Crítica de ‘Undergods’: Distopía sobre una humanidad maldita

Las críticas de Daniel Farriol:
Undergods

Undergods es un filme británico de ciencia-ficción dirigido por el español Chino Moya. La historia nos propone un viaje discontinuo a través de una Europa distópica y en declive con la humanidad malviviendo a través del individualismo social. Son varias historias cortas que se relacionan entre sí mediante el poder de la fabulación y una colección de personajes malditos. Está protagonizada por Johann Myers (Historias probables de Neil Gaiman, El gran Maurice), Géza Röhrig (Eternidad, El hijo de Saúl), Michael Gould, Hayley Carmichael, Ned Dennehy (Zona 414, Peaky Blinders), Eric Godon, Jan Bijvoet (Borgman, Into the Night), Adrian Rawlins, Burn Gorman y Tanya Reynolds. La película se ha estrenado en España en Filmin el día 1 de Julio de 2022.

Las páginas del guion son una escalera de Penrose

El madrileño Chino Moya debuta en el cine con Undergods tras una exitosa carrera internacional como creativo dentro del mundo de la publicidad y de los videoclips con trabajos para St. Vincent, Years and Years, Ladytron o Supersubmarina, entre otros. Su ópera prima es una fascinante incursión en la ciencia-ficción que tardó años en gestarse al no conseguir financiación en España y tener que recurrir a capital extranjero principalmente de Reino Unido a través del British Film Institute (BFI), con la incorporación posterior de más países como Bélgica, Serbia, Suecia o Estonia. El director también estuvo apoyado desde el principio por el realizador Ridley Scott a través de su productora que incluso le cedió sus oficinas para disponer de una ubicación donde realizar las reuniones de producción.

El filme plantea un futuro distópico mediante escenarios ruinosos que simbolizan los ideales de una Europa que se desmorona y por la que transitan diversos personajes malditos sin una clara relación entre ellos. Es una película episódica de estructura circular bastante original que se retroalimenta con la propia fabulación ejercida por los personajes, es decir, cada historia parece nutrirse de la anterior o formar parte del imaginario de alguien que se la explica a otro como si fuera un cuento. En realidad, el guion es como una escalera de Penrose infinita por la que suben y bajan todos ellos sin hallar ni una salida ni una entrada. Ese contenedor de historias dentro de otras historias se convierte en un juego macabro que produce la sensación asfixiante de un futuro desolador.

Cadáveres y muertos vivientes

Undergods se inicia con dos basureros en un camión que recorre las calles solitarias de una ciudad destruida. Para el diseño ambiental Chino Moya contó con el artista conceptual Elo Soode y juntos se inspiraron en la iconografía de los cómics de Enki Bilal, en películas como Stalker (Andrei Tarkovsky, 1979) y en el cine apocalíptico realizado en los años 80, tal y como atestigua la composición de Wojciech Golczewski de una banda sonora donde predomina el uso de los sintetizadores. La intención del director era generar un espacio de aspecto futurista que recordara igualmente a las ciudades de arquitectura comunista tras ser destrozadas por las diversas guerras europeas. El visionario cineasta se adelantó a las imágenes que podemos ver hoy en día por televisión de una Ucrania devastada por el ansia imperialista de Putin.

No en vano, la película de Moya, más allá del aspecto puramente estético, pretende ser un toque de advertencia sobre el fracaso que han tenido en la evolución de la humanidad todas las políticas comunistas, fascistas, capitalistas o neoliberales que se han ido desarrollando en Europa a lo largo de los años y que parecen conducirnos a la extinción irremediable sino aprendemos de nuestros errores del pasado. Los dos basureros del inicio tienen tan solo una inicial como nombre, K (Johann Myers) y Z (Géza Röhrig), y son recolectores de cadáveres que encuentran desperdigados por las ciudades. Esos carroñeros que se lucran con la muerte de los demás serán nuestros ilustres cicerones en un viaje al purgatorio de la existencia humana, donde predomina el individualismo y la falta de empatía hacia los semejantes.

Intrusos y hombres de arena

Undergods también nos habla de la destrucción del núcleo familiar y del declive la masculinidad como referente patriarcal del mismo. Son historias de hombres y fantasmas, pero también de intrusos que alteran el status quo de una felicidad fingida. Uno de esos intrusos es un vecino que se queda a dormir en casa de un matrimonio que lo acogen al no poder acceder a su piso. El hombre irá usurpando, poco a poco, la posición de poder del marido en la casa hasta llegar a acostarse con su mujer por el único placer de arrebatarle el trono, evidenciando además la falta de sentimientos reales que tenía la pareja. Otro intruso es un ex marido que regresa 15 años después de haber desaparecido, algo que despierta los antiguos sentimientos de la esposa que relega a su actual marido a un segundo plano.

Son historias breves e independientes que se intercalan con otras subtramas más abstractas que indagan en la misma idea/reflexión de una humanidad en estado de descomposición. Una referencia literaria que aparece de manera explícita en la película es la novela fantástica «El hombre de arena» del alemán E. T. A. Hoffmann que, además de tratar el tema del doppelgänger, también incide en la transfiguración simbólica de la vida burguesa a través de un hombre ya comprometido que se enamora de otra mujer que luego resulta ser una autómata. Es el libro que lee la misteriosa María (Tanya Reynolds) antes de desaparecer en una de las historias más crípticas que trata sobre un mercader estafador que acaba siendo carne de cañón de los propios basureros en esa escalera imposible de Penrose.

Tras el espejo

Undergods es una película visualmente apabullante que necesita de la implicación del espectador para profundizar en su deriva filosófica-metafísica y no quedarse en la superficie de una historia que puede resultar ininteligible si se analiza desde la pura lógica. Chino Moya ha manifestado sentirse influenciado de una manera u otra por la obra de Kafka, el cine de Stanley Kubrick, en la radio del coche escuchamos un guiño al personaje de Alex DeLarge de La naranja mecánica (1971), o por la novela «A través del espejo y lo que Alicia encontró allí» de Lewis Carroll que es la continuación del cuento más popular «Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas».

La película de Moya sucede tras el espejo de Alicia, en un mundo ficticio que podría ser real o, si se prefiere, en una realidad próxima que nace de la representación metafórica de nuestro presente. La sociedad como parte de un engranaje que nos convierte en autómatas sin siquiera saberlo, una vida de movimientos preestablecidos que nos obliga a permanecer dentro de unos cauces para integrarnos en el mundo laboral, familiar o social. La imagen de Charles Chaplin en las entrañas de una máquina en Tiempos modernos (1936) cobra más sentido que nunca como analogía de un progreso que nos devora y deshumaniza sin remedio.

Undergods es un filme lúgubre y pesimista, de aroma surrealista y con toques de humor negro, una verdadera rareza en la ciencia-ficción actual que asombra por su capacidad de crear imágenes icónicas con un presupuesto limitado. Una de las escenas para el recuerdo es la del karaoke en un cumpleaños donde un jefe y su empleado borracho afrontan un duelo simbólico cantando el «My Way», ese himno nostálgico y autoconsciente del final de la propia existencia.


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Undergods

8

Puntuación

8.0/10

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