera ha valido la pena, pues estaba claro que la pareja Damon y Greengrass no se iban a unir de nuevo si no era para algo de la talla de Jason Bourne.

Greengrass Christopher Rouse son los autores del guión basado en los personajes creados por Robert Ludlum, y consiguen llevarnos a una nueva aventura en la que no se repiten esquemas, dan un giro a la trama y nos adentran en una conspiración mucho más grande de las vistas hasta la fecha alrededor del personaje que da título a la película.


Alicia Vikander, Vincent Cassel y Tommy Lee Jones se unen a Damon en Jason Bourne, y Julia Stiles reaparece en su papel habitual. Podrían seguir añadiendo grandes nombres a la franquicia, pero con Vikander y Cassel, acompañando a Damon, tenemos de sobra calidad interpretativa, y una sensación de estar viendo actores en papeles hechos a su medida. Poco puedo decir de Matt Damon, un actor que ha sabido mantenerse en lo más alto, que sabe escoger muy bien sus papeles, y que lleva al agente Bourne en la sangre, haciendo difícil imaginarse ya a otro actor en este rol. Sabe manejar las escenas dramáticas, la escenas tensas y la acción, y nos lleva de la mano en su huida sin tregua.Vikander es la actriz de moda, y eso no lo puede discutir nadie. Ya me sorprendió gratamente en Ex-Machina, cambió de época a la perfección en Operación U.N.C.L.E.  y La chica danesa, y se adapta a la acción sin perder un ápice de su elegancia. Una gran parte de los próximos grandes personajes femeninos pasarán por sus manos, y con Jason Bourne, sin necesidad de un gran alarde interpretativo, juega a la perfección con nuestras sensaciones y nos hace dudar de sus verdaderos planes. Y poco que decir de Vincent Cassel, salvo cosas buenas. Uno de mis actores franceses favoritos que suele siempre ofrecer personajes convincentes sin necesidad de ser el protagonista absoluto, en esta película se convierte en el cazador de Bourne, y llegamos a tener ganas de matarlo nosotros mismos para que cese sus ansias de venganza.

A nivel visual, obviamente la película ofrece -como es habitual en este tipo de películas- un gran repertorio de escenas de acción, explosiones por doquier y persecuciones donde no queda un coche en pie (o a cuatro ruedas, mejor dicho), pero destacan los detalles gráficos en los que podemos ver los mensajes, las vídeollamadas y hasta la hora del reloj superpuestas sobre la acción, haciéndonos aún más partícipes de las vivencias de los personajes. Pero el cineasta no sólo quiere llevarnos al cine a ver una simple película de acción, sino que intenta también tener su toque social, e incluye una escena de los disturbios en Grecia que sorprendentemente me recuerda a Bloody Sunday (Domingo sangriento), quizás en homenaje a uno de sus primeros títulos e imprescindible para todo el que quiera conocer mejor a este director. Y si la acción en Grecia, con las manifestaciones, crea un entorno perfecto para ese caos en el que encontrar algo de calma, la adrenalina sube a su máxima cota en la persecución de coches de Las Vegas, que sin llegar a la que vimos en Moscú en El mito de Bourne, es digna del mundo de invulnerabilidad en el que parece que se adentra Bourne.

Puede que todo lo que rodea Jason Bourne suene familiar a quienes han visto las otras películas de Bourne, pero en esta era en la que parece que lo digital domina el cine, repleto de personajes pixelados, es de agradecer disfrutar de dos horas de realismo donde vemos a Damon hacer lo que mejor se le da, que es llevar a Bourne al límite.

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