Crítica de ‘El rey de los belgas’: Una road movie real y absurda a partes iguales

Las críticas de David Pérez “Davicine”: El rey de los belgas

El falso documental ha sufrido recientemente un resurgimiento con comedias como Qué hacemos en las sombras y  Popstar, y El rey de los belgas continúa esta tendencia con mucho acierto, inspirándose en los acontecimientos vividos con la erupción del volcán Eyjafjallajökull en 2010.

Mientras el rey de los belgas se encuentra en Estambul realizando una visita de Estado, se produce la fractura de su país. Su regreso no admite dilación si quiere salvar su reino, pero una tormenta solar provoca el cierre del espacio aéreo y la interrupción de las comunicaciones. No hay aviones ni teléfonos. Con la ayuda de un director de cine británico y de un grupo de cantantes búlgaros de música tradicional, el rey y su séquito consiguen cruzar la frontera de incógnito. Así comienza una odisea a través de los Balcanes durante la cual el rey descubrirá el mundo real… Y también se descubrirá a sí mismo.

Peter Brosens y Jessica Woodworth cambian totalmente de género con El rey de los belgas después de su trilogía sobre la relación del hombre con la naturaleza y su entorno, que comenzó en 2006 con Khadak, siguió en 2008 con Altiplano y concluyó en 2012 con La quinta estación. A pesar del salto radical de tragedia a comedia, se mantiene un punto común con sus últimas películas: lo absurdo; y es que sólo leyendo la trama sabemos que roza la parodia, pero llevada con estilo y sin buscar excentricidades, se convierte en una road movie con el rey de Bélgica al frente de una peculiar aventura entre fronteras.

Con un tono ligero, nos introduce escenas de lo más rocambolescas en las que las risas están aseguradas, mezclando personajes de la realeza con la población local que se encuentran en su periplo, ya sea un grupo de folklore búlgaro o un francotirador serbio. Y dentro de la ligereza de El rey de los belgas es de agradecer que no se convierta en una película demasiado política, lo que hace de ella que sea más accesible para cualquier espectador, sin necesidad de conocer demasiado los entresijos de las dos partes en las que se “separa” Bélgica para comprender la preocupación del rey frente la división de su país.

Peter Van den Begin se mete de lleno en la piel de un rey, tratado casi como una marioneta, que descubre en este viaje sus verdaderas inquietudes y puede ser él mismo, mostrándose a los demás como una persona normal liberada de las presiones del protocolo. El contraste con su personaje llega de la mano de Lucie Debay como la metódica responsable del gabinete de prensa real, y Bruno Georis como su esnob Jefe de Protocolo Ludovic Moreau.

Todos estos personajes interactúan maravillosamente unos con otros, compartiendo una química que genera el tono perfecto para una comedia, pero además están dotados de personalidades tan bien definidas y profundas que son difíciles de olvidar. El guión y la definición de sus personajes son tan importantes como la improvisación a la que se vieron sometidos durante el rodaje, lo que incrementa el realismo de las escenas y la naturalidad de sus interpretaciones.

La fotografía juega un papel importante a la hora de ubicarnos en los distintos países por los que pasan en su intento de regresar a Bélgica, pero cada país tiene a su vez una escena memorable, o cuanto menos pintoresca, para que lo recordemos. Los protagonistas responsables de este estudio antropológico visitan un festival del yogur con un llamativo alcalde (siendo interpretado realmente por el alcalde de ese pueblo), pasan una noche de borrachera con un ex francotirador Serbio, o cruzan fronteras de formas poco ortodóxas, incluyendo una escena a lo Jack Lemmon en Con faldas y a loco y toques de Vacaciones en Roma aunque cambiando la Vespa de Gregory Peck por una ambulancia.

El rey de los belgas es un cocktail perfectamente agitado en el que se mezcla una road movie repleta de humor, con grandes personajes y una originalidad en su guión que hará que queramos repetir con el aliciente de no dejarnos resaca en esta era post Brexit.

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