Crítica de ‘Un amigo para Frank’: ¡Tiembla, Cortocircuito!

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Un amigo para Frank

Las mejores películas son aquellas que con la historia más sencilla se te enganchan al corazón. Si a un guión tierno e ingenioso le sumas un elenco de actores de primera, el resultado posiblemente será una pequeña joya.

Frank es un hombre que envejece en un mundo que idolatra la novedad. En un futuro que se ha convertido en presente, él vive anclado en el pasado con una mente que degenera rápidamente por culpa del Alzheimer. Al septuagenario Frank sólo le queda su pasión por los libros, y los restos de una vida dedicada al robo. Pero ese presente futurista le ofrecerá una mano amiga para volver a sentirse un hábil ladrón de joyas; un servicial robot mayordomo. 
Columpiándose entre la ciencia ficción, la comedia y el drama, el director Jack Schreier trata, en su primer largometraje, un tema tan amargo como la vejez y el Alzheimer. Con un guión brillante a cargo de Christopher D. Ford (guionista de la serie Atom), Un amigo para Frank ha sido injustamente olvidada en los últimos premios Oscar, si bien la crítica, el premio del público en el Festival de Sitges y el Alfred P Sloan en el Festival de Sundance, la avalan para convertirse en una obra maestra.

Acompañado por Susan Sarandon (Thelma & Louise, Pena de muerte), Liv Tyler (Armageddon, El increible Hulk) y James Marsden(X-Men, Hairspray), el nominado al Oscar por El Desafío, Frank Languella, ofrece una magistral interpretación en el papel del protagonista. Su Frank, de mirada desconcertada, humor huraño y modales que hace tiempo que dejaron de importarle, mantiene al espectador con una sonrisa permanente, pero también con una lagrimilla temblorosa que no se decide a caer. Dando voz al robot está Peter Skargaard (Boys Don’t Cry, Algo en común), un habitual del cine independiente norteamericano, que consigue que la criada de Los Supersónicos nos parezca simplemente una latas con ruedas. 

El robot, sin nombre, se convierte en una Galatea que como en el mito clásico, se transforma en lo que su creador (aquí dueño) sueña, un ladrón, sin llegar, eso sí, a abandonar su estatus de mayordomo y enfermero.  
No os confundáis esto no tiene nada que ver con El hombre bicentenario. Esta historia no busca la lágrima fácil, no humaniza a la máquina, nosotros lo hacemos, porque el Robot es encantador, como lo es toda la película.

Recomendada para toda aquel que le guste el buen cine. Absténganse fans del Diario de Noa, aquí no hay tio bueno ni beso bajo la lluvia. 

Besos de cine…

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