68 SSIFF. Perlak. Crítica de ‘ADN’: Maïwenn explora los orígenes, la identidad, la perdida y las tensiones familiares

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en el 68 SSIFF: 
ADN
 

La filmografía de la francesa Maïwenn (Maïwenn Le Besco) hace ya tiempo que nos obliga a referirnos a ella como actriz y directora pues con ADN, película que formaba parte de la sección oficial del suspendido Festival de Cannes 2020 y que ahora se presenta en la sección Perlak de San Sebastián, alcanza su quinto largometraje confirmando una consolidada trayectoria en la realización.

ADN es un largometraje de indudables tintes personales que Maïwenn coescribe junto a Mathieu Demy (hijo de Jacques Demy y Agnès Varda) en el que se vale de una historia familiar para construir, en esencia, una película de búsqueda de las raíces y de la identidad personal que literalmente sitúa en el ADN que nos determina genéticamente. Es decir, de las tres clásicas preguntas existenciales ¿quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos?, ambos guionistas deciden esforzarse en dar respuesta a la segunda de ellas.

Dejando al lado el claro protagonismo de Neige, una mujer en sus treinta y tantos, divorciada y con tres hijos, interpretada por la propia Maïwenn, el film se beneficia de la brillantez de un reparto coral dando vida a la familia protagonista, desde la gran Fanny Ardant en el papel de la madre a Marine Vacth, Florent Lacger y Henri-Noël Tabary como sus hermanos, Alain Françon en el rol de un padre emocionalmente tarado, Caroline Chaniolleau como la tía (hermana de Fanny Ardant), Dylan Robert como el alocado primo menor o un muy divertido Louis Garrel poniendo permanentemente el contrapunto cómico a cuanto sucede.

La muerte del anciano abuelo de Neige sirve como punto de partida para la presentación de personajes y para desencadenar la tormenta familiar que dará lugar al núcleo argumental de ADN. La directora filma con detalle todo ese desagradable proceso que tarde o temprano a todos nos toca vivir y que habitualmente el cine suele solventar con una elipsis, aquí no ocurre así, la cámara nos hace acompañar a la doliente familia en todos los pormenores que siguen al fallecimiento de un ser querido, desde la despedida física, el vaciado de la habitación, el reparto de sus enseres, la elección del ataúd y las decisiones sobre cómo preparar el sepelio incluyendo todos los detalles de la ceremonia. Pero no quiero llevarles a engaño, todo es mostrado con una sutil mezcla de emotividad y comicidad que alivian la carga dramática, especialmente gracias al personaje de François (Louis Garrel) que, como he anticipado, incorpora algún que otro comentario tronchante a lo largo de la película.

Maïwenn y Demy también ahondan desde su inteligente guion en las diferentes formas de vivir la pérdida y encarar el duelo, desde el apego a lo físico (esa obsesión por la materialidad de los objetos que pertenecían al difunto) hasta una distancia emocional que ralla con la indiferencia aunque sea como puro mecanismo de defensa para no sufrir.

A partir de esta pérdida, ADN desbroza todo el enmarañado conjunto de vínculos familiares y hace que afloren las peculiaridades de cada uno al tiempo que se abordan, aunque sea tangencialmente, temas como la religión, las ideas políticas o las aspiraciones vitales que se pueden tener en cada momento vital. Especialmente intensa es su tormentosa relación con su madre, llena de violencia soterrada y rencores inexplicados que nos ofrece algunas de las mejores secuencias del film con Maïwenn y Fanny Ardant particularmente brillantes.

A medida que el film avanza, el protagonismo se va desplazando progresivamente hacia Neige que sentirá la necesidad de saber de manera objetiva hasta que punto está determinada por el origen argelino de su familia y cómo ese origen aflora en su vida diaria, es decir, ese ¿de dónde venimos? al que hacía referencia unas líneas más arriba. Aunque dar respuesta a esa pregunta es una cuestión de demasiada enjundia para una película, Maïwenn plantea inteligentes líneas de argumentación que indudablemente pondrán al espectador en tesitura de hacer algo tan peligroso como pensar.


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7

Puntuación

7.0/10

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