Crítica de ‘Nomadland’: La cara B de América en el siglo XXI

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Nomadland
 

A menudo me da por pensar que las películas más importantes son aquellas que bajo una apariencia pequeñita esconden grandes historias o abordan los temas más trascendentes de la humanidad desde la supuesta sencillez de vidas cotidianas. Nomadland es una de esas películas de las que si uno trata de contar brevemente el argumento se dará cuenta de que lo puede hacer en apenas medio minuto sin tener la sensación de caer en el tan temido spoiler. Parece que no pasa nada. Pero sí pasa, pasa la vida. Y pasa de una manera especial, impregnada de autenticidad, de la certeza de que te están hablando de personas de carne y hueso que sin duda un día soñaron con una vida diferente.

Los protagonistas de Nomadland, encarnados fundamentalmente en la más mayúscula interpretación de Frances McDormand en toda su carrera (y no es poco decir), son los juguetes rotos de la modernidad, de la sociedad de consumo, de la incansable voracidad de las políticas capitalistas neoliberales dirán unos o del monumental fracaso global de las políticas socialcomunistas dirán otros. Probablemente a ellos les de igual quien sea el culpable, el resultado es el mismo, son los desheredados de la tierra. De la tierra asentada. Les queda la tierra nómada, la que nunca les podrán arrebatar porque va con ellos, con las cuatro cosas con las que han aprendido a vivir y con sus furgonetas o autocaravanas donde han construido su hogar porque, como se dirá en un momento especialmente intenso, no es lo mismo no tener casa que no tener hogar.

En Nomadland se habla del desvanecimiento de esa quimera conocida como estabilidad laboral, del advenimiento del trabajo precario como modo de subsistencia, de las deficiencias del sistema de pensiones, de la pérdida (en todas las dimensiones posibles), de la soledad como situación física y como estado emocional, de las dificultades de socialización a determinadas edades, de la memoria como único recurso de supervivencia y, en definitiva, del lacerante desarraigo que conduce al nomadismo como forma de vida.

Chloé Zhao vincula su cámara a la corporeidad de Fern (Frances McDormand) con tanto apego a su rostro como a su espalda. Desde el transitar de esta mujer obstinada y orgullosa, Zhao construye una revisión de la cara B del sueño americano en el siglo XXI a través de las gentes, los lugares y el paisaje de la América (profunda) de la que, en el XX, hablaba (cantaba) Bruce Springsteen en muchas de sus canciones. Son personas reales como una mujer en el umbral de la muerte que decide emprender un viaje a sus raíces, una anciana obligada a trabajar para poder completar una pensión digna o un hombre maduro que busca subirse al último tren de un amor tardío (grata presencia del siempre creíble David Straithairn).

Con un guion de la propia Zhao basado en la obra «Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century» de la escritora Jessica Bruder, la película está construida en torno a una urdimbre de encuentros y despedidas, Nomadland atesora momentos de comunión con la naturaleza maravillosamente retratados por la dirección de fotografía de Joshua James Richards que empapa la pantalla de atardeceres tan metafóricos como delicadamente hermosos.

Nomadland, que se alzó con el León de Oro del pasado Festival de Venecia, el primero que se celebró de manera presencial desde el advenimiento del Covid-19, fue también premiada con varios Globos de Oro y es la gran favorita para alzarse con los Óscar más cotizados (película y dirección). No encuentro ninguna otra razón para que Francés McDormand no gane el Óscar a la mejor actriz que no sea que ya tiene dos. El papel es un auténtico regalo, cualquier actriz de primer nivel sacaría petróleo del personaje y desde luego McDormand lo saca, me atrevería a decir (lo hice unos párrafos más arriba) que es su mejor interpretación, muy por encima de las dos por las que tiene sus estatuillas.

Los Óscar premiarán también muy probablemente la fotografía, que cómo he dicho está muy bien aunque resulte bastante obvia, pero lo que me parece un auténtico disparate es la ausencia entre las nominadas de la preciosa banda sonora de Ludovico Einauidi en una categoría que suele regalarnos este tipo de disparates, uno más a unir al no Óscar de Morricone por La Misión o a la no nominación de Michael Nyman por El Piano. Desde entonces no había visto una injusticia semejante.

Emocionante película de Chloé Zhao, directora china asentada en Estados Unidos que tras sus coherentes tres largometrajes hasta la fecha: Songs My Brothers Taught Me (2015), The Rider (2017) y la presente Nomadland, ha sido anunciada como la directora de Eternals, lo próximo de los estudios Marvel que nos llegará, Covid mediante, en noviembre de este 2021. Miedo me da este salto del cine independiente al impersonal universo de los superhéroes. De historias de gente de carne y hueso cargadas de humanidad a seres que vuelan y ejercen inverosímiles superpoderes para ¿salvar el mundo? Lo dicho, llámenme escéptico, miedo me da.


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Nomadland

9

Puntuación

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