miércoles, julio 17, 2024

26 FESTIVAL DE MÁLAGA. Crítica de ‘Mujeres sin censura’: Las actrices del destape

Las críticas de Daniel Farriol en el 26 Festival de Málaga 2023:
Mujeres sin censura

Mujeres sin censura es un documental español que está dirigido por Eva Vizcarra (El arquitecto de Nueva York, El barman de las estrellas) y cuenta con un guion escrito por Carmen Allue y Abel Alfonso. Se trata del retrato de la vida de un grupo de actrices de la época del «destape» que decidieron salir desnudas en la gran pantalla como acto de libertad en uno de los momentos más tensos de la historia de España: la Transición.

Cuenta con las intervenciones de Teresa Gimpera, Claudia Gravy, María José Goyanes, Josele Román, Eva Lyberten, Enrique Cerezo, Félix Sabroso, Cecilia Bartolomé, Brisa Fenoy, José Aguilar, Marta Sanz, Antonio Trashorras, Eva Peydró o María Forqué. La película ha podido verse en Marzo de 2023 dentro de la Sección Afirmando los Derechos de las Mujeres de la programación del 26 Festival de Málaga 2023.

Un homenaje cinéfilo que pone en valor a las actrices del destape

El «cine de destape» de los años 70, ahora visto con desdén, tuvo una importancia capital en el desarrollo cultural y cinematográfico español de la transición, ya que supuso una época de aperturismo transgresor que puso luz a décadas de oscurantismo ideológico promovido por la dictadura militar franquista. El desnudo en las pantallas, sobre todo el femenino, sacudió a una sociedad española que se encontraba viviendo los últimos vestigios de la censura hasta llegar a su plena desaparición en el año 1977, sin embargo, no resultaría un proceso sencillo y teñido de color de rosa, ni en lo político, ni en lo puramente artístico.

El documental Mujeres sin censura de Eva Vizcarra quiere poner en valor a aquellas mujeres valientes que fueron las primeras en desnudarse en la pantalla, entendiendo su destape carnal como un acto de rebeldía liberadora que paradójicamente acabaría siendo después instrumentalizado por el machismo patriarcal de toda la vida y en su propio beneficio. Para hablarnos de todo aquello, la película nos propone un caleidoscopio bastante completo que nos permite comprender mejor cuáles eran los entresijos del cine de la época. Lo hace mediante imágenes de archivo, fragmentos de películas picantes y valiosos testimonios de algunas personas que lo vivieron de cerca, complementándolo asimismo junto a la opinión actual de críticos literarios y de cine como Antonio Trashorras, Eva Peydró o Marta Sanz que pueden permitirse el lujo de mirar atrás desde una perspectiva analítica diferente.

«Quizás tú hayas acabado con el pasado, pero el pasado aún no ha terminado contigo», esta frase que también aparece en la película Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999), hace referencia a los sentimientos contradictorios de muchas de las musas del destape que recuerdan ahora aquella época desde el dolor o con vergüenza. De hecho, fueron varias las actrices contactadas que no quisieron participar en el documental por considerar todo aquello como una etapa lejana de sus vidas que prefieren mantener en el olvido. Vizcarra, en cambio, les hace un bello homenaje donde resalta la significación que tuvieron para el progreso cultural del país usando la única arma que les permitieron: sus cuerpos.

Mujeres sin censura

«Josele La Nuit» y otras musas del destape

Mujeres sin censura posee un montaje ágil que aúna crítica, reflexión y divertimento. No se trata de una mirada discursiva, ni de un documental donde los datos estén por encima del contenido. En ese sentido, nos encontramos con una elocuente escena en que Eva Vizcarra juega a recrear, con evidente socarronería, una mítica escena que fue protagonizada por Alfredo Landa en la película Manolo La Nuit (Mariano Ozores, 1973), ejerciendo su recurrente rol de playboy hispano. Se trata de aquel momento en que el actor se pasea por la playa junto a una hilera de tumbonas desde las que atractivas jóvenes suecas en bikini admiran «su belleza ibérica» e intentan que les haga hueco en su ajetreada agenda sexual para concertar una cita con él.

El bueno de Landa se convirtió para toda una generación en un actor fetiche del cine de destape, ya que convertía los sueños húmedos de cualquier español promedio en una posibilidad real al alcance de la mano. Sin embargo, en este documental, será Josele Román quién haga ese mismo paseíllo frente a unos jovenzuelos de buen ver. Un guiño de empoderamiento femenino que sirve para poner en relieve el sexismo recalcitrante que tenían muchas de aquellas películas.

