Crítica de ‘Hillbilly, una elegía rural’: Pese a todo, la familia

Las críticas de Daniel Farriol:
Hillbilly, una elegía rural
Hillbilly, una elegía rural es un drama estadounidense dirigido por Ron Howard (Una mente maravillosa, El Código Da Vinci), con guion de Vanessa Taylor (La forma del agua, Divergente), basado en la novela autobiográfica de J.D. Vance. Cuenta la historia de un chico de pueblo con una familia conflictiva que consigue estudiar derecho en la prestigiosa Universidad de Yale. Está protagonizada por Amy Adams (La Llegada, Animales Nocturnos), Glenn Close (La buena esposa, Albert Nobbs), Haley Bennett (Swallow, El Diablo a todas horas), Gabriel Basso, Freida Pinto y Bo Hopkins. La película está producida y distribuida por Netflix, que tuvo un estreno limitado en cines el día 13 de Noviembre de 2020 y en su plataforma el 24 de Noviembre de 2020.

Un artesano con poca personalidad

Hillbilly, una elegía rural es una película construida para gustar y emocionar al público. Se nota demasiado y no funciona. El director Ron Howard es un viejo zorro del Hollywood más academicista que está acostumbrado a armar historias de eminente carácter comercial con la vista puesta en la temporada de premios. Su falta de personalidad en el aspecto creativo hace que muchas de sus películas parezcan cortadas por un patrón y muchas ni siquiera merezcan superar el aprobado. Solo a veces logra sorprender y aunar calidad artística con esa comercialidad consumista como sucedió en Willow (1998), Llamaradas (1991), Un horizonte muy lejano (1992) o la más reciente Rush (2013).

En su nueva propuesta producida por Netflix, las críticas han sido demoledoras. No creo que sea su peor película, pero sí es cierto que este drama sobre la superación está más cercano al folletín telenovelesco que a una ficción realista sobre familias pobres en un entorno rural. La historia está basada en la novela autobiográfica de J.D. Vance y por ello el guion también asume su punto de vista. El mayor problema que le encuentro es la estructura. El continuo trasvase narrativo entre las distintas líneas temporales resulta demasiado errático. Más que enriquecerse y retroalimentarse entre sí las distintas subtramas, solo se consigue embarrar y entrecortar una acción que nunca fluye de manera libre.

Gente de pueblo

Hillbilly, una elegía rural nos habla de una familia de «paletos» de la América Profunda, se podría decir que el título hace referencia a eso. Es un vocablo utilizado de manera despectiva por las élites de la ciudad, la misma gente con la que el chico protagonista empieza a relacionarse durante su estancia en Yale. La película pretende ser un reflejo de la gente humilde que vive en algunas de las zonas más desfavorecidas de los Estados Unidos. Siempre han existido, aunque ahora podrían ser el resultado de la globalización industrial de las grandes ciudades. Analfabetismo, familias desestructuradas, miseria económica, atisbos de violencia incontrolada, problemas laborales o de drogodependencia… Toda una amalgama de situaciones que se afrontan desde el histrionismo más melodramático carente de cualquier sutileza.

Los intentos por conseguir un realismo sucio acaban en saco roto por culpa de una fotografía preciosista que desentona. No se encuentra tampoco la tecla para acercarse a esos personajes, con un tono que se siente ligero y carente de emoción, excepto en contadas ocasiones. El libro en que se basa el guion fue un auténtico superventas. Muchos quisieron ver una alegoría representativa del tipo de votantes que tuvo Donald Trump para vencer en las anteriores elecciones. De hecho, el propio J.D. Vance, se considera conservador y estuvo tentado para presentarse como candidato al Senado del Partido Republicano. No veo una lectura política en la película, es mucho más superficial e inofensiva que todo eso.

Duelo de actrices

Sin ser el desastre que nos habían pintado, Hillbilly, una elegía rural es un filme discreto donde principalmente destaca su reparto. Tener en un mismo plano a las actrices Amy Adams, Glenn Close y Haley Bennett es todo un lujo que bien merece el precio de una entrada de cine o la suscripción a una plataforma de televisión. Las caracterizaciones de las dos primeras están ideadas pensando en los Premios Oscar y no me extrañaría que la más veterana consiguiera una nominación por interpretar a esa peculiar abuela adicta al tabaco. La tercera es una actriz menos conocida, pero que a mi me robó el corazón desde que la vi en esa joya llamada Swallow (Carlo Mirabella-Davis, 2019), ojalá esa película se estrene algún día en España.

Hillbilly, una elegía rural cuenta la eterna historia del sueño americano. La cultura del esfuerzo para conseguir prosperar en la vida incluso cuando el entorno parece dejarte sin oportunidades. Pero también es una oda a la familia. Pese a todo, siempre estará la familia. Nuestra sangre, nuestras raíces, nuestros genes. El retrato rural que se hace en la película se nutre de todos los estereotipos posibles y llega a caer en la pura caricatura. Es un intento bienintencionado para comprender a esta familia de rednecks o basura blanca, pero sin profundizar lo suficiente en la creación de la psicología de los personajes. La consecuencia de todo ello es caer en lo telefilmero. Te gustará si buscas buenas interpretaciones, pero te dejará frío si buscas algo más.


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Hillbilly, una elegía rural

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