Crítica de ‘La red Avispa’: Una buena historia mal contada

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La red Avispa
 

Me acerco a la última película del director francés Olivier Assayas con la confianza que me produce el director de películas que me han interesado mucho como Finales de agosto, principios de septiembre (1998), Las horas del verano (2008), Después de mayo (2012), Viaje a Sils Maria (2014) o la más reciente Dobles vidas (2018) pero con el recelo de saber que tras su fría acogida en el pasado Festival de Venecia, Assayas volvió a la sala de montaje para rehacer una película que él mismo catalogó como “demasiado confusa”.

Lejos de sus últimas películas de patrón y corte marcadamente francés y temáticas intelectuales y artísticas, La red Avispa es una coproducción internacional con participación francesa, belga, española y brasileña y con un reparto también muy cosmopolita en el que si de algún país se echan de menos intérpretes es precisamente de Francia. Parece evidente la intención del director de hacer una película más “entretenida” en la que la acción esté, como mínimo, a la altura de las conversaciones pero también parece claro su esforzado empeño por huir del encasillamiento en el cine de género (de espionaje) y a lo largo del metraje se mezclan subtramas dramáticas con algunos momentos cómicos y cierto aire documental que termina por convertir al film en un ente complejo, inclasificable y no demasiado fácil de digerir a pesar de que se nos ofrece la versión más esclarecedora. No quiero ni pensar como sería el montaje que se proyectó en Venecia.  

Basada en hechos reales e inspirada en el libro “Los últimos soldados de la guerra fría” del escritor brasileño Fernando Morais, La red Avispa nos adentra en la Cuba castrista de finales de los 80, principios de los 90, cuando una serie de pilotos cubanos desertan a EEUU vía Miami bajo el aparente desencanto con la vida en la isla caribeña. Una vez allí coquetean con la organización Hermanos al Rescate liderada por José Basulto (Leonardo Sbaraglia), una organización humanitaria para rescatar balseros si uno atiende a la opinión occidental o una organización terrorista si se atiende a la versión oficial del gobierno cubano.

Con decisiones un tanto arbitrarias desde el punto de vista de la construcción narrativa, Assayas salta de las historias personales de sus protagonistas a la historia global de la trama de espionaje y contraespionaje que se supone que quiere contarnos. Es así como nos adentra en la vida de René González (Edgar Ramírez), el primero de los pilotos en desertar y su mujer Olga interpretada por una excepcional Penélope Cruz. El relato se desplaza posteriormente al personaje de Juan Pablo Roque (Walter Moura) y su matrimonio con Ana Margarita Martínez (Ana de Armas) y finalmente nos cuenta la llegada del cabecilla Manuel Viramontez al que da vida Gael García Bernal. Entre medias tenemos secuencias de rescate en el mar, persecuciones aéreas, atentados terroristas e imágenes de archivo que incluyen a Bill Clinton o al propio Fidel Castro.

Si uno consigue sustraerse del caos narrativo y se implica en la vida personal de algunos personajes, fundamentalmente del matrimonio que interpretan Edgar Ramírez y Penélope Cruz, la película resulta entretenida como buena película de espías que, en esencia, es. Sin embargo, lo más notable es su espectacular reparto con unas brillantes interpretaciones de Ramírez, Moura, García Bernal, Ana de Armas y Sbaraglia y un extraordinario recital interpretativo (y ya van muchos a lo largo de su carrera como para que todavía haya ciegos que la sigan cuestionando) de Penélope Cruz. Y no, no es únicamente porque consiga pronunciar un perfecto acento cubano, es porque con cada palabra, cada inflexión de la voz, cada gesto y cada movimiento corporal consigue encarnar a una mujer cubana sin perder un ápice de la carga dramática del personaje más potente del film, el que más asume el coste personal del precio a pagar por el ideario patriótico que asumen los demás.

Tengo entendido que la película no ha gustado a los exiliados cubanos en Miami y es cierto que La red Avispa hurta parte de la historia al ignorar su versión de los hechos pero, aún así, no me parece en absoluto una película panfletaria ni con un marcado cariz sectario. A lo largo de la película se habla tanto de la miseria y falta de libertades que sufre el pueblo cubano como de las tropelías estadounidenses en materia de política internacional. Entrar en más disquisiciones exigiría un análisis político que ni estoy preparado para hacer ni puñeteras ganas tengo de ello. Prefiero ceñirme a lo cinematográfico concluyendo que La red Avispa es una buena historia mal contada que se salva por el excepcional trabajo de su reparto.


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5

Puntuación

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