lunes, junio 17, 2024

Centenario Alain Resnais: Crítica de ‘Asuntos privados en lugares públicos‘ (2006)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Asuntos privados en lugares públicos

Trece años después de Smoking/No Smoking, Alain Resnais volvió al dramaturgo británico Alan Ayckbourn, por quien sentía una profunda admiración, para llevar al cine otra de sus obras: «Private Fears in Public Places». La película se estrenó en Francia con el título Cœurs (Corazones) y en España se distribuyó con un título que pretende recordar al título original sin ser una traducción literal del mismo: Asuntos privados en lugares públicos frente a Miedos privados en lugares públicos. Es preferible pensar que alguien en la distribuidora española decidió que la palabra “asuntos” era más adecuada que “miedos” a que confundió dos palabras que en inglés son muy similares fonéticamente: fears (miedos, temores) con affairs (asuntos, cuestiones), mejor no pensarlo demasiado porque ya no tiene remedio.

No será la última vez pues su última película, Amar, beber y cantar (2014), estrenada en el Festival de Berlín semanas antes de la muerte de Resnais, supondrá la tercera adaptación de una obra de Ayckbourn, «Life of Riley» y es sabido que en el momento de su muerte, un infatigable Alain Resnais con casi 92 años proyectaba un nuevo film sobre otra obra de Ayckbourn, «Arrivals & Departures» que, lamentablemente, no pudo llevarse a cabo.

Seis personajes principales y un séptimo del que únicamente conoceremos su voz (la de Claude Rich, protagonista de Te amo, te amo) son la estructura que sostiene una pieza teatral en la que las reflexiones que induce el subtexto están siempre por encima de la sencilla trama argumental del texto.

Durante cuatro días asistimos a las vidas de estos seis (siete) corazones solitarios. Thierry (André Dussolier) es un agente inmobiliario (repite la misma profesión que On connaît la chanson) que vive con su mucho más joven hermana Gaëlle (Isabelle Carré) mientras trata de encontrarle un apartamento a Nicole (Laura Morante) y su pareja Dan (Lambert Wilson). Dan, que acaba de dejar el ejército de un modo un tanto oscuro, se pasa la vida en la barra de un bar en la que trabaja Lionel (Pierre Arditi) que vive solo con su anciano y demenciado padre Arthur (Claude Rich) a quien por las noches, mientras él trabaja, va a cuidar Charlotte (Sabine Azéma) una mujer de recias (o no tanto) convicciones religiosas que durante el día trabaja en la misma agencia inmobiliaria que Thierry con quien mantiene un inquietante juego de seducción. Cuando la pareja formada por Nicole y Dan entra en crisis, Dan tendrá una cita a ciegas con Gaëlle que trata de huir desesperadamente de su retraimiento: “soy tan aburrida que me duermo a mí misma” llegará a decir.

Los destinos de los siete personajes se entrelazan en una tragicomedia de muy afinada escritura que se desliza sutilmente desde las raíces de la soledad hasta las ramas de la incomunicación de los seres humanos en los albores del siglo XXI; estos son los dos temas fundamentales del texto de Ayckbourn y, en consecuencia, de la película de Resnais. Aunque, a propósito de la incomunicación, el propio Resnais lo matizaría en una entrevista concedida a François Thomas: Si hablamos pomposamente de la dificultad de comunicarnos, el problema de la raza humana no es que no nos comuniquemos, sino que a veces nos comunicamos tan bien que en cuanto esa comunicación disminuye o desaparece, es insoportable y tratamos por todos los medios de volver al estado anterior. El sentimiento de soledad es irreversible, no podemos recuperarnos del deseo de no estar solos”.

Los personajes de Asuntos privados en lugares públicos no están físicamente solos, salvo Charlotte de quien no llegamos a saber dónde vive, los demás viven acompañados, Dan y Nicole viven juntos como pareja, Thierry y Gaëlle como hermanos y Lionel vive con su padre; sin embargo, están terriblemente solos y ninguno se resigna a su soledad. Todos tratan con mayor o menor destreza social de salir de la situación de aislamiento emocional en la que se encuentran.

En Asuntos privados en lugares públicos, Resnais vuelve a poner en juego su maestría con la puesta en escena, particularmente cuando el material de origen es de naturaleza teatral. La obra, compuesta por cincuenta y tres escenas (de muy desigual duración), se desarrolla generalmente con uno o dos personajes en cada una (son excepcionales las escenas en las que salen al mismo tiempo tres personajes) y se suceden una a otra con fundidos entre planos en los que de forma superpuesta se ve caer la nieve.

Esta nieve, que cae continuamente en la mayoría de las secuencias, y que vemos permanentemente en los hombros de los actores cuando entran en sus hogares procedentes de la calle, marca el tono de melancolía de un film en el que la desolación de los personajes no está reñida con momentos en los que un inteligente sentido del humor toma el mando de la narración. Son personajes frágiles, sí, pero todos tienen recursos para no rendirse y los utilizan en la medida en que pueden salir a flote. Charlotte lo hace con sus cintas de VHS caseras, Nicole con su búsqueda de un nuevo apartamento en una especie de huida hacia adelante, Gaëlle en sus intentos de citas por internet, Thierry en la complicidad con su compañera Charlotte, Lionel en el cuidado de su padre para expurgar su pérdida y su culpa y Dan en su capricho por un tener un despacho que, en realidad, no necesita.

Pero Resnais no se queda en la puesta en escena ni en la filmación consecutiva de unas secuencias detrás de otras. En su permanente experimentación con el lenguaje cinematográfico se permite (a sus 84 años) veleidades como planos picados cenitales, montaje alternante entre dos escenas simultáneas, movimientos circulares de la cámara o convertir una escena interior en un oscuro sobre el cual nieva. A pesar de la suprema importancia que Resnais siempre ha dado a la música de sus películas (baste recordar los nombres de Georges Delerue, Krzysztof Penderecki, Miklos Rózsa, Stephen Sondheim, Maurice Jarre o Hans Werner Henze) pocas veces se ha apoyado tanto en la banda sonora para marcar el tono general del film y subrayar algunos momentos como en este Cœurs con la partitura de Mark Snow, un compositor estadounidense al que admiraba particularmente por su trabajo en las series de televisión Millenium y Expediente X.

También juega un papel importantísimo la dirección artística del decorador Jacques Saulnier que establece seis lugares completamente diferenciados para el desarrollo de las secuencias e introduce, por expreso deseo de Resnais, cuadros originales de la colección Gachet (el médico al que inmortalizó Van Gogh y que era antepasado directo de Resnais) que aparecen en el apartamento de Thierry y Gaëlle y en la antigua casa de la familia de Lionel.

Cœurs o Asuntos privados en lugares públicos (que cada cual elija el título que más le guste) tuvo una excelente acogida crítica y Alain Resnais fue galardonado con el premio a la mejor dirección en el Festival de Venecia. La película recibió, además, ocho nominaciones a los Premios César aunque finalmente no recibió ninguno.


Asuntos privados en lugares públicos está disponible en la plataforma Filmin. Existen además dos ediciones españolas en DVD, una de DeaPlaneta y otra de Resen que pueden comprarse con relativa facilidad y a precios económicos en tiendas online.

Asuntos privados en lugares públicos

9

Puntuación

9.0/10

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