Josele Román (nombre artístico de la valenciana María José Peralt) es precisamente una de las actrices del destape que sí aparece en el documental hablando sin tapujos de lo que supuso aquel cine, al igual que ella, también lo hacen Sandra Alberti (María José de Jesús), Teresa Gimpera, Claudia Gravy (Marie-Claude Perín), María José Goyanes o Eva Lyberten (Herminia Benito Durante). Respecto a otras musas eróticas de esos años como fueron Nadiuska, Victoria Vera, María José Cantudo o Ágata Lys, tendremos que conformarnos con el rescate de viejas entrevistas que las actrices concedieron en los platós de televisión.

Todos esos testimonios sirven para que nos hagamos una idea más completa sobre un cine que a menudo las convertía en objetos sexuales para una generación, pero que también contribuyó en combatir la represión sexual existente y cambiar la mentalidad respecto a algunos temas que era tabúes hasta entonces como el adulterio, el divorcio, el aborto o la propia desnudez de la mujer.

Mujeres sin censura

La doble moral

La confrontación ideológica subterránea que existía durante la transición entre las «dos Españas» imaginarias acabaría condicionando el posicionamiento moral respecto a algunas de esas obras. Por ejemplo, se llegó al punto de vetar la carrera de una pionera en el feminismo como fue la directora alicantina Cecilia Bartolomé, por realizar obras reivindicativas del estilo de Margarita y el lobo (1970) o Vámonos, Bárbara (1978), en las que mostraba a personajes femeninos que iban más allá de los puros clichés eróticos.

No será ese el único testimonio terrorífico que encontraremos en Mujeres sin censura acerca de la trastienda de aquel cine. En una reunión de ambiente tarantiniano alrededor de una mesa, un grupo de galanes masculinos dialogan sobre el rol que ellos tuvieron en las películas. Manuel de Blas se reconoce como el «violador oficial» en un cine de explotación que comenzaba a no conformarse con solo mostrar los pechos de una mujer. El público demandaba más morbo y sexo explícito, lo que provocaría la erradicación de la calificación «S» que permitía proyecciones en las salas comerciales habituales para pasar a la «X» en salas especializadas.

El querer ir más allá de la sugerencia y el erotismo ingenuo supondría el declive definitivo del cine de destape y, junto a él, el ocaso de unas estrellas femeninas efímeras que fueron condenadas al ostracismo. Con el paso de los años, algunas desaparecerían de la escena artística o se convertirían en «juguetes rotos», la propia Nadiuska tuvo que vivir un tiempo en la indigencia e incluso se conocen algunos casos de suicidio.

Las actrices que aparecen en el documental explican como tuvieron que lidiar con las pretensiones poco éticas de directores que se acogían al tópico de «por exigencia del guion» o cómo se volvería habitual el tener que rodar bajo contrato una doble versión de las películas que incluyese escenas subidas de tono para ser distribuidas en el mercado internacional. María José Goyanes cuenta que debió acostumbrarse a recibir amenazas de muerte por el simple hecho de salir desnuda en la adaptación teatral de «Equus», pero que al mismo tiempo también recibía invitaciones de gente poderosa para prostituirse.

Un ejemplo igualmente sangrante es cuando Máximo Valverde explica el modus operandi que tenía el prolífico director Ignacio F. Iquino que se aprovechaba de su posición de poder para manosear a todas las actrices de sus películas con la excusa de tener que explicar a los actores cómo debían interpretarse correctamente las escenas de cama.

Mujeres sin censura

Ellas fueron parte del cambio

Es importante entender que era otro contexto, otro cine y otra forma de pensar, pero el documental logra hacer un análisis espléndido de la situación sociopolítica sin caer nunca en el juicio moralista, todo lo contrario, se deja que sea el público quién reflexione acerca de lo acontecido en aquellos años. Eso sí, Mujeres sin censura pone el foco en ellas, las deja hablar, expresarse sin cortapisas, reconciliarse con sus emociones. La cámara de Eva Vizcarra se coloca a la altura de sus ojos para observarlas desde la ternura y admiración, otorgándoles el merecido reconocimiento que nunca obtuvieron y poniendo en valor lo que ellas hicieron en aquella lucha desigual a pecho descubierto, cuyo único objetivo era proclamar la libertad de la mujer durante una transición colectiva tan liberadora como traumática.

El documental es, además, una experiencia cinematográfica muy amena para el espectador que descubrirá un prisma distinto para acercarse a aquellas películas hoy denostadas, asumiendo la importancia intrínseca que tuvieron, casi sin quererlo, en la modernización de nuestra sociedad tal y cómo la conocemos hoy en día.


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Mujeres sin censura

7.5

Puntuación

7.5/10

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