69 SSIFF. Sección oficial. Crítica de ‘Maixabel‘: Extraordinaria e inapelable

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el 69 Festival de San Sebastián:
Maixabel

Utilizo la palabra inapelable para titular estas líneas sobre Maixabel con la plena convicción de que en este país nuestro, cainita y eternamente enfrentado, no existe nada inapelable y la extraordinaria película que ha filmado Icíar Bollaín recibirá algún que otro palo desde la diestra y la siniestra. Es el precio a pagar por la valentía de acercarse desde la ficción a un tema tan doloroso como el terrorismo de ETA con el que el cine español fue, durante muchos años, excesivamente timorato. Excepciones hay, claro está, y algo importante cambió el año pasado con la excelente serie Patria basada en la mejor aún novela de Fernando Aramburu.

Maixabel está basada en la historia real de Maixabel Lasa, la viuda de Juan Mari Jáuregui, histórico dirigente del PSE que fue asesinado por la banda terrorista ETA el 28 de julio de 2000 en Tolosa tras años de amenazas que le habían llevado a trasladarse a trabajar en Chile después de cesar como gobernador civil de Guipúzcoa. El guion, coescrito por la propia directora e Isa Campo, advierte al inicio del film que algunos hechos han sido parcialmente ficcionados y aborda los acontecimientos ocurridos desde el asesinato de Jáuregui hasta el momento en que se produce el encuentro entre su viuda e Ibon Etxezarreta, el asesino de su marido, como consecuencia de un programa de encuentros entre víctimas del terrorismo y etarras arrepentidos que, tras abandonar la banda terrorista, se habían acogido a la llamada vía Nanclares y estaban encarcelados en prisión de Nanclares de Oca (Álava).

Será fácil que las apabullantes interpretaciones de Blanca Portillo como Maixabel Lasa y Luis Tosar como Ibon Etxezarreta deslumbren tanto que pase desapercibido lo que, en mi opinión, es el mayor activo de la película: la portentosa dirección de una Icíar Bollaín que, tras más de 25 años de filmografía como directora tras su ya lejano debut con Hola, ¿estás sola? (1995), hace ya mucho tiempo que ejerce un modo de filmar tan sólido e implacable con el que no encuentro muchos referentes en la cinematografía española. En Maixabel no hay ninguna concesión, ninguna veleidad de directora, su compromiso es absoluto y permanente con dos ingredientes fundamentales para contar bien una historia: la narración y la emoción.

Una narración que huye de ponerse didáctica con el exceso de información, Bollaín evita las explicaciones innecesarias y pone al espectador en contexto mediante fragmentos de telediarios que se oyen de fondo o conversaciones tangenciales de personajes accesorios. Las secuencias y los saltos temporales se suceden uno tras otro de manera implacable, sin treguas, sin caídas de ritmo y sin redundancias ni planos innecesarios. En cuanto a la emoción, ese arma de doble filo que algunos realizadores (tramposos o torpes) confunden con el abuso de lo lacrimógeno, es conseguida por Bollaín por el camino más difícil: la génesis de la emotividad a partir de la gradual evolución de los personajes y una dosificación paulatina de la misma a lo largo del metraje. No hay recurso a la sensiblería ni a la lágrima fácil. La emoción surge de la brutal carga dramática del material de partida y de su adecuado manejo en la planificación de planos y secuencias. Ayuda, eso sí, la maravillosa partitura de Alberto Iglesias que, como hace habitualmente, consigue convertirse en un personaje más.

En cuanto al reparto ya he adelantado que Portillo y Tosar están magníficos, no cabe hablar de duelo interpretativo porque sus personajes no se ponen en contraposición salvo en momentos puntuales hasta el final de la película. La naturalidad de Blanca Portillo, su capacidad para manejar palabras y silencios y su contención hacen que parezca fácil lo más difícil que es emocionar empapando lentamente al espectador y no salpicándole con gritos y aspavientos. Luis Tosar ofrece otro tipo de interpretación muy difícil de desarrollar, la que consiste en hacer evolucionar (de manera casi radical) a un personaje desde el inicio al final del film y que la evolución no se note, que sea una rampa de leve inclinación en lugar de una escalera. La credibilidad de Tosar que ha puesto ya tantas veces de manifiesto alcanza en Maixabel una nueva cota en su carrera. Ambos están impecables pero no solos. Los trabajos de Urko Olazabal (en el papel de Luis Carrasco, otro de los terroristas implicados en el atentado de Jáuregui) y María Cerezuela como la hija de Maixabel son de los que huelen a nominación al Goya (ya veremos a qué categoría) desde que termina la película.


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