Crítica de ‘Ondina. Un amor para siempre’: La ninfa traicionada

Las críticas de Daniel Farriol:
Ondina. Un amor para siempre
 

Ondina. Un amor para siempre es un drama romántico alemán escrito y dirigido por Christian Petzold (Phoenix, En Tránsito). Tras una dolorosa ruptura sentimental, una joven historiadora es poseída emocionalmente por el mito griego que le da nombre. Está protagonizada por Paula Beer (Frantz, La sombra del pasado), Franz Rogowski (A la vuelta de la esquina, Estaba en casa, pero…), Maryam Zaree, Jacob Matschenz y Anne Ratte-Polle. Tras su paso por los festivales de Berlín o Sevilla, se ha estrenado en salas de cine en España distribuida por Golem, el día 20 de Noviembre de 2020.

La leyenda de las ninfas acuáticas

El director alemán Christian Petzold se está convirtiendo por derecho propio en uno de los cineastas europeos más interesantes del momento. Su cine está envuelto siempre en una aureola misteriosa donde el romanticismo se confunde con sus reflexiones sobre la vida y la muerte. Sus personajes son seres heridos que a menudo transitan por ciudades con un pasado histórico del que germinan los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial. En su nueva película Ondina. Un amor para siempre, vuelve a incidir en sus temas recurrentes planteando una historia de amor sobre la que planea una poética alegoría que la vincula a la mitología griega, pero también germánica y escandinava. 

En la literatura clásica las ondinas son una especie de ninfas de gran belleza que viven en manantiales o cascadas y pueden obtener la inmortalidad a través del amor eterno con un humano. Esa leyenda sirvió de inspiración para el cuento infantil La Sirenita de Hans Christian Andersen, aunque fue el alemán Friedrich de la Motte Fouqué quien en una novela corta publicada en 1811 sentó las bases del cuento y añadió la idea de que una traición o infidelidad hacia la ninfa se pagaba con la muerte antes de que regresaran a las aguas.

El hechizo de Paula Beer

El cineasta germano Christian Petzold se mueve en Ondina. Un amor para siempre dentro del lirismo metafórico y solo utiliza el mito de las ondinas como telón de fondo para enriquecer su historia de amor. Ella es una historiadora que trabaja en un museo de maquetas donde hace guías comentadas a grupos reducidos de visitantes. Durante sus charlas, en las que el cineasta se detiene sin prisas, la mujer describe el crecimiento urbanístico y arquitectónico que ha tenido Berlín. Él es un buzo que inspecciona plataformas subacuáticas que asumen una dimensión casi mística como si fueran los tesoros de la Atlántida. Tierra y agua se funden. Dos elementos de la naturaleza que se complementan. La criatura de agua estudiando la superficie de la tierra y el ser terrenal inspeccionando las profundidades de las aguas.

Ondina. Un amor para siempre tiene un inicio arrebatador. La primera secuencia nos muestra una ruptura sentimental en la terraza de una cafetería. Está filmada de manera sencilla, con planos cortos de los rostros de los personajes y un diálogo entrecortado por silencios incómodos sazonados con el sonido del viento y las campanas de una iglesia cercana. El director no necesita más elementos para hechizarnos con la mirada de Paula Beer. La inolvidable actriz de Frantz (François Ozon, 2016) ya había aparecido en su anterior trabajo En Tránsito (2018), otro atípico romance entre dos refugiados que esperan un pasaje para huir del acecho de la ocupación nazi. Aquí vuelve a demostrar que es una de las actrices más fascinantes de su generación y que su presencia casi atemporal es ideal para el cine de Petzold. Junto a ella repite Franz Rogowski, actor fetiche del director, un camaleón capaz de afrontar con sencillez la complejidad de los sentimientos más profundos.  

Romanticismo a ritmo de adagio

Tras esa sencilla y cautivadora escena inicial, Ondina. Un amor para siempre nos tiene reservado otro momento que nos devuelve la fe en el romanticismo más puro. Es la secuencia del encuentro entre la historiadora y el buzo. Sucede en el interior de la misma cafetería anterior mientras un acuario se rompe sobre ellos. El elemento del agua los une mientras se miran con la cabeza recostada en el suelo (la tierra). Esos primeros quince minutos de película son verdadero oro. 

Después la película transcurre a través de paseos y viajes en tren por una historia de amor sobre la que siempre sobrevuela la sensación de una tragedia venidera. Aunque fue Claude Debussy quien compuso un preludio para piano inspirándose en la leyenda de las ondinas, Christian Petzold prefiere utilizar como banda sonora recurrente el Adagio del Concierto nº 3 en Re menor de Johann Sebastian Bach. Una pieza tan exquisita como melancólica que impregna las imágenes con una singular fuerza expresiva de romanticismo decadente. En la parte final aparece con impetuosidad el elemento fantástico e incluso sobrenatural inherente a la leyenda antes relatada. Es un riesgo que se asume con valentía dentro de un planteamiento y estructura eminentemente realista. La traición hace reflotar la maldición y el amor conlleva el sacrificio.

Desenterrar la historia

Ondina. Un amor para siempre es una película sofisticada y elegante de gran belleza visual. Está rodada con una estética que nos remite al cine clásico. Aunque por su origen se atribuye al director formar parte de la corriente del Nuevo Cine Alemán apodada “Escuela de Berlín”, en su cine veo más reminiscencias estéticas de Kieslowski o Fassbinder, pero con un estilo marcadamente personal que va depurando película tras película. Crítico con su país, siempre guarda un espacio para desenterrar la historia porque considera que están empeñados en borrar su pasado. Por eso muestra con cinismo esas maquetas de un Berlín reconstruido que edifica centros comerciales en el interior de antiguos palacios reales.

También es un cineasta donde predomina la mirada femenina. Sus protagonistas son casi siempre mujeres de personalidad compleja que caminan por un universo espectral de romanticismo fatalista. Lo que es innegable es que Christian Petzold es un director con gran poder de sugestión que se mueve entre el realismo y la fábula como pocos han hecho antes. Ondina. Un amor para siempre es un filme tan bello y poético como a veces amargo y esquivo. Un regalo para los ojos de degustadores de manjares con sabor a cine clásico. 


¿Qué te ha parecido la película? 

8.2

Puntuación

8.2/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: