Crítica de ‘La invitación’: Tensión argumental con precisión exacta

Las críticas de Óscar M.: La invitación
Cada cierto tiempo llega a las pantallas de los cines una pequeña joya audiovisual que se convierte automáticamente en una delicia para el espectador, a pesar de su reducido presupuesto o su escasa promoción, como es el caso de La invitación, una película de suspense que mantiene al espectador pegado a la butaca gracias a la profundidad de su historia.
Como en el caso de El perfecto anfitrión o Hard candy, la acción de La invitación está centrada en un domicilio apartado, rodeado de vegetación y en una comunidad de vecinos de alto poder adquisitivo (detalles que transmiten seguridad y respeto a la audiencia), pero que se convierte en el lugar más inesperado para que la historia se tuerza y acabe mal.

Como en las anteriormente nombradas, la tensión y el suspense se palpan casi desde el principio de la narración: Un grupo de amigos se reúnen después de un tiempo sin verse en una velada que puede parecer de lo más apacible, pero tanta perfección levanta las sospechas de uno de los invitados, cuya intuición provocará que esté alerta durante la cena.
Para transmitir esta sensación de desasosiego del protagonista, la directora Karyn Kusama (que ya demostró su potencial con propuestas tan diferentes como Æon Flux y Jennifer’s body) se apoya en una fotografía de tonos cálidos para las escenas en el interior de la casa y, sobre todo, en la banda sonora compuesta por Theodore Shapiro, que mantiene la intuición de la audiencia despierta en todo momento con una música más cercana a las composiciones destinadas al cine de terror.
El guión atrapa al espectador desde que la pareja protagonista llega a la casa y lo mantiene interesado gracias a la paranoia y la tensión que transmiten las escenas, salpicadas hábilmente con pequeños flashbacks que amplían la historia actual. A pesar de que el público pueda adivinar el devenir final de los acontecimientos, no es un problema que le impida disfrutar de la historia. Que el argumento sea más o menos previsible no es ningún error, ni le quita solidez a la trama, puesto que la película no intenta ser tramposa en ningún momento y deja bastante claro el camino planteado.
La precisión con la que La invitación se va desarrollando a lo largo de su metraje vuelve a recordar a las películas anteriormente citadas, demostrando que los guionistas Phil Hay y Matt Manfredi (ambos son responsables de desastres argumentales como R.I.P.D. Departamento de policía mortal y Furia de titanes) trabajan mucho mejor con presupuestos reducidos y un menor número de personajes.
Unas interpretaciones naturales de todo el reducido reparto, en especial la de Logan Marshall-Green como conductor y guía del espectador, la soberbia Tammy Blanchard y la inquietante Lindsay Burdge, completan una intriga que invita a observar y deleitarse con la evolución de la historia, llena de unos personajes bien definidos y con los que es fácil identificarse tras la primera revelación de la noche.
La aparición de los títulos de crédito de La invitación tras la resolución de la trama deja una sensación en el espectador de haber presenciado un buen entretenimiento, con un guión sólido y unas correctas interpretaciones. No se puede pedir más a una película.

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