Las críticas de Laura Zurita:
La virgen de la Tosquera
Natalia, Mariela y Josefina son tres inseparables amigas que viven en las afueras de Buenos Aires y están locamente enamoradas de Diego, su amigo de la infancia. En un verano caluroso de 2001, tras el estallido de violencia que terminó en una profunda crisis económica y social, aparece Silvia, más mayor y más mundana, que cautiva a Diego. Natalia, decidida a reconquistar a Diego, pide ayuda a su abuela, Rita, que la adentrará en el reino de los hechizos y la magia negra.
La virgen de la Tosquera está dirigida por Laura Casabé y escrita por Benjamín Naishtat, a partir de los cuentos «El carrito» y «La virgen de la Tosquera» de Mariana Enríquez. Está protagonizada por Dolores Oliverio, Luisa Merelas, Fernanda Echevarría, Agustín Sosa, Isabel Bracamonte, Candela Flores y Dady Brieva. La película se estrena el 23 de enero de 2026 en España de la mano de Filmax.

Adolescencia y crisis social
La virgen de la Tosquera está basada en dos relatos de Mariana Enríquez y se nota. La película articula dos grandes ejes, lo íntimo y lo social, lo fantástico y lo cotidiano, para construir, por un lado, el retrato de una Argentina en descomposición y, por otro, un relato de iniciación hacia la adultez. Esta combinación resulta especialmente visible en el arranque del metraje, y la propuesta va ganando densidad conforme se adentra en su propio universo, imponiendo una elegancia formal y una atmósfera que terminan elevándola por encima de la simple suma de sus partes.
La historia central sigue a Natalia (Dolores Oliverio) y a sus amigas Mariela y Josefina durante un verano abrasador en Buenos Aires, marcado por el colapso económico y una violencia latente que impregna cada espacio. Todas están enamoradas de Diego, su amigo de toda la vida, hasta que la irrupción de Silvia, una figura fascinante y perturbadora que altera el equilibrio emocional del grupo y desestabiliza las lealtades adolescentes.
En su planteamiento inicial, La virgen de la Tosquera se presenta como un relato relativamente convencional sobre la transición hacia la edad adulta, embargado de deseo, confusión emocional e inseguridad. Sin embargo, de manera progresiva se introducen elementos rituales y referencias a prácticas de magia oscura que transforman el tono del relato. Sobre este sustrato sobrevuela la dimensión social: el retrato de una sociedad en caída libre, condensada en la metonimia de un barrio donde la ley y el orden parecen haber desaparecido, y donde la vida cotidiana está llena de miedo, precariedad y desolación.
Lo fantástico como espejo deformado
Esta articulación de hilos narrativos responde directamente a la adaptación literaria de los relatos de Enríquez, donde lo fantástico funciona como un espejo deformado de la realidad social.
La virgen de la Tosquera explora con acierto cómo el miedo, la precariedad estructural y el colapso de un país se filtran en la experiencia cotidiana de los más jóvenes. Los apagones, la violencia barrial, el desamparo institucional y el temor constante a la caída social dominan y se reflejan en la mentalidad de las jóvenes.
No obstante, esta dimensión social va perdiendo presencia conforme avanza la película. Algunos conflictos quedan reducidos a sugerencias o apuntes episódicos, mientras lo fantástico y lo inquietante ganan terreno. Esta deriva provoca un quiebre del ritmo, alternando momentos de gran intensidad con pausas narrativas que no siempre consiguen integrar ambos registros con la fluidez deseable.
El elenco de La virgen de la Tosquera sostiene con convicción este universo de personajes de clase media que se aferran con uñas y dientes a su identidad pasada para no precipitarse en el abismo de la pobreza. Dolores Oliverio es el centro emocional del relato, componiendo un personaje difícil, poco complaciente, egoísta y feroz, cuya aspereza resulta coherente con el tono general de la obra. El resto del reparto acompaña con sobriedad, aunque en algunos pasajes resulta difícil comprender la lógica emocional de su sumisión o dependencia respecto a la protagonista.

Incómoda y desconcertante
Desde el punto de vista visual, la película destaca por una fotografía de luz implacable, que ilumina sin concesiones la brutalidad, el deseo y, cuando aparece, la belleza austera de la naturaleza, especialmente en aquellos momentos en los que el espacio se impone sobre la presencia humana.
La virgen de la Tosquera no es una obra cómoda ni redonda. Su mezcla de realismo social, dolor adolescente y elementos sobrenaturales puede resultar desconcertante e incluso insatisfactoria en determinados tramos, pero su intensidad crece de manera sostenida hasta desembocar en un cierre tan doloroso como potente, tan inesperado como coherente. Estamos ante una propuesta irregular pero valiente, que confirma a Laura Casabé como una voz singular dentro del cine argentino contemporáneo y que deja la impresión de estar ante una obra pulsante, incómoda y prometedora.
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