‘Un plan perfecto’: Una película no tan perfecta

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Un plan perfecto
Creo que uno de los méritos más grandes que puede alcanzar un artista es conseguir un sello personal, un modo de hacer las cosas que enseguida indique que él es el creador, sin necesidad siquiera de firmas. Eso es algo que los hermanos Ethan y Joel Coen consiguieron hace tiempo, sus retratos de la sociedad rural americana, sin importar norte o sur, les pertenecen sólo a ellos. Y no es que se partan el lomo buscando argumentos, al final todos se desarrollan del mismo modo. Un plan aparentemente sencillo que se va complicando hasta el absurdo, ya sea robar unos bebé como en Arizona Baby, robar la caja de un casino, como en Lady Killers, o terminar con la mujer de uno como en Fargo. Al final todos siguen el mismo esquema y el resultado es casi siempre brillante. 

Un plan perfecto es un remake de la película que en los 60 protagonizaron Michael Caine y Shirley McLaine, Gámbito. El argumento gira de nuevo en torno a un plan; un timo al prepotente y pomposo jefe del protagonista.

En esta ocasión los hermanos Cohen se limitan a rescribir el guión y le dejan la batuta de director a Michael Hoffman, que ha dirigido películas como La última estación o El sueño de una noche de verano.

Así que se apagan las luces de la sala y esperas pasar un buen rato con esos personajes caricaturescos que tan bien se les da crear, pero tal vez por el encorsetamiento que supone el tener una versión anterior como base, o quizá porque al transcurrir gran parte de la película en Londres, los hermanos de Minnesota fallan a la hora de estampar su sello. 
La película es divertida, eso no se puede negar, pero uno espera ver algo más parecido a Fargo que a Crueldad intolerable, ese proyecto pasable de Joel en el que lo que más destacable era la química entre los bellos George Clooney y Catherine Zeta Jones.

Aquí el trío de ases que protagonizan la cinta, Colin Firth, Alan Rickman y Cameron Diaz, están brillantes, especialmente la última, que en versión original clava un graciosísimo acento tejano. Díaz tuvo que luchar por el papel que rozaron las actrices Sandra Bullock y Jennifer Aniston. En cuanto a los dos caballeros ingleses no añadiré más que mis suspiros, pues no creo que se tenga que decir mucho sobre la facilidad en que el uno y el otro logran imbuir credibilidad a sus personajes. No merece ni mención el pequeño papel de Stanley Tucci, que aunque nos tiene acostumbrados a interpretaciones muy pulidas, aquí roza el ridículo.

Así que, por desgracia, el buen hacer de los protagonistas no redondean una película que, aunque tiene un par de puntos muy divertidos, está condenada a quedar entre lo peorcito de la filmografía de los Coen
Si merece la pena mencionar los créditos del comienzo, con una animación muy estilo Pantera Rosa que promete de la película algo mejor de lo que después resulta ser. 
Pero no desesperemos, porque los hermanitos tienen Inside Llewyn Davis esperándonos para dentro de unos meses, y esta, amiguitos, tiene pinta de que nos los devuelve a la América profunda de la que no debieron salir.

Besos de cine…

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