Crítica de ‘El canto del cisne’: Conversaciones con uno mismo

Las críticas de Daniel Farriol:
El canto del cisne

El canto del cisne es un drama de ciencia-ficción estadounidense escrito y dirigido por Benjamin Cleary. La historia está ambientada en un futuro cercano en el que diagnostican una enfermedad incurable a un hombre que recibe la oportunidad alternativa de clonarse para evitar así el dolor que provocará su muerte a sus familiares. Está protagonizada por Mahershala Ali (Green Book, Moonlight), Naomie Harris (El tercer día, Black and Blue), Glenn Close (Hillbilly, una elegía rural, La buena esposa), Awkwafina (The Farewell, Paradise Hills), Adam Beach, Jayr Tinaco, Lee Shorten y Nyasha Hatendi. La película se ha estrenado en la plataforma de Apple TV el día 17 de Diciembre de 2021.

Ciencia-ficción humanista

El canto del cisne es un drama ambientado en un futuro cercano donde existe la posibilidad experimental de clonar a las personas. A Cameron (Mahershala Ali), el protagonista, le ha sido diagnosticada una enfermedad incurable y le queda poco tiempo de vida. Tiene una mujer (Naomie Harris) y un hijo a los que no quiere dejar solos, así que cuando le ofrecen la posibilidad de que un clon suyo continúe su vida donde él la deje, se lo plantea seriamente como una opción para evitarles el sufrimiento de la pérdida. Es un punto de partida tan interesante como inquietante, sin embargo, Benjamin Cleary demuestra sentir poco aprecio por la ciencia-ficción y se empeña cada minuto de su película en crear un universo naturalista alrededor de la incertidumbre del personaje principal.

Y es que la película en un drama existencial demasiado edulcorado que desperdicia todas las grandes cuestiones éticas que plantea durante su primer acto. Como suele pasar en todos estos productos estrenados últimamente en plataformas, tipo Finch (Miguel Sapochnik, 2021) o Encounter (Michael Pearce, 2021), el género es una excusa atractiva para enganchar al público y derivarlo luego a una trama de corte psicológico casi siempre desde una perspectiva humanista o conservadora. Los 112 minutos de duración son excesivos para la poca evolución que tienen los conflictos, todo acaba girando en torno a la aceptación de la muerte y a salvaguardar del dolor a nuestros seres queridos. Para nada son cuestiones baladíes, pero se echa en falta una mayor garra narrativa que pueda confrontarnos con la incomodidad de algunos interrogantes que se plantean y quedan en el aire.

El futuro de la humanidad

Aún así, El canto del cisne es una película que se sostiene y se deja ver con atención. El principal culpable es un soberbio Mahershala Ali, en un doble papel, el cual debe interiorizar todo un abanico de sentimientos contradictorios que expresa con economía de recursos interpretativos. A menudo son conversaciones con uno mismo, pensamientos y diálogos interiores mucho más intensos que los que mantiene con su propio doppelgänger en los momentos que comparten escena. Benjamin Cleary propone un futuro estético reconocible en nuestro presente, tal vez demasiado cool, siendo la localización principal una casa acristalada de diseño minimalista con espacios diáfanos y asépticos que son bien capturados por la cámara del fotógrafo japonés Masanobu Takayanagi (Cuestión de sangre, Hostiles), a través de planos abiertos que resaltan la pequeñez individual de la existencia humana.

El canto del cisne es una película contemplativa y pesimista que, curiosamente, funciona mejor cuando renuncia a la solemnidad de su discurso. Me refiero, por ejemplo, a la estupenda escena inicial en el tren, un flashback donde vemos como se conoció la pareja (hay buena química entre Ali y Harris), o a los momentos que Cameron comparte con Kate (Awkwafina), otra enferma terminal que ya ha sido clonada. Son instantes de vida sin artificios salpicados con algo de sentido del humor. El resto del metraje se concentra en divagaciones más íntimas que filosóficas donde el protagonista irá pasando por las distintas fases del duelo, en este caso, de su propia muerte anunciada. Pero, por otro lado, se renuncia a reflexionar sobre la identidad y queda bastante desdibujado el concepto ético de engañar a alguien para mantenerlo feliz en su ignorancia. Si, como dice en un diálogo la Doctora Jo Scott (una infrautilizada Glenn Close), en el futuro puede ser tan habitual la clonación como un trasplante de corazón, ¿dónde quedaría entonces el futuro de la humanidad como la conocemos?


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El canto del cisne

6.2

Puntuación

6.2/10

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