viernes, marzo 6, 2026

Crítica de ‘¡La novia!’: Romance en un universo descoyuntado

Las críticas de Laura Zurita:
¡La novia!

Un “Frank” solitario (Christian Bale) viaja al Chicago de 1930 para pedir a la Dra. Euphronious, una científica innovadora (la cinco veces nominada al Oscar Annette Bening), que cree una compañera para él. Los dos reaniman a una joven asesinada y nace La novia (Jessie Buckley). Lo que desencadena va más allá de lo que cualquiera de ellos hubiera imaginado: ¡Asesinato! ¡Posesión! ¡Un movimiento cultural salvaje y radical! ¡Y amantes proscritos en un romance desenfrenado y combustible!

¡La novia! está escrita y dirigida por Maggie Gyllenhaal, basándose en ideas de la novela «Frankestein» de Mary Shelley. En su reparto vemos a Jessie Buckley, Christian Bale, Jake Gyllenhaal, Annette Bening, John Magaro, Penélope Cruz, Peter Sarsgaard, Julianne Hough, Jeannie Berlin y Louis Cancelmi. La película se estrena en España el 6 de marzo de 2026, distribuida por Warner Bros. Pictures España.

Crítica de '¡La novia!': Romance en un universo descoyuntado

Poderosa y ambivalente

Al terminar de ver ¡La novia! me quedé pensando en la película durante algún tiempo, intentando ordenar las sensaciones que me había dejado. No es una obra que se deje reducir fácilmente a una impresión inmediata: más bien parece diseñada para provocar una reacción poderosa, aunque ambivalente.

¡La novia! tiene rasgos de auténtica genialidad y momentos de verdadera maravilla. La película se nos presenta de forma alucinante. Mary Shelley nos saluda desde ultratumba y expresa su deseo de volver a manifestarse. Se nos recuerda que murió de cáncer cerebral, un detalle que introduce desde el inicio una dimensión corporal y mortal que dialoga con el propio tema de la creación artificial de vida. De esta forma el tema de Frankestein y de su creadora va a sobrevolar la película y asomar de forma creativa durante toda ella.

Para volver al mundo de los vivos, Mary se sirve del cuerpo de Ida, que en ese momento se encuentra en una reunión animada. Tras la posesión, el cuerpo de Ida se convierte en un espacio de transformación continua: pasa de ser una joven de Chicago a encarnar la presencia convulsa y antigua de la autora. Cambian la postura, la manera de moverse, la voz, el acento. Todo esto ocurre antes incluso de los créditos iniciales de ¡La novia!. Es un comienzo dramático, fantástico y ligeramente desquiciado, que establece de inmediato que estamos en un mundo donde la lógica realista ha sido sustituida por una otra, imaginativa y casi febril.

Poco después aparece un personaje que se presenta como Frankenstein, usando «el apellido de su padre». Se trata del monstruo que conocemos de la novela de Shelley, que ha vagado por el mundo desde que la narración original lo dejó abandonado a su destino. Creado sin nombre, ha decidido otorgarse uno, en un gesto que funciona como declaración de identidad, igual que más tarde el nombre de su novia será un inicio de su toma de conciencia. La petición de «Frankestein» reproduce la que ya formulaba en la novela: desea una compañera que alivie su soledad.

Ahí es donde su historia se cruza con la de Ida, y ambos emprenden juntos un viaje que, como ocurre a menudo en el cine, funciona también como un proceso de transformación y aprendizaje. ¡La novia! convierte ese desplazamiento físico en un recorrido sobre el descubrimiento de la identidad, del deseo y de la posibilidad de existir al margen de las normas que han definido a sus creadores.

Crítica de '¡La novia!': Romance en un universo descoyuntado

Fuerza visual indiscutible

La fuerza visual de ¡La novia! es indiscutible y constante. La puesta en escena se construye a partir de una acumulación deliberada de estilos, referencias y tonos. Hay ecos del cine clásico de monstruos, del melodrama romántico, del cine criminal de los años treinta y de ciertas fantasías musicales que aparecen de forma inesperada. El resultado es un universo estético exuberante, con planos que combinan estética y fuerza expresivo, moviéndose entre lo perfecto y lo excesivo.

