Crítica de ‘Madres paralelas‘: Dos películas por el precio de una

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Madres paralelas

Cada vez que un director de cine hace una gran película tengo un problema con la siguiente. Es un problema que tiene que ver con algo tan básico y humano como inconsistente llamado expectativas, algo tremendamente injusto porque nos lleva a medir con distinto rasero a una obra (película en este caso) según quien sea su creador y cómo sean sus obras precedentes. Pedro Almodóvar me ha procurado impagables momentos de emoción, diversión y reflexión a lo largo de su filmografía (alternados con algunos, pocos, de sonrojo, justo es decirlo) y, concretamente su última película, Dolor y gloria, me pareció una obra mayúscula, no sé si la mejor de su filmografía, pero sí una de las mejores. Y a continuación nos regaló un cortometraje abrumador en su grandeza a pesar de su pequeño formato titulado La voz humana. De lo precedente es fácil concluir que mis expectativas en el momento de sentarme en la butaca del cine (un cine recién reabierto, qué gran noticia) sean máximas.

Y empiezo a ver un film en el que Almodóvar pretende contarnos dos historias al mismo tiempo y en el que con lo único que me estremezco es con las soberbias interpretaciones de sus protagonistas, una Penélope Cruz inmensa, una Milena Smit muy prometedora y dos intérpretes a los que nunca agradeceré lo suficiente los excelsos momentos que me han brindado desde encima de las tablas de un teatro, Aitana Sánchez Gijón e Israel Elejalde, creo que mucho más dotados para el teatro que para el cine (lo cual no es ningún desdoro, si acaso, lo contrario) y que aquí, en Madres paralelas, están particularmente bien. De hecho, Aitana, en una secuencia en concreto, demuestra claramente que es una muy buena actriz de cine, pero exquisita en teatro.

Demasiado preámbulo, lo reconozco, para decir que Madres paralelas me ha dejado frío y con la desagradable sensación de que Almodóvar no ha logrado lo que pretendía. Me encuentro con un guion deslavazado en el que las dos historias presentadas como punto de partida, que encarnan los dos temas nucleares de la trama: la maternidad y la memoria histórica, no están lo suficientemente bien cosidas en el guion para que la película funcione como un todo uniforme vehiculizador de ideas y emociones.

En Madres paralelas nos encontramos con dos madres, una casi añosa y otra adolescente, Janis y Ana, Penélope Cruz y Milena Smit, que coinciden en el paritorio de un hospital cuando ambas están a punto de dar a luz. A partir de este fortuito encuentro, Almodóvar teje un sólido ensayo (uno más) sobre la feminidad, sobre el desdoblamiento de la naturaleza de mujer y madre y los condicionantes que cada una de las vertientes tiene en la otra, sobre las relaciones madre-hija (e hija-madre) y sobre los diferentes vínculos afectivos y sociales que pueden llegar a establecerse entre dos mujeres.

Sobre este tema central figura, a veces en segundo plano, otras tomando el protagonismo narrativo, el asunto de la recuperación de la memoria histórica en su vertiente más humana: el resarcimiento de los represaliados por la dictadura mediante la apertura de fosas comunes donde terminaron muchos fusilados de la Guerra Civil Española. Para ello se introduce el personaje de un arqueólogo experto en exhumaciones, al que da vida Israel Elejalde que, como el Guadiana, aparecerá y desaparecerá del relato a conveniencia del transcurso narrativo.

Mi problema (mío, insisto, no culpo a nadie) es que tengo la permanente sensación de que Almodóvar ha intentado contar dos películas a la vez y no ha conseguido fusionarlas en una. Los ingredientes por separado me interesan, me gustan incluso, pero no encuentro que ambas tramas estén lo suficientemente bien entretejidas en el guion y esto, lamentablemente, influye en la realización y en el montaje. Creo que se desaprovecha la carga de profundidad del dilema ético al que se ve sometido el personaje de Janis (descomunal Penélope Cruz) y la relación entre esta y su nueva amiga (Milena Smit), que admitía un mucho mayor desarrollo dramático para resultar más consistente, más creíble y más emocionante.

Finalmente, el tema de la memoria histórica queda diluido en el conjunto del melodrama y uno tiene la sensación de que termina funcionando como un parche narrativo con el que cerrar un relato que, tal como se habían desarrollado los acontecimientos, estaba abocado a un callejón sin salida.

No faltan pequeños retazos de algunas constantes del cine de Almodóvar como el tributo a las raíces rurales, el retrato de la cotidianidad de Madrid o el gusto por el detalle en el cuidado diseño de los interiores. En este sentido vale la pena apuntar la casa donde vive Janis que funciona como la perfecta mezcla entre el urbanismo chic de su profesión (fotógrafa de personalidades o, en su defecto, de artículos de moda) y la ruralidad de sus orígenes representada en la terraza, perfecta transposición urbana de los patios de las casas de pueblo.

El acabado formal de la película es, como ya es habitual en las películas de Almodóvar, impecable desde los títulos de crédito iniciales que constituyen un microgénero en sí mismos. A las excelentes interpretaciones que ya se han comentado hay que unir la delicada dirección de fotografía de José Luis Alcaine y, palabras mayores, la descomunal banda sonora de un Alberto Iglesias con el que hace ya tiempo que se me agotaron los adjetivos, los últimos los empleé hace pocas semanas en su muy emotiva partitura para Maixabel. En Madres paralelas su partitura es tan capaz de matizar las emociones afectivas de los personajes como de puntuar musicalmente un (doble) parto (de los más cercanos a la realidad filmados jamás en el cine).


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Madres paralelas

7

Puntuación

7.0/10

Un comentario en «Crítica de ‘Madres paralelas‘: Dos películas por el precio de una»

  • el 16 octubre, 2021 a las 09:59
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    Los profesionales véis cosas que a mí se me escapan, por eso me gusta leeros. A mí también me dejó frío, sólo decir que no me aburrí por que estaba muy entretenido disfrutando de la decoración de las casas, también intentando reconocer los rincones de Madrid en los que transcurre la película y recordando mi época en la que fui vecino de la hermosa Plaza de las Comendadoras e iba al café Moderno, ahora también hay uno que se llama Federal que tiene una apetecible carta, en fin, ni un rasguño en las entrañas. Gracias por aclararme otros aspectos que había pasado por alto.

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