Crítica de ‘Zona 414’: Un «Westworld» para sádicos

Las críticas de Daniel Farriol:
Zona 414

Zona 414 es un thriller de ciencia-ficción británico dirigido por Andrew Baird con guion de Bryan Edward Hill (Titanes, Ash vs. Evil Dead). La historia nos sitúa en un futuro cercano en el que existe una ‘Ciudad de Robots’ donde los humanos pueden hacer reales sus más ocultas perversiones. Cuando la hija de su creador desaparece, él contrata a un investigador privado para que la traiga a casa. Está protagonizada por Guy Pearce (Y al séptimo día, The Innocents), Matilda Anna Ingrid Lutz (La clásica historia de terror, Revenge), Travis Fimmel (Raised by Wolves, Buscando a Steve McQueen), Jonathan Aris (Vivarium, Madame Curie), Olwen Fouere (Contagio en alta mar, The Survivalist), Ned Dennehy, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Fionnula Flanagan y Antonia Campbell-Hughes. La película se ha estrenado en Movistar+ y Rakuten TV el día 19 de Noviembre de 2021.


Referentes muy marcados

El debut en el largometraje del director artístico irlandés Andrew Baird es Zona 414 un techno-thriller futurista que combina mundos distópicos donde la humanidad convive con la implantación de androides de avanzada tecnología como ya sucedía en Blade Runner (Ridley Scott, 1982), Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017) o la serie Westworld (Jonathan Nolan y Lisa Joy, 2016-2020). La historia está impregnada, además, por el nihilismo cyberpunk de la literatura de William Gibson y los dilemas identitarios de las máquinas ya explorados por Isaac Asimov o Philip K. Dick. Como en algunos de sus referentes, la película introduce una trama policíaca de investigación que sirve como hilo conductor para reflexionar sobre la condición humana en toda su inmensidad, tanto en sus necesidades como en sus perversiones.

El protagonista de la historia es David Carmichael (Guy Pearce), un investigador privado de pasado oscuro que oculta sus emociones y se muestra escéptico ante el mundo que le rodea. Bien podría ser un personaje al más puro estilo «bogartiano» del cine negro clásico que tan bien adaptó algunas de las novelas de Dashiell Hammett o Raymond Chandler. No en vano, el inolvidable Rick Deckard de Blade Runner, especialmente en la versión que aún mantenía una voz en off con narración en primera persona, bebía de esas mismas fuentes. Aquí, el ex policía convertido en detective mercenario es contratado por un magnate chiflado llamado Marlon Veidt (Travis Fimmel, tan pasado de rosca que llega a caer en el ridículo) para que encuentre a su hija que ha desaparecido. El empresario ha creado la Zona 414, una ciudad de robots donde los hombres pueden ejecutar sus más oscuros deseos sin tener que dar demasiadas explicaciones. Vamos, como un Westworld para sádicos.

Lo que significa ser humano y ser androide

El impertérrito detective recibirá durante su peligrosa búsqueda por los bajos fondos de la Zona 414 la inestimable ayuda de Jane (enigmática Matilda Anna Ingrid Lutz), un sofisticado androide que se halla en plena crisis de identidad y que conocía bien a la chica desaparecida. El vínculo entre ambas mujeres es un elemento curioso que lamentablemente no acaba de explotarse en la película, ya que la chica-robot quiere ser humana (lo típico) mientras que la chica-humana quiere convertirse en sintética para no sentir emociones, lo que hace que finja ser uno de ellos mientras interactúa con hombres que solo buscan placer en esa ciudad de robots.

Zona 414 prefiere caer en los lugares comunes del género y el guion apuesta por diálogos demasiado explicativos que coartan la evolución rítmica de la historia. Pese a ser un filme de bajo presupuesto, la ambientación y fotografía logran crear una atmósfera tan atractiva como siniestra entre neones y tecnología retro en la que tiene cabida desde la inteligencia artificial más avanzada hasta monitores de tubo de rayos catódicos. En ese sentido la película no inventa nada nuevo, pero hay que reconocer que le saca partido a sus recursos estéticos. Zona 414 no encuentra nunca el equilibrio entre el fondo y la forma, trata temas complejos y profundos que se diluyen entre una amalgama de personajes histriónicos y una investigación policial poco elaborada. Andrew Baird escoge centrarse en la relación de confianza que surge entre el detective y la androide con tendencias suicidas, es el encuentro entre dos almas solitarias que vislumbran un resquicio de esperanza en la oscuridad predominante en el interior del alma humana.


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Zona 414

5.5

Puntuación

5.5/10

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