Crítica de ‘El libro de la selva’: Eficaz adaptación para niños

Las críticas de Óscar M.: El libro de la selva

Cada vez que vamos al cine a ver cualquier nueva adaptación de una historia clásica hace que temblemos en nuestros asientos. Principalmente por el historial de fracasos y aberraciones que hemos sufrido con anterioridad. Por suerte, el caso de El libro de la selva no es uno de ellos, siendo una excelente adaptación para los pequeños de la casa.
Esta nueva versión dirigida por Jon Favreau (al que en Marvel y Disney estarán siempre agradecidos por levantar su universo cinematográfico con las dos primeras entregas de Iron man) es consciente de sus limitaciones al basarse en un libro (no destinado exclusivamente para niños) donde los animales dialogan con el protagonista.

La película se basa en la novela de Ruyark Kipling y es un remake directo de la película de animación, donde el pequeño Mowgli es encontrado en una cueva por la pantera Bagheera, que lo lleva al consejo de lobos para que lo críen como uno de su manada. Los problemas aparecerán cuando el tigre Shere Kahn quiera acabar con el niño y las normas que tienen los animales, por lo que Mowgli decide abandonar la selva y volver con los humanos.
La ventaja sobre otras propuestas es que no intenta ser lo que no es, aunque al principio parece que vamos a asistir a otra perversa violación de nuestra memoria sobre aquella libre adaptación de dibujos animados de 1967 (sobre todo debido a los pósters promocionales y a las primeras imágenes del niño protagonista corriendo y haciendo piruetas imposibles por una selva digital), pronto los miedos de la audiencia desaparecen, al comprobar que El libro de la selva respeta el guión de la película animada original.
Se mantienen también las ideas principales de la novela: valorar la amistad, la familia y la importancia de la naturaleza frente a la destrucción y la corrupción del alma que trae consigo la raza humana (tanto en el personaje de Shere Kahn, que ha estado en contacto con el hombre, como en la introducción del fuego en la historia).
La integración del único actor real (un debutante Neel Sethi bastante solvente para estar trabajando sólo con pantalla verde) en la acción roza la perfección (hay algunas escenas donde el entorno digital juega malas pasadas y parece que volvemos a ver dibujos animados, como la escena de la serpiente, para desgracia de Scarlett Johansson, o la del gigantopithecus) y los animales que pueblan la historia son suficientemente realistas para la mente de un niño pequeño.
Para mantener el nivel de calificación adecuado para niños, esta adaptación ha prescindido de cualquier tipo de escena con excesiva sangre (a pesar de la violencia de algunas peleas, sólo se aprecian rasguños) y, aunque se nombran, las muertes de los personajes están oportunamente evitadas.
Los adultos que acompañen a los niños también estarán entretenidos con una película que recupera el espíritu de la versión animada que conocíamos, hasta el punto de mantener las canciones de aquella y que es un punto negativo que hace tambalear a la adaptación, sobre todo porque aparecen tarde y una de las (dos) canciones se repite en los animados títulos de créditos finales.
El libro de la selva, por lo tanto, no defraudará a los niños y entretendrá a los mayores, con un mensaje que refuerza los valores familiares y destaca la importancia de respetar nuestro entorno, exactamente lo que quiso (con leves diferencias) Kipling con su novela original.

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