Ese exceso forma parte del atractivo de la película, pero también explica por qué su recepción ha sido tan desigual. ¡La novia! cita y se inspira, con una cinefilia inagotable, en fuentes muy diversas. En ocasiones esa mezcla produce momentos de gran energía y originalidad; en otras, da la impresión de que las ideas se acumulan sin terminar de integrarse del todo en una estructura coherente.

En el centro de ese torbellino está el trabajo de los actores.  Ida (Jessie Buckley) no sabe quién es, y su recorrido consiste precisamente en descubrirlo mientras otros intentan definirla. Su identidad se construye entre la expectativa ajena y la irrupción de esa presencia interior que la posee intermitentemente. Buckley interpreta esa inestabilidad con una intensidad extraordinaria: combina desconcierto, resistencia y curiosidad, y cuando el personaje es poseído, toda ella se transforma por completo convirtiéndose en un territorio salvaje. El resultado es una interpretación magnética que sostiene buena parte de la película.

Christian Bale (Frank), por su parte, interpreta desde dentro a un personaje profundamente consciente de su condición monstruosa. Sabe que su cuerpo es irregular, que su existencia provoca miedo y ha aprendido a vivir con ese rechazo. Sin embargo, el viaje junto a Ida lo obliga a redefinir su lugar en el mundo. El actor lo interpreta primero como una criatura retraída y marcada por la vergüenza, para después dejar que emerja una figura más firme, adulta, capaz de defender aquello que ha descubierto.

Crítica de '¡La novia!': Romance en un universo descoyuntadoAudacia y desorden

La dirección de arte, maquillaje y vestuario contribuyen de manera decisiva a construir el universo desencajado de ¡La novia!. Desde el laboratorio de la doctora Euphronious hasta los distintos refugios por los que pasa la pareja, los espacios parecen pertenecer a un mundo paralelo, una especie de Chicago imaginario donde conviven el pasado y la fantasía. Algunas escenas nos trasladan incluso a lugares improbables, como un club nocturno que mezcla elementos de distintas épocas y que funciona más como una visión onírica que como un espacio realista.

Es estimulante con qué naturalidad y gracia las distintas citas se integran en ¡La novia!. La protagonista se llama Ida, otro personaje se llama Lupino, evocando a Ida Lupino, una de las directoras más singulares del Hollywood clásico. También aparecen ecos del imaginario de Bonnie y Clyde (Arthur Penn, 1967) en la forma en que la pareja protagonista atraviesa el mundo como dos figuras marginales que desafían las normas sociales. Destacan asimismo guiños más sutiles a Crash (Paul Haggis, 2004) y Joker (Todd Phillips, 2019) y los grandes clásicos musicales del blanco y negro.

En ese contexto aparece también una escena musical completamente inesperada e hipnótica. Surge sin explicación narrativa clara y desaparece del mismo modo, como si perteneciera a otra película. Sin embargo, su carácter abrupto no se percibe tanto como un error sino como una manifestación más del impulso imaginativo que atraviesa toda la obra.

Con todo, ¡La novia! no es perfecta. En su ambición por abarcar tantas ideas, algunos elementos quedan poco desarrollados, como una revolución femenina y feminista apenas apuntada o la trama de detectives que se introduce en cierto momento y parece añadida de forma algo arbitraria al conjunto (nos muestra, por cierto, a una Penélope Cruz que ha mejorado su inglés de forma notable). Del mismo modo, ciertas escenas quedan suspendidas sin una resolución clara, como si la narración estuviera más interesada en abrir posibilidades que en cerrarlas.

Esta mezcla de audacia y desorden es probablemente lo que explica que la película divida tanto a la crítica y al público. Su propuesta estética es arriesgada y desmesurada: a veces fascinante, a veces caótica. Hay momentos en los que parece una explosión de imaginación difícil de apartar de la mirada, y otros en los que la acumulación de ideas genera una sensación de saturación.

Aun así, hay algo profundamente estimulante en una obra que se atreve a ser tan ambiciosa y tan irregular al mismo tiempo. Yo, por mi parte, me he dejado conquistar y recomiendo ver esta obra única en salas de  cine, para disfrutarla a fondo.


¿Qué te ha parecido la película ¡La novia!

¡La novia!

7.4

Puntuación

7.4/10

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