viernes, enero 23, 2026

Crítica de ‘La leyenda de Ochi’: Un mundo cálido con magia

Las críticas de Laura Zurita:
La leyenda de Ochi

En una aldea remota de la isla de Carpatia, Yuri, una tímida campesina, es criada con el miedo a una especie animal esquiva llamada ochi. Pero cuando Yuri descubre que han abandonado a un bebé ochi herido, emprende una misión para traerlo a casa.

La leyenda de Ochi está escrita y dirigida por Isaiah Saxon y está protagonizada por Helena Zengel, Willem Dafoe, Emily Watson y Finn Wolfhard. La película se estrena el 23 de enero de 2026 en España de la mano de A Contracorriente Films.

De la ira antigua a la curiosidad

La leyenda de Ochi se construye sobre un mundo prácticamente idéntico al nuestro, donde la vida cotidiana convive con una dimensión mágica que permea la vida diaria. No se trata de un universo fantástico grandilocuente, sino de una realidad apenas desplazada, donde los bosques esconden criaturas ancestrales y donde el miedo colectivo ha aprendido a convivir con lo desconocido.

La historia sigue a Yuri (Helena Zengel), una adolescente que vive con su padre Maxim (Willem Dafoe), un hombre marcado por una ira antigua y crónica, obsesionado por los Ochis, criaturas peludas, supuestamente violentas, a quienes culpa de la desaparición de su esposa. Maxim ha convertido su duelo en cruzada personal, entrenando a jóvenes del pueblo para exterminar a estos seres, perpetuando así una guerra heredada.

Yuri ha aprendido a vivir con este relato de odio transmitido como dogma familiar. Su curiosidad por el mundo y su incomodidad ante la versión oficial se acentúan cuando encuentra un ochi vivo, acto que puede conllevar una ruptura con los relatos impuestos por los adultos.

Este viernes llega a los cines 'La leyenda de Ochi'

Cine fantástico con subtexto ecológico

El subtexto ecológico impregna la película de manera explícita, aunque no siempre sutil. Los ochis funcionan como representación directa de la naturaleza amenazada: criaturas del bosque que sobreviven al margen del progreso humano y cuya eliminación simboliza el avance destructivo de la civilización. La leyenda de Ochi no esconde esta intención. La película se inscribe en la tradición de la fábula ecológica contemporánea, heredera tanto del cine fantástico clásico como del discurso ambiental actual. A veces este mensaje se formula con una claridad casi pedagógica. Podemos echar de menos una cierta profundidad y ambigüedad simbólica a determinadas escenas, pero la claridad del mensaje refuerza su vocación de relato iniciático dirigido a públicos jóvenes.

El público natural de La leyenda de Ochi se sitúa en ese territorio intermedio entre la infancia y la adolescencia: una edad en la que ya se comprende la complejidad emocional del mundo adulto, pero donde la magia sigue funcionando como lenguaje emocional privilegiado.

El diseño sonoro y la música de la película refuerzan su dimensión sensorial. Los sonidos del bosque están cuidadosamente definidos y resultan profundamente sugerentes, contribuyendo de forma decisiva a la creación del universo narrativo. La banda sonora trabaja con efectos atmosféricos que persiguen subrayar emociones más que crear urgencias.

Es cierto que La leyenda de Ochi tiene ciertas tensiones narrativas. Algunos conflictos se resuelven con precipitación y determinadas transiciones narrativas carecen del rigor que sí muestra la construcción del mundo. La arquitectura visual y atmosférica resulta más sólida que el desarrollo de la acción dramática.

Película cálida

La leyenda de Ochi se sitúa claramente en el territorio del cine fantástico, pero lo hace sin recurrir a la espectacularidad ni a la sobreexplicación narrativa. El mundo mágico simplemente existe, y basta. No hay voluntad de justificarlo todo, sino de aceptarlo como parte natural del relato.

El hogar paterno aparece como un espacio seguro pero también cerrado. El exterior, por el contrario, abre el campo visual y narrativo. La fotografía describe el mundo natural como atrayente, el paisaje es bello, pero también inquietante. Yuri lleva consigo una explosión de color, y a través de su mirada observamos cómo los tonos cromáticos comienzan a definir la existencia de los seres verdaderamente vivos, especialmente los Ochis y aquellos personajes que se aproximan emocionalmente a ellos. De esta forma, a medida que Yuri se emancipa del control paterno, el mundo de La leyenda de Ochi se vuelve más libre, más colorido, incluso más hermoso, acompañando visualmente el proceso interior de la protagonista.

Helena Zengel construye su personaje de una forma contenida y llena de naturalidad. Su físico, muy particular, transmite al mismo tiempo fragilidad y madurez, dos rasgos centrales para el relato. Willem Dafoe, por su parte, aparece retratado casi como una figura escultórica: rígido, frontal, reducido a una presencia simbólica sobre la violencia transmitida como herencia. El guion no le concede demasiado margen, a pesar del probado rango interpretativo del actor.

En resumen, La leyenda de Ochi es una película cálida que invita a recordar que el cine todavía puede construir mundos propios y devolvernos, aunque sea por un instante, la experiencia de la maravilla.


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La leyenda de Ochi

6.3

Puntuación

6.3/10

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