sábado, junio 22, 2024

SUNDANCE 2023. Crítica de ‘Passages’: La enfermedad del amor

Las críticas de Daniel Farriol en el Festival de Sundance 2023:
Passages

Passages es un drama romántico francés que está dirigido por Ira Sachs (Keep the Lights On, El amor es extraño), el cuál también co escribe el guion junto a Mauricio Zacharias (Trinta, O Céu de Suely). La historia sigue a un director de cine bisexual que en París se acuesta con una mujer tras finalizar el rodaje y al día siguiente se lo cuenta orgulloso a su marido. A partir de entonces, una relación apasionada, llena de celos y narcisista se desarrollará entre Tomas, Agathe y Martin. ¿Alguien saldrá herido?

Está protagonizada por Franz Rogowski (Luzifer, Ondina. Un amor para siempre), Ben Whishaw (Esto te va a doler, Surge), Adèle Exarchopoulos (Los cinco diablos, Fumar provoca tos), Radostina Rogliano, Léa Boublil, Thibaut Carterot, Caroline Chaniolleau y Théo Cholbi. La película se ha podido ver en Enero de 2023 dentro de la Sección Premieres de la programación del Festival de Sundance 2023.

(Des)amor a tres bandas

Passages es un poderoso retrato de las pasiones humanas que nos habla sobre las contradicciones de unos personajes frente al amor. El argumento es bien simple y se centra en un triángulo sentimental formado por Tomas, Martin y Agathe que les llevará a replantearse lo que quieren y necesitan en sus vidas. Tomas (Franz Rogowski) es un famoso director de cine abiertamente bisexual que está casado desde hace años con Martin (Ben Whishaw) y, aunque su relación marcha bien, la noche del fin de rodaje de su última película se acuesta con Agathe (Adèle Exarchopoulos), una explosiva chica francesa que conoce en una discoteca poco después de que haya discutido con su novio. Tras esa noche de pasión, Tomas regresa a su casa a la mañana siguiente y le cuenta con orgullo lo ocurrido a su marido, el cuál no se lo toma nada bien y decide romper la relación.

Bajo es premisa tan cotidiana y reconocible, Ira Sachs construye un drama romántico (o antirromántico, según se mire) que está enfocado en los vaivenes emocionales que sufrirán los integrantes de ese trío imposible, resaltando el ejercicio de poder intrínseco existente en cualquier relación que carezca del equilibrio necesario. En este caso, Tomas, es un artista egoísta y ególatra que está acostumbrado en sus películas a dictar los movimientos de los actores y cree que en la vida real también puede convertir a los demás en marionetas.

En realidad, ese comportamiento vampírico es debido a su necesidad de atención afectiva y al miedo a la soledad que lo atenaza, por lo que utiliza a las personas de su entorno en su propio beneficio. Utilizando una frase popular de nuestro refranero podríamos decir que es como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer, es decir, ni quiere comprometerse en serio con nadie ni deja que los demás lo hagan con otras personas.

Pasión tóxica

Una parte fundamental para que la película de Ira Sachs llegue a buen término es la manera en que la cámara de Josée Deshaies (esposa de Bertrand Bonello y colaboradora habitual de sus películas) añade texturas cinematográficas rugosas a una intimidad descarnada que necesitaba de ese realismo sucio, sin renunciar a la belleza de los cuerpos y almas desnudas. Porque el amor duele y el trío protagonista alterna los momentos de pasión con agrias discusiones que les llevan hasta la ruptura. Tengo que reconocer que Franz Rogowski me cae simpático, pero me cuesta entender como Martin y Agathe deciden aguantar durante tanto tiempo sus insoportables neuras de narcisismo recalcitrante, aunque si lo pensamos bien, la vida está llena de cosas inexplicables debido a la dependencia emocional que sienten muchas parejas hacia el otro.

El director pone toda la carne en el asador en las escenas de sexo, en especial, las que protagoniza la pareja homosexual días después de haber roto. Sin embargo, más allá de esa carnalidad explícita, la mejor secuencia que nos regala la película (al menos es mi favorita) sucede en una cafetería en la que se citan Martin y Agathe. Es una escena de planificación sencilla donde comparten un café y su conversación supone un quiebro definitivo para Martin sin que llegue a pronunciarlo en voz alta. De hecho, resulta admirable la capacidad del director y del asombroso trío de intérpretes en cuidar los detalles más imperceptibles del gesto para transmitir la vorágine de pensamientos contradictorios que acuden a la mente de los personajes.

En apariencia, suceden pocas cosas en pantalla, pero acaba siendo un delicado y visceral retrato de la toxicidad de un amor dañino que no te deja avanzar. Los protagonistas son como actores de una película sin un director que les guíe en el rodaje (la vida). Passages nos habla sobre la necesidad de aprender a soltar lastre y sobre el tortuoso trayecto de las pasiones humanas, es decir, lo que define el principio o el fin de una relación.


¿Qué te ha parecido la película?

Passages

6.8

Puntuación

6.8/10